sábado, 16 de enero de 2016

POESÍA (23)

POESÍA (23)

Escribe poesía, a éste segundo…
Será tan irrepetible y único,
Pareciendo hoja seca que cae
Y sin vestigio desaparece…

Poesía, tus manos contando pecas
Mezclando tu boca y tu lengua en la mía;
En una danza árabe, suave y cadenciosa,
Con faldas húmedas y puertas abiertas.

Escribe un poema a la luz de otro día
Que nos sorprende trasnochados, 
Sin haber siquiera proclamado un abrazo,
Ni regalado un te quiero, a los más cercanos.

Poesía: ¡es Dios quien nos habla!...
Su voz es profunda, mar desde sus entrañas
Agitando su bandera en el viento
Y conmoviendo junto al sol con sus paisajes.

Escribe un poema a tu madre, a tu padre,
A esos seres que nos dieron la vida
Y a causa nuestra, no cumplieron sueños,
Pues los sueños suyos, éramos nosotros.

Poesía es la oración de la mañana
Con un toche enredando hilos en un platanal
Y el universo dejándolos ser,
Contentos viéndolos crecer y cantar.

Escribe poesía a éste amor tan bonito
Que nos entretiene navegando en letras,
Y nos hace crecer alas en el pecho
Para juntarnos en un valle
Tupido de madreselvas.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 16/16



ESTA NOCHE (24)

ESTA NOCHE (24)

Esta noche, si no hay imprevistos, estaré aquí contigo, bailando letras de gorrión debajo de un árbol.

Me dirás al oído tus secretos; te contaré los míos, verso a verso, y luego, juntando cada hoja; las volveremos pergamino, y lanzaremos todo al viento.

Correremos detrás de nuestros sueños, para luego darnos cuenta que estaban aquí a nuestro lado; tú descifrando fuegos en mi carne, y yo, secándome en ti, de tantos fríos y ausencias, de tanto abandono en amar, ¿qué me dices?, seguro que sí amor, estaré aquí como otras tantas noches, rogándonos abrazos, deseándonos, sin que el mundo necio nos señale, desbarate éstos sueños pequeños de poetas.

Esta noche estaré pendiente de la música, grato tesoro a mi oído, de los versos que se canturrean los pájaros en su crepúsculo junto a esa coqueta señora que espera a su sol día a día, pero él se esconde en otros cielos, iluminando las mismas montañas en iguales amaneceres.

Esta noche me dirás si me quieres. A veces te siento frío y lejano, pero sé que nos necesitamos, que ahora nieva en tu bosque, que usas camisas de fuerza, y que en tu ventana gira y gira una gaviota con mi nombre.

Quiero que esta noche me adivines, si la luna se ha mordido un tanto, y estés pendiente que muchas veces te he dicho que te quiero, y otras, he silenciado un poco, pues temo que tu amor tiene dueña, y tu paisaje es amante de tus ojos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 16/16



SI BAJO LA LLUVIA (25)

SI BAJO LA LLUVIA (25)

¿Qué importa si arrecia la lluvia?
¿Recuerdas que hubo días de mucha sed?
Se colgaban hilos hambrientos de tus brazos,
Y poco a poco, tornaba el sol en palidez.

Vamos por éste sendero de pasiones y pesares;
Un consuelo a veces tardío en llegar.
Desnudamos la carne, secamos cabellos olvidados,
Volvemos a ese blanco aurora de otros días
Y queremos pintar de colores nuestro alrededor.

A veces sigue lloviendo en el pantano, ¿qué más da?
Vivir es lo único que nos queda, el momento del rocío,
El instante del pájaro montañero sonando hojas y ramas.

Esa cruz sin pedido que nos llega
Y nos olvidamos de doña Parca, ¿para qué recordar?
Ahí está, soplándonos versos de amor al oído.
No pensemos en ella, que la vida es siamés con la muerte, 
No importa si nos vamos ahora o mañana,
Pues ya lo sabíamos al nacer.

Después de la lluvia siempre florecerá el cielo;
Habrá luces y luces de aquí para allá,
Se apagará el incendio que propiciaba angustias;
Y en ese llover y llover;
 Alguien con una lágrima
Nos recordará…

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 16/16

Antología Mujeres y sus plumas 

MARCANDO EL PASO (26)

MARCANDO EL PASO (26)

Hoy, mi aparejo queda abandonado en el camino.
Por esas cosas raras de la vida, me doy cuenta que la carga se vuelve liviana.

¡Camino y camino entre espinas y rocas!, recojo un poco para mí, otro tanto conservo para otros.

Un dolor viene, y al rato, en una caja de cristal, encuentro que las alegrías se van para juntarse con el mar; se vuelven perlas y se convierten en rosario viejo, sin valor para muchos, para habitar luego cuellos y mesitas de estar.

