viernes, 25 de abril de 2014

SÚPLICA DE UNA MADRE

SÚPLICA DE UNA MADRE

25 de abril de 2014 a la(s) 7:36
Señor, te estoy llamando,
para pedirte la paz de los que amo.
de aquéllos que en mis manos tú pusiste,
y hoy te ofrezco, Señor, Dios  soberano.

No los dejes llenar de ambiciones,
pues sólo tu amistad y ternura,
tendrán valor el día terminado.

Que al sentarnos a la mesa,
recordemos que en otras  casas
los niños están tristes,
pues sin pan y sin padres
han quedado.

¡Yo no tengo la culpa! /dirán muchos,
y no podemos remediarlo.

Sólo te pido Señor,
reconocerte en aquel que sin paz vive a mi lado,
en la viuda, el huérfano, el hambriento,
el cojo, el paralítico, el lisiado.

Otra cosa quiero pedirte:
que no los abandones;
que el árbol que plantaste en mis entrañas
florezca en frutos de amor, paz y esperanza;

y al llegar el final de la jornada,
mi buen Dios, estemos en tus brazos,
para gritar, cantar, bailar de júbilo
por la buena administración
que te entregamos.

Amén.

Socorro Bohórquez Peñaloza
Barranquilla 2011


Ayer organizando mis cosas, botando mugre y papeles, encontré la oración que mi madre me pidió pasara, para entregar una copia a cada uno de sus hijos y nietos, su voz ahora está aquí, en el mundo actual, que nos une desde un más allá, que tenemos tallado en la frente y en los ojos.

SI PUDIERA

SI PUDIERA

25 de abril de 2014 a la(s) 8:09
Si pudiera devolver el tiempo
pero él  no tiene piedad,
simplemente pasa,
como  la vida, en silencio
sin percatarnos siquiera.

Ayer, como una oruga fabriqué mi cárcel
hoy pretendí ser libre
pero la libertad cerró mis alas,
no estaba  aquí,
sino más allá  del sol.

¿En dónde estás?,
y un ave cantó fuerte sobre mi árbol.
¿Te has ido al sitio del nunca más?,
más  no hubo respuesta.

Vi una golondrina azul
sé que son azules, tornasoladas
tienen un pico pequeño y fuerte
saben  luchar contra los vientos más adversos.

Pero ella cerró los ojos en mis manos
un nevado fue su rostro,
donde la cabellera de su montaña
formaba una cascada en el cielo
y voló a pesar de que sigue aquí.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 25/14

Fuerte como un roble, siendo cristalina y quebradiza, ante los ojos de los demás,  pudo caminar entre espinos y rocas, y sus quejas fueron oración, silencio y canto.
Mami con Julio César

Fuerte como un roble, 
siendo cristalina y quebradiza ante los ojos de los demás, 
pudo caminar entre espinos y rocas, 
y sus quejas fueron oración, silencio y canto.

LA REINA

LA REINA

Mi padre sabía de panales y de reinas, cada una tenía una misión dentro del panal, unas mantenían fresca a la madre, batían sus alas, para que la temperatura no se elevara más de lo normal.

Otras se encargaban de fabricar un exquisito alimento rico en proteínas, y todo lo que ella necesitara para estar fuerte y seguir poniendo sus perlas, muchas veces me mostró una celda con una crema blanca, y decía que ese era el alimento de la reina.

Le decía a mis hermanos que esa jalea real los mantendría siempre como toros fuertes.

Prestaba atención cuando él sacaba los panales, cubierto con su traje de gladiador fabricado por su reina, mi madre.

Decía: cuando hay otra reina, se retan a pelear o una de ellas abandona el panal para fundar su propia colmena.

Ella será la única que ponga huevos, será la consentida de todas sus hijas, y los zánganos son expulsados también, ella se apareará, con el mejor macho, dicen que con varios, pero ella será la única madre de todos, más el padre no lo será.

Hay nodrizas, limpiadoras, enfermeras, zánganos que no hacen nada, no producen ni esperma, pero hay otros que sí pueden cubrir a la reina, y son fértiles.

Hay quienes están como soldados a la puerta vigilantes, liberan un olor especial, cuando alguna de ellas es maltratada, y todas van en su ayuda, tratan de sanar a las enfermas, y a las que mueren las sacan de sus colmenas.

Muchas me picaron, pero él decía que eso era bueno para la salud, lo malo era que las abejas morían, pero detallaba esa pequeña jeringa, como una lágrima mínima que seguía inyectando veneno.

