sábado, 12 de septiembre de 2015

INOCENCIA SE NOS VA [9] [42]

INOCENCIA SE NOS VA 9  [42]


9.1 ¡A LOS MADRAZOS CAMINAN!

 ¡Buenos días!, ¡eso, así con verraquera iniciamos hoy!, ¿qué hace calor?, no hay afán, compraré aire acondicionado a cada familia de Perendengue, ¿qué hace frío?, cada familia tendrá calefacción y para festejá, ¡les traeré el Conjunto de Torcoroma y no me joñe!

Ella veía a su ex un poco arrinconada, pues se paseaba con una lagartija morena con vestido a la moda, zapatos de puntilla, y más arandelas en el cuello que si fuera de una tribu africana, después de despedir a su chiqui del alma y a su bebé, sintió que algo apretaba su estómago, cuando se hacía de lado simulando ver en el celular, tratando de ocultarse con  indiferencia hacia ella, cuando se había robado sus mejores años, y su juventud había entregado, al menos quedó una hija, y un poco de hiedra, con desesperanza, pero lo importante es que mientras estuviera con vida, tenía sueños y éstos abarcaban un bosque cubierto de nieve con muchas aves cantando en su viaje hacia la primavera.

Recordó que fue un buen padre para su  hija, y ella lo amaba como al padre que nunca tuvo, a ese que abandonó su pequeña historia y jamás se preocupó por ella, ahora cuidaba los intereses de sus otros hijos, pero Dios cuidaría los suyos, como había cuidado también cada segundo de su existencia de tanto peligro, y tanto trabajo que le había tocado en la vida.

Dejaría atrás su historia con su ex, ¡y que conste que no fueron muchos maridos!, ojalá hubiese tenido la dicha de probar y escoger el mejor, pero su afán por tener un hogar la llevó a cometer su peor error, ¿pero quién pelea con las cosas del destino?, tampoco tenía hijos de uno y de otro como alguna vez le gritaron en la cara, sólo tenía dos hijas, a su gordis con su esposo casado por la iglesia que su padre jamás aprobó, y a su segundo esposo sin cadenas, que el viejo también había desaprobado, ¿qué hijueputas les importa mi vida?, respondía Inocencia cada vez que alguien le hacía comentarios fuera de tono, jamás había engañado a ninguno de los dos, al contrario, fue tan de malas que los dos más perros no pudieron salir, y sus malos tratos, la abocaron a buscar una salida, pues ya estaba cruzando la esquina, y muchos achaques también habían quedado, su salud ante todo, pellizcos y pellizcos que dejaron hondas cicatrices y profundas heridas.

¡A los madrazos!, ¿qué importa acaso la manera en que lo diga?, a como diera lugar, lucharía por cada segundo que se le regalara, y además, su lucha por ser feliz, apenas iniciaba.

Organizó un cuarto atrás en su casa para que su otra gordita se pudiera acomodar con su esposo y su otra nietecita, se sentía bien, a veces chocaban por pequeñas cosas, pero es que la vida se tornaba pesada, sentía mucha rabia que mientras unos derrochaban, a ella le tocaba pelear hasta por una gota de agua, o un foco encendido, ¡así es la vida!, unos van en caballo, pero los más felices caminan, y en esto sí que erraba el viejo del refrán, tenía callos de tanto caminar por entre espinos y rocas,  y se sentía muy cansada.

En esto recordó sus años mozos cuando tenía que salir a trabajar, sus primeros pasos vendiendo televisores y equipos, pero ni su familia apoyó, pues veía que compraban a otras lo que ella vendía, y eso que antes había llegado a ofrecer sus productos, esto era muy triste, se sentía como un pájaro asustado en medio de un mundo de gente rara.

En esto iba llegando a casa de su hermana mayor, Calle 30 con 29, cansada, a pie, sin dinero para el bus, con hambre y sed, cuando sintió que tapaban su boca y entre varios tipos arrancaban a pedazos su ropa en medio de sacudones y gemidos, recuerda que uno de ellos dijo: ¡ahí viene la cachaca!, ya tenían vigilada su ruta, el corazón pedía a Dios ayuda y esa ayuda estaba ahí ante sus ojos.

