miércoles, 24 de mayo de 2017

SOL DE MAYO (7) (A)

Aprovechó el sol de mayo mi madre,
y una violeta me envió entre sus rayos. 

SOL DE MAYO (7) (A)

¿Qué fuera de mí sin el sol de mayo
Fortuna que asoma a mi ventana
Sin más tropiezo que el árbol en la esquina
En donde se cuecen mis esperanzas?

¿Y qué del lirio blanco con estigmas dorados
Providencia del colibrí que guarda su tesoro
Y de la hormiga que andariega pasa
Buscando aquí o allá un poco de alegrías
Que se siembran en vasos de oro?

¿Qué fuera del ave sin el gajo
Y del cóndor sin sus largas plumas?
Todo es fortuna si un día más viene
Colado entre las verdes ramas.

Más entre los glaucos llanos
La ortiga se crece y la hiedra se expande…
¿Qué fuera de mí sin tus manos blancas
Y la luz que me prodigas cada instante?


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 24 05 17



martes, 23 de mayo de 2017

ROSARIO DE LAS TRES (8) (A)

ROSARIO DE LAS TRES (8) (A)

Llevo una cuenta en mis dedos, 
con tus arrugas de tierra,
y un rosario de perlas,
que brillan en tus pestañas.

Tengo presente un olivo
viviendo en tus ojos verdes
y una fronda perfumada
en tus brazos de doncella.

Y para mañana un verso
con tinta de tu sangre
un pañuelo con tu nombre
bordado en hilos de plata.

Tengo presente a una madre
entre el pecho y la cruz de mis brazos
que cuando el sol se oculta
asoma en forma de luna
con orillos de granate.

Raquel Rueda Bohórquez 
23 05 17

CIERTO DÍA (9) (R)

La imagen somos los dos, con el único vestido de la hipocresía puesto sobre mi carne. ¡Cuánta falsedad, para saber, que te amé de verdad!


CIERTO DÍA (9) (R)

Cierto día me bajé los calzones,
Dejé mis penas al aire y me puse a cantar.

Ambrosía fue tu boca en la mía,
Y al estallar de tu hombría
Vi las nubes coquetas pasar.

Cierto día, cuando todo era claro,
Un madrigal sonaba a funeral,
Mis harapos remendados alcancé
Y para llevar a Dios tales miserias
Desnuda me quedé.

Cierto día en que todo era gloria,
Tus ojos fueron la nube que más me atizó
Porque entre tanto calor y sed de amor,
Al menos tus brazos hicieron fuego
Y lo apagaron luego en mi corazón.

Cierto día que fue ayer,
Entre tanta fiesta y ruido
Sólo burbujas al cielo escaparon
Que explotaron con el beso del aire
Que veloz pasaba sin dejarse ver.

Lenguas de fuego ahora son cenizas
Que entre los recuerdos esparzo
Para que el tiempo no borre
Que fui testigo fiel
De un amor que jamás fue.

Raquel Rueda Bohórquez
23 05 17








EL TÍO (10)

EL TÍO (10)

Cada tanto voy por ahí, en la puerta blanca en donde la luz del sol se cuela cada mañana, veo un rostro encendido con ojos pequeños, tan azules, que pareciera que el cielo los habitara.

El viejo, ¡pobre viejo!, sus piernas son tambores rojos, en donde se empeña la tirria de una enfermedad vieja e incurable, y no puedo menos que pasar con un nudo, una pesada roca en la garganta que me impide gritar su nombre.

A este viejo que tantas veces abrazamos, sus visitas constantes; los afectos con mis padres, y esas palabras entrecortadas: "en mi vida solo tuve dos amigos": tus padres, ellos realmente lo fueron, ahora casi nadie me visita, no sé qué ha sido de toda mi labor, y se levanta, lleva el peso de los años y el estómago grande, más grande que su henchido corazón, y mira una y otra vez hacia un horizonte que lo aguarda, con plumas blancas y nubes mensajeras.

El olvido se ha pegado de su camisa, antes perfumada, la indiferencia ronda y camina a versos cortos, como si la vida le hubiese robado el derecho a ser feliz con un poema completo.

Se aferra de mi mano y dice: ¡Ah ya sé quién es!, ¡la de los perros!, -grita, y en medio de sus gritos una mueca de dolor se ajusta a su pesada carga. ¡Dios mío!, ¡Dios mío!, esta enfermedad es terrible, no le deseo a nadie este dolor, ¿qué será de mí después de ahora?, y la respuesta lo dejó en el más blanco silencio: Todo estará bien después, el dolor habrá pasado y las mariposas estarán en la quebrada esperando tu regreso.

¡Sí!, lo creo, pronto ya no estaré por aquí, pero pienso: ¿será que hay algún lugar para mí en donde no duela tanto la vida?, ¿será que existe un lugar en donde la felicidad sea completa?, en este punto no sabía qué decir y solo atiné: Tranquilo tío, pronto el cielo se abrirá y entrarás por la puerta grande, allá estará el amor de pie con los brazos abiertos esperando tu regreso. El silencio fue el grito más escuchado, y su respuesta se quedó en el taburete que conoce su llanto.

¡No se olviden de mí!, su voz se entrecortaba y las perlas de sus pequeños ojos, ayer grandes joyas abiertas, nos veían con un temblor en sus labios. Espero regresen, mis días son de soledad, viendo hacia la puerta, esperando que todo pase, porque no aguanto el peso de mis piernas, necesito hablar con alguien, contar mis penas y rogar a Dios por el beso de la muerte el día que toque, ¡y pienso que será muy pronto!, antes que la aurora se empeñe sobre los árboles mustios y la indiferencia se estrelle con los días que no fueron, y las distancias que no acercaron.