Sus abejas eran mansas en cierta época, después no quiso más, no recuerdo cuando fue que dejó de tener abejas, tal vez cuando salimos por primera vez de Zapatoca, las pocas cosas en un camión, y sus tesoros valiosos bajo una carpa sobre su volqueta, apiñados y angustiados por lo que vendría, pero ahora que recuerdo, sólo éramos felices, mientras mi reina y el dueño de la colmena, nos alentaban cada día con una oración y una sonrisa.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 25/14 

IMAGEN: Internet

miércoles, 23 de abril de 2014

AIRE, TIERRA, AGUA, FUEGO, LUZ



AIRE L4R

Suspiro de amor, eso eres
primero y último de mi vida,
poder sobre las llamas,
aliento en las tempestades,
ósculo venerable sobre lo árido,
hálito, más que el agua y el fuego.

¿Quién como tú,
puede aliviar la fiebre
con un te quiero,
con un suspiro inclemente?

Oculta, más que  las sombras
Diosa y Dios, inmaculada, invisible,
quien como una savia de amor
al ver alumbrar  el sol,
llegas, con tu sinfonía
a cantar entre  las ramas.

Ante tu enojo, temor…,
amedrentas a la fiera, al  hombre;
se multiplican las oraciones,
entre  la muerte, eres  vida,
entre la vida, eres muerte.

Seguirás siendo, reina mía
etérea  y soberana
la más amada,
¡la más temida!...

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia,  abril 21/14

TIERRA L4R

¡Madre mía, morena y blanca!,
arenal que se viste de soles
niña divina, besada por manantiales
rosa fresca  y perfumada,
aliento a mis pies cansados,
reposo a mis huesos cualquier día.

Pedazo de Dios para llenar de amor,
¡cuánto das tesoro mío!,
más al dolor  te entregamos,
hurtando  tu verde y dorado traje,
lágrimas brillantes donadas del cielo
escondidas en tu alma.

Tanto quieren de ti,  nada les llena
campanas  advierto sonar en la iglesia,
desolación y pena,  ya no cantan los jilgueros
y de éste triste  gorrión, sólo un trino lastimero.
Han secado hasta tus lágrimas…,
las venden, las encarcelan;
se pelean y se afanan, dejando heridas de muerte.

Tan generosa mi madre
ha donado para mí, pequeña parcela
para guardar un difunto,
y otro viejo árbol convertido en cofre,
para esconder un pálido  rostro,
que muerto, seguro es más noble.

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia, abril 21/14

AGUA L4R

Eres amor, como el agua
que llena espacios abiertos;
tengo seca la boca
quiero el pasar de tu lengua
por  mi extenso  valle.
Verte llegar, inunda de amores,
se vuelve precioso el desierto
al  florecer de las dunas.

Como el agua tus lágrimas
para sentir crecer la vida,
retratada  en su claro lago
están tus ojos y míos,
el brillo de las estrellas
y el botón de mi vestido.

¡Bendito riego! …,
bajo tu manta fría, retozo
empápame lluvia,
junto a la sal revuelta
que cae sin medida,
de tus pestañas abiertas.

Danza entre las hojas
como niña  coqueta
para abundar en riachuelo,
y ser mar algún día,
cuando a la nada, esté viendo.

Raquel Rueda Bohórquez    
Colombia abril 21/14


FUEGO L4R

Ante tu belleza me doblo
danza vestida de soles y lunas,
flameas entre violetas y rosas,
sangre que inunda los verdes
para volvernos cenizas,
entre mágicos sones.

Poder ardiente como el amor
que con un suspiro y un  beso se extiende.
Entre briznas  la vida es un baile,
una danza de fuego y mentira,
calor, pasión con trajes de seda
que inventan orgías junto a la brisa.

Fuego son tus ojos…
No hay maldad en ti
haces tu labor  cantando,
junto a la tierra y la yesca.

Como el mejor artesano
vuelves ceniza lo vano,
y entre lo vano regresan,
como abono tus pavesas.

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia, abril 21/14



LUZ

Iluminar los senderos tu meta
el don más perseguido,
cuando  oscuro el desierto
vuelve a los hombres tristes.

Más  cuando retornas
iluminando las mentes,
eres Dios que entre las sombras
señalas nuestro camino.

Luz de sol, de luciérnagas
advirtiendo  de su amor
cuando más oscura la noche,
para morir  en  silencio,
siendo aún más brillantes
que las pálidas estrellas.

¿Qué es la luz, más que todo?
la señal de cayado, de lumbre y  fuego.
Cirio encendido en un muerto
con su palidez en el rostro,
y esperanza de una lámpara
ante sus ojos  abiertos.

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia, abril 21/14







ROSTRO EN LA PUERTA

Siempre recuerdo el rostro de un indígena joven, tallado en mi puerta de madera, cada vez más visible, no había enojo en su mirada, más sí mucha tristeza, si pudiera pintarlo, diría que algo de mí estaba él, y algo de él en mí, había un tambor, el de mi corazón, que palpitaba veloz, y parecía un águila entre las grandes montañas...