Para fortuna suya, alguien más estaba viendo y con horror inició a gritar, lo que atrajo a mucha gente, y ella, muda y desconsolada llegó a  casa, sin poder contar lo que le acababa de suceder, arañada, con los pechos expuestos y su juventud como una flor pisoteada por muchos cerdos,  pero después repicaban éstas palabras en su oído, dichas por quienes deberían dar un fuerte abrazo: ¡bien hecho!, ¡es bueno que les suceda,  para que aprendan a vivir!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 12/15




¿QUÉ SOY? 2 [43]

¿QUÉ SOY? 2 [43]

¡Es todo tan enorme!
Casi una distancia sin fin,
y yo aquí,
como un punto.

¿Quién soy?
¿Qué soy?

Hoja, brisa, aroma...
¡No lo sé!...

Lo cierto,
es que por ahora
me contento
con verme aquí,
en ésta infinitud.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 12/13 





EL INQUILINO DE MYRIAM [44]

EL INQUILINO DE MYRIAM  [44]

Era joven, hasta hermoso, diría, siempre estuvo ahí cuidando de su hogar mientras su esposa profesora iba a sus labores. Feliz cuidaba un jardín, quería tener un pequeño galpón de una gallina y sus pollitos, pero ahora todo se prohíbe, hasta que cante un gallo al amanecer.

El inquilino aceptó, pero continuó criando palomitas café, tan diminutas, que a nadie estorbarían, luego las dejó libres, pero ellas estaban amañadas con su cariño, y ahí se quedaban, junto a esa pequeña mesa donde muchos relojes arreglaba.

De aquí para allá, la vida era un continuar, en ese rincón de la casa de mi hermana, vivían hace rato, no daban qué hacer, una niña pequeña, una anciana mutilada que poco a poco se vencía con sus pocas canas, y el azúcar de caña que corría por sus venas.

Un descansar cuando murió, él le tenía cariño, era quien la bañaba mientras su esposa iba y venía cada día a su trabajo, para poder entre los dos, solventar los gastos y continuar como a todos nos toca, con la carga de vivir, que se hace insoportable, con las tantas arandelas que aparecen, pero ahí estaban, se veían felices, y sabían sortear cada enredo en sus caminos.

Cierto día se venció la suegra, y no era una maldita suegra, como aquéllas mujeres llenas de envidia que no saben apreciar a la mujer que parió el hombre que nos contenta con flores, y nos alivia con besos, ¡no todos aclaro!, ¿pero a éstas horas del paseo, para qué me quejo?

Todo fue en silencio, sin ruido así como su existencia, ayudando en la tarea a pesar de no tener piernas, con una sonrisa que alegraba, y esa mirada que parecía de un cóndor de inmensas alas.

Un resbalón fue la causa, ¡qué calor Dios mío!, ahí estaba Gina, la mamá de Paulina con Fernando Kiriko, y al médico fue a parar el inquilino, sin pensar en palomar ni relojes, flores en el jardín, ni la tarea del día, pues ahora otros afanes venían.

De ahí no se levantó más, ¡puede ser que el golpe en su cabeza, le hizo perder la conciencia!, ¡Dios mío, ahora qué hacemos!, pero se pudo, hubo doble trabajo, una que otra mano que ayuda, a veces nada, dejar al tipo en su cama y continuar el mismo trasegar de la vida.

Esta semana fue cableado, resortes, sonidos, luces que encienden y apagan, ¿por qué razón no le desconectan?, decía Dorita siempre tratando de dar respuesta cierta y con su pregunta indecente, y entonces la esposa un poco afanada responde: ¿y si no se muere?, ¡claro que reí, ni más faltaba!, ¿acaso no da risa semejante pavada?

Ayer fue otra historia, vinieron palomas pequeñas y en sus alas lo llevaron, ¡para lo que pesa el alma!, y el inquilino, a quien ni una vez visité, / ¡imagino que por esto no me condenaré!, ni fui a su entierro, ¿ya para qué?, ¡descansó en paz!, y la profesora también.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 11/15



BATIR DE ALAS [45]

BATIR DE ALAS [45]

¿Tan poco duró tu amor?,
Le dijo a un colibrí, una flor,
Y el colibrí respondió:
Es suficiente un segundo
Para hacer felices a todas.