Quedan huellas donde se ha sembrado amor; de pronto, viene un aguacero que limpia el polvo cansado de vagar.

Admiro a las aves que buscan la primavera, pero se quedan contentas con su otoño, y mucho más, admiro a esas golondrinas que se van y jamás regresan, porque han marcado a un hijo con su sombra, y a unos ojos, con sus prados verdes.

De a poco, en mi caminar, con todo he tropezado, flores inmensas que poco perfuman, pero igual, su belleza atrae a una que otra mosca tornasolada.

Me doy cuenta que el perfume no está en lo grande que parezcas, y que en esas flores olvidadas y pequeñas, hallarás la huella de un aroma, que pasó a tu lado hace rato.

¿Qué son huellas?, ¿para qué sirven?, ¿con qué se comen?, y es aquí, al ver en el espejo quieto de un manantial, que todas reposan en el fondo cristalino del alma, y se quedan en una letra que pocos leen, o muchos leerán luego, si el cuerpo se cansa de vivir, y el alma torna luego en una gaviota, o en un enorme alcatraz buscando fuego encendido; que se entretiene cada día bailando cumbias y pasillos con el mar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 16/16




Antología Mujeres y sus plumas


viernes, 15 de enero de 2016

REMENDANDO HERIDAS (27)

REMENDANDO HERIDAS (27)

Pensar que la vida es un acíbar
Con agridulces sabores.

Son heridas que nos andan despacio.
Pero si al pasar el tiempo,
Si bendecidas somos
Con un calendario de muchas hojas;

Inician los remiendos en la carne,
Cremalleras que no se abrirán,
Pues en sus adentros habita un viejo dolor
Calando rosas, y urdiendo detalles con sus espinas.

Para una esquina, o un balcón enredado en cactus,
Nos prepara la vejez; que es una bendición para muchos,
Aunque a tantos, he visto rogar porque se acabe el pesar
Y duerma la noche con ellos,
En un edredón negro adornado de estrellas.

Con tan pocas flores,
Sonreiremos a pesar de todo,
Sintiendo que nuestro manantial se ha secado
Y camina resecos valles, /sin un buey para el arado
Ni una rosa en el altar.

Es aquí que inicia la danza de una silla,
Se vuelve amiga de tristezas y pequeñas alegrías.
Nos mojamos sin saber, y los recuerdos se enredan,
Sorbemos la sopa y mascamos el agua,
Porque todo se atora en la vieja garganta,
Y un tropiezo sin escalones, /fuera de sus jóvenes miradas
Hacia afuera nos lanza.

¡Es la vida!, ¡agradezca vieja pendeja!/escuché hace mucho a sus nietos
Y ella, se fue cierto día, sin haber tomado chocolate espeso.

En esto, recuerdo: ¡Quiero cacao!, / ¡Mmmm otra vez!, ¡los viejos sí joden!
Pero nos jodimos el alma luego en arrepentimientos;
Pues la vida, es un antojo que cada día muere,
Y cada noche se los resucita en sus luceros.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 15/16





Antología Mujeres y sus plumas



AMIGO (28)

AMIGO (28)

Un amigo, ¿en dónde estás?
Hemos cruzado senderos
Con tal intensidad, que a veces,
Al llegar al precipicio.
Advertimos de sus miradas la verdad.
No hay amigos, ¿o sí?
Cambia mi traje por plumas.
Quiero volar en vestido rosado,
Ser garcita brotando tesoros
Que florecen sobre los tejados.

La amistad es como un hermano
Que viene a casa temprano,
Y con un abrazo y una flor
Nos dice: ¡tranquilo!, ¡aquí estamos!...

Difíciles de hallar, pero existen.
Más entre razonables temores,
Una mano que jamás hemos visto
Será la que nos viene a consolar.

¡Nada temas, si estás muy triste!
Si acaso amigos no encuentras,
En el silencio de tu alcoba,
Al paso del sol por tu ventana,
Aunque invisible parezca;
En sus brazos te sostendrá.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 15/16



Antología mujeres y sus plumas III

AMOR (29)

AMOR (29)

El amor es una gota de agua
Descansada sobre una flor.

Joyas de cristal, que forman un rosario;
Pálidas caen, y blancas se elevan,
Para ser en el cielo un tapiz
Que se adorna de sol y de estrellas.

Al amor se le rinde el más fuerte.
Una caricia de viento en mi norte;
Madreselvas que danzan un son,
Y esta tarea de amantes, en verdad,
Son el sentido que nutre a la humanidad.

Un pájaro sin color, guardado en la nieve;
Ajustado a un pecho, esperando un día mejor.

Es en el tronco de un árbol, delineando besos,
Con una enredadera con florcitas vírgenes
Llorando niños pequeños, y brotes rosados;
¡Con el pico abierto, y los ojos cerrados!…

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia 15 1 16


Antología Mujeres y sus Plumas III