Había un rostro... ¿sería el abuelo de mi abuelo?, lo cierto es que sus ojos parecían una súplica, un gran penacho de plumas, su cuello adornado de joyas, pero él no sabía que eran joyas, hasta que vinieron unos hombres con sed de todo...

Descubrí en las praderas los rubíes, como un manto sagrado que se regaba hasta volver rojas las cascadas y los ríos, entonces las amapolas tomaron su dolor, y el dolor se convirtió en blanca ceniza, también convertida por quienes hasta en una flor encuentra la muerte, y las flores lloran blancas perlas, ellas tampoco lo sabían, sólo levantan el rostro, y una navaja hiere sus corazones que se desangran, a plena luz del día...

Recuerdo que cierto día me asusté mucho... ahora no veía hacia las montañas, sino que miraba mis ojos, y también ahí vi los míos, se estaban secando los bosques, lloraba mi madre, los manantiales fueron hilos pequeños, las represas se volvieron gigantes dragones, pues vieron en las gotas de rocío de mi madre, lo mismo que vieron en el cuello, pero no quedaría más que ver, porque ahora, todos nos mirábamos a los ojos, cuando el susurro de la brisa venía como un tornado, y el mar se enojaba, y el vientre de mi madre buscaba reposo, en el infierno armado por el hombre blanco.

Su rostro era una mueca de tristeza, la que aún recuerdo, se había tallado en mi puerta, y su corazón, un cascabel de niño palpitando entre los cerros.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 23/14

Imagen colección personal Raquel Rueda. Arhuacos, Sierra Nevada, Colombia.

MI CASTILLO

MI CASTILLO L1R

23 de abril de 2014 a la(s) 14:22
El artesano buscó una parcela de cartón
estaba bonita para una mansión,
y entre sueños y fantasías nació mi castillo
hecho a mano, pincel a pincel,
gota a gota salobre, esparcido su amor.

¿Olvidarás  las rosas rojas?,
en el frío a veces mueren por un rato,
más cuando aparece el sol vestido de oro;
sus pétalos abre, y su perfume es mejor.

No olvides el caminito de rocas
un sendero que lleve a la imagen de María
y  un nicho donde una cascada clara,
sus ojos hermosos miremos  algún día.

Me gustará ver cuando termines
flores amarillas y blancas,
girasoles virando agradecidos
cuando el naciente rey esté contigo,
y la luz del sol se haya escondido.

Te dije que un árbol, naranjal en flor
un pino pequeño, para que anide el gorrión,
nunca más estará triste, todo será primavera
porque entre oscuros lagos
siempre he visto una flor.

¡Qué bonita!, pintas como si fueran letras
¿cuántos poemas  guardarás ahí?,
te regalo un beso para que vuelvas cometa
que con el viento de ahora
me llevará a ti.

Un mágico  día, sí… ¡mira!, regresan las aves
descubrieron que aquí había ilusión,
donde se siembran rosas y se abona
nunca estará vacío el jarrón.

Y te quiero, no me duele…
Es tan fácil de pronunciar,
dicta el corazón tan pocas letras
y con tan pocas,
nos solemos contentar.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 23/14

Lo veo tan feliz construyendo su castillo, y ella a lo lejos lo contempla, ¿será para mí?, y un trino escucha entre las hojas secas...
Imagen: Internet

Lo veo tan feliz construyendo su castillo, 
y ella a lo lejos lo contempla, 
¿será para mí?,
 y un trino escucha entre las hojas secas...

¿QUÉ LE DIRÍA A MI GORRIÓN?

¿QUÉ LE DIRÍA A MI GORRIÓN?

23 de abril de 2014 a la(s) 16:24
Tengo un gorrión en el alma,
pero no sabe cantar como  ruiseñor,
honda melancolía le asiste,
y siempre piensa en el amor.

Este hermoso poema
lo he leído en algún lugar,
pensaré en donde...,
¿aplausos a su creador!, muy hermoso…,
le ha dejado también hojas ocres
y pequeñas manchas oscuras,
para que pueda adivinarle en el bosque.

¿Qué haces mi pequeño gorrión?,
dicen que pronto ya no serás,
que tantos venenos te desaparecerán
retornando el lloro a mis ojos,
un vicio que no sé callar.

Chozpar como un cordero  tu fin
¡tan bonito te ves entre un jazmín!,
¡tan dulce amor picoteando una flor!

Al recuerdo migajas para ti
¿y para mí?, ¿qué tienes mi amor?,
ese trino dulce y repetido,
es lo que me hace amarte.

Tan simple, tan de niño cantor
como un recién nacido,
que no envidia los trinos de otro
y con cualquier migaja,
se da por bien servido.

Raquel  Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 23/14

No hay dolor, cuando lo poco se da con amor.
Imagen: José M P. Internet.

No hay dolor, cuando lo poco se da con amor.