El silencio pasó y se quedó en su compañía, ¿qué otra grata presencia puede acompañar en días largos y fríos?

Raquel Rueda Bohórquez
23 05 17




lunes, 22 de mayo de 2017

POESÍA NEGRA (11)

A esa mulata que pasa día a día con la cesta llena de caballitos negros y blancos, a esa negra llamada María, Josefa, Teresa, las banderas que todos ven pero aunque siempre son izadas, nunca son aclamadas.

POESÍA NEGRA (11)

Soy del paisaje sus alegrías
con cestas llenas de esperanza
y los ojos mulatos de un toche
que en sus divagares alcanzan
a tocar el sol para vestirnos de noche.

En la esquina del tormento,
escucharán los gemidos
que de aposento a llano
fueron látigos fundidos
en la cima de las montañas.

Heme aquí, la negra que pasa,
parezco la bandera izada
que tu mirada no alza,
pero soy la hermosura de la garza
entre los verdes pastos
con el pico rojo y las ganas extendidas,

explayadas junto al mar
que con sus olas me besa
y con su rumor me abraza.

Raquel Rueda Bohórquez  
22 05 17


viernes, 19 de mayo de 2017

MI PENTAGRAMA (12)



MI PENTAGRAMA (12)

Cierro los ojos y ha llegado la noche;
abro mis alas y te espero en la montaña,
pero tus chillidos se han perdido,
solo gritan las ausencias
y la soledad se amaña entre mis brazos.

¿En dónde está el amor?
¿Qué ha sido de ti mi águila blanca?
Cada tanto que es siempre,
suelo pensar en ti.

Y en este corto espacio entre la vida y la muerte,
un precipicio acecha, y ese lado oscuro mío
aparece de vez en vez.

¿Qué hago para estar contigo?
Decimos que la vida es un balbuceo de niño,
pero mi yo niño extraña tus pechos,
ese acolchado bajo tus alas,
ese calor tibio de tu regazo.

La música es algo como estar contigo;
eres el pentagrama en donde escribo mis pensamientos,
la luz mágica que me llena en este carnaval
en donde todos agitan sus pañuelos,
sin tu nombre en él.

¿A dónde vas?...
Déjame un tanto de tus alas sobre mi almohada,
que llegue el sueño y podamos volarnos hacia ese lugar
donde la infinitud es el asomo de la luz entre las peñas,
y tu voz, el arrullo manso de la quebrada bajando por ellas.

Raquel Rueda Bohórquez
 19 05 17

viernes, 12 de mayo de 2017

IMAGINO (13)

Aunque la gata sea tuerta, cierra la puerta. 

IMAGINO (74)

Imagino que voy caminando por ahí;
todo son guijarros y rostros de ermitaños que van y vienen
entre las arenas doradas del mar.

En el rincón de las rocas,
adivino a la misma gaviota intentando volar;
¡creo que se parece a los dos!,
igual de soñadores, ¿habrá alguien más?

Sólo imagino que tomé el mismo tren,
y por aquéllas cosas de la vida,
me viste y te miré.

El camino era extenso,
el tren hizo su debida estación después de muchas,
y a la salida, un murmullo de gentes,
un empuje de afanes sin gloria,
y ahí, frente a mí, tus ojos se vararon
y los míos se congelaron.

Continué el camino,
tenía los cachetes cual amapolas
antes de ser degolladas;
no tuve tiempo sino de ver los tuyos,
fueron prendas que se quedaron
en una lámpara ausente,
cual luz en los cocuyos.

Y te fuiste,
seguí mi camino y el mar borró mis huellas,
al igual que las tuyas.

Una gaviota secó sus alas para subir y bajar entre las olas;
¡cuánto se parece a nosotros en esas ganas de volar!

Caminaba por ahí…
Ya me había olvidado de ti y tú de mí,
pero el tren pasaba de nuevo,
su velocidad era otra,
la mía también.

Hubo un freno,
una corriente extraña
sacudía el sino guardado en las entrañas
y al elevar el rostro,
la misma puerta se abrió, y los dos otra vez.
¿Será casualidad?

¡Sólo imagino!, pero vi una sonrisa,
tu voz se guardó en las comillas de mi boca
y la mía rebotó en el hoyuelo de tu barbilla.

El destino jugó con nosotros,
nos juntó en la misma silla.
El calor subía y bajaba,
¿serán los espantos que habitan mi hogar?

El silencio parecía sepulcral,
así el tiempo pasó,
no sé si fueron uno o dos segundos,
pero el tiempo pasó
y en la próxima estación toqué tus dedos.
¿Quién movió el tren de tal manera?

Tu mano se prendió de la mía, temblábamos,
todo ese miedo huyó, porque al fin,
se prestó el ocaso y llegó la noche.
Se nos alcahueteó el cielo y la luna era el broche
que iluminó nuestros rostros con sus dulces anhelos.

¡Shhhh!, ¡no digas nada!, /me dijiste,
y amanecimos amándonos,
lo resolvimos todo a versos,
y nos hicimos amantes una y otra vez,
en cada poema y hoja que veíamos caer.

Sólo imagino…

Raquel Rueda Bohórquez
11 05 17