Y batió sus alas con fuerza,
En tanto, sorbía de a poco,
Miel guardada
En una rosa deshojada
Que en solitario balcón
Sus caricias ansiaba.

Es un agitar de alas feroz,
El tiempo para escoger  termina,
Más nunca, el tiempo para el amor...

Y en este vaivén de la vida
Murió el colibrí hastiado de tanta miel,
Pues lo fácil cansa,
Como del hombre su desamor
Y de la mujer su liviandad.

¿Pero eran tiempos mejores ayer?
¡Para nada!, todo sigue igual,
Al colibrí el perfume lo amaña
Y a la flor sus caricias,
Aunque le dañen...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 11/15



HAY UN MOMENTO [46]

HAY UN MOMENTO [46]

Dar gracias a la vida,
copiar un mensaje positivo
después de tanto haber llorado.
Escucho las mismas aves de ayer
con otros tambores y flautas,
pues saben que la lluvia trae
mágicas y bellas serenatas.

Bordan y bordan los pájaros,
vuelan y vuelan distancias,
unos las acortan,
otros las alargan.

Sin importar lo que pase,
en verdad creí que me amabas,
confié en ti lo único que tenía,
pero me pagaste con espadas.

¿Importa el ayer, si tengo un ahora?


Sé que me has olvidado
como el día de ayer a su aurora,
y el mar a sus caracolas.
Y en una orilla espero
al sol vestido de galas,
oro puro mezclará sonidos
en silencio,
como una estela de grama
nadando en el mar de los sueños.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 11/15




ROSAS EN VERANO [47]


ROSAS EN VERANO [47]

Es verdad, a veces amanecemos enojados con el mundo, porque somos crédulas, ¿a mi edad, ¿quién me puede querer más que yo misma?, entonces me quito la venda que no me permite estar tranquila, para continuar con mi vida simple, gorrión nada más, debajo de la roca fuerte que protege mi existencia.

¡Perdón por sentirme ofendida!, es que a veces valemos tan solo un par de tetas, pero ahora que el mundo cruel mutila los vagos sueños que tenemos, ¿qué otra cosa buscaré, sino la biblia, para que orando y raspando las rodillas, al menos alcance la puerta al cielo?

Por idiotas nos pasan las cosas, confiando en los demás nos estrellamos con sus filos y terminamos heridos, con un nudo que aprieta fuerte la garganta, ¡ahí tienes! ¡Bien merecido vieja idiota!, ¿acaso creías que hay hombre sincero?, todos por igual tienen el cerebro en medio de las piernas y les funciona de qué manera sorprendente, ¿y piensas que te quieren?

He decidido dejar mi barca a la deriva, sin buscar nada, Él sabe y conoce cada uno de los hilos de plata de mi cabello, y seguro que también conoce los tuyos.

Mientras ese nudo suelta, ajusto mi cinturón, ¿creen que aquí hay cintura?, ¿imaginan mis nalgas como balones de fiesta?, ¡para nada!, son carne que se vacía con el tiempo, ¿para qué las quieren?, ya muy bien saben su propósito y por ahora se ajustan bien a mi sillón viejo.

Hoy me siento como de 80, en una casa enorme, viendo como muchas veces al horizonte, y esperando que en el cielo aparezca tu nombre.

¿Esperamos amor?, no estamos para esperar, debemos entregar de lo que tenemos, nadie protege flores en verano, pues el ardiente sol se hace cargo, ¿entonces para qué nos afanamos?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 12/15



jueves, 10 de septiembre de 2015

SILENCIO [48]

SILENCIO [48]

Escuché el sonido del silencio,
Dice que el amor no grita
Es como Él, pacífico…

Manantial que brota
Burbujas que explotan
Aroma que pasa
Flor que nace.

Mariposa danzando en el aire
Feliz sin conocer de un mañana
Pero con la certeza de su felicidad,
De rama en rama.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 9/15