lunes, 21 de octubre de 2013

MIS CEREZOS [51]

MIS CEREZOS [51]

Viendo hacia mis cerezos
el encendido violeta de otros tiempos,
un aroma se ha confundido entre las sombras
y una mariposa de colores se empeña
en tanto navego,
con las prisas que me toquen.

El lago, mi lago azul inconfundible
¡Ayer todo era encendido!
Me pegaba del cielo todo el tiempo
y al palpitar del corazón, una sonrisa,
ahí las pequeñas manos  se abrigaban,
y las bocas de niño,  se pegaban de mi pecho.

Dulce amor ¿en dónde estás?
¿Quién te roba mi cariño?
Caen de nuevo pétalos sobre mi lago,
torna la oscuridad en pleno día,
y mis lágrimas no conmueven.
Se escuchan balar ovejas blancas en el cielo
y el corazón se empeña
en una imagen en la pared.

¡Vuelve niñez!
Regresar quisiera el tiempo
si de tu blanca piel mi alegría,
combinaban tus ojos azules con todo
y tu desnudez mi alma conmovía.

Se agitan las brisas de octubre
se agotan los perfumes,
se vuelve fruto las flores
mientras caen los pétalos sin pena
y se alejan,
entre las espumas que van y vienen
junto a las sales de mar
y los brillos de la vida.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 21/13


LA HIJA DEL AGUIRRE [52]

LA HIJA DEL AGUIRRE 1 [52]

Alguna razón hay en la vida, para las cosas, ahí estaba de nuevo, pegada de la reja oxidada, con el corazón en la mano, pensando: ¿qué clase de amistades tiene mi hija, que de a poco me la están robando?...

Ayer eran las 5 am y llegaba a casa, como si nada, con su sonrisa burlona y la vieja estúpida sólo atinaba a decir: ¿qué cosas tan terribles hice en mi vida? ¿qué mal ejemplo le he dado a mis hijos, para que no tenga derecho ni a un sueño tranquilo?... Y miles de cosas, de pensamientos alocados, cercanos, o lejos de una realidad, que afrontamos muchos padres, se venían a mi mente...

¿Qué es lo que tanto te enreda en la calle?... ¿quiénes son esas personas que valen para ti más, que la tranquilidad de un hogar? Mañana no sabré si pueda acompañarte o darte un consejo, porque nada de lo que hago, parece tener valor alguno...

La hija del Aguirre tiene  alas muy largas, me ha tocado lidiar sola con la crianza de mis hijos, mientras el padre corre detrás de las vacas del camino, de las mariposas de colores, y se llena de ira cuando llega a casa... Le duele el mercado que trae, su familia no merece siquiera un poco de amor,  pareciera tener un corazón tan duro como la roca.

Aquí estoy de nuevo, la luz del día se encuentra con mis ojos pegados de una ventana, la luna me es ajena, y se vuelven añejas las quejas como la puta cortesana que deambula detrás de los hombres, para dañar sus hogares, y la luna, puta de todos los poetas pero sin amante, que tan parecida a mí, pareciera soñar con un día, donde sea ella el sol y el astro ocupe su lugar en las noches.

Atenta a las amistades de la calle, ellas te voltearán la espalda cuando no tengas nada que ofrecerles, mientras tanto, estaré aquí, pidiendo luz al cielo para saber en qué he fallado, y cuál es la razón de éste agudo dolor en el pecho, y éstas ganas de llorar que me asisten.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 21/13



domingo, 20 de octubre de 2013

EL SERBIO 6 [53]

Publicado por Raquel en 06:10
Domingo, 20 de octubre de 2013

EL SERBIO 6 [53]

Desperté en medio del sol fuerte sobre mi rostro, y una gritería en la barca, parece que hubo huracán y vientos muy agresivos, pero la verdad no sentí nada, según me contó el antioqueño, me tuvieron que llevar en brazos a mi camarote, porque me había quedado dormida sobre la mesa, y mi mor el Serbio sin pena alguna me sacó de ahí toitica gomitada, me limpió, me desnudó, me bañó, me perfumó, me… bueno eso todavía no, según el tipo descarado estuvo ahí todo el tiempo viendo mis gorditos y riendo de buena gana, mientras le colaboraba al Serbio y me dejaban como un angelito de nuevo, para salir sin hacer ruido alguno y pasar luego semejante susto, con olas de hasta 20 metros de altura, ¿y eso cuándo?, ¡no te lo puedo creer!, decía en medio del asombro y el dolor de cabeza por el guayabo tan verraco con que había despertado, menos mal sucedieron las cosas así, porque si no, en mi vida me hubiese subido a semejante lío en otra barca, ¡ni más faltaba!, con éstas ganas, y la cabeza  caliente para aguantar más vainas, no creo que daría para más, pero aquí estoy, vivita y coleando más fuerte que ayer, dándole el rostro al buen tiempo, porque el malo había pasado mientras dormía.

Hoy no había nada especial, estaban organizando fiestas y más fiestas, parecía que la gente no tenía más nada que hacer, me dediqué a escribir poesía, pues la verdad no tenía algo mejor qué inventar en el momento. 

El antioqueño preparaba los detalles para la boda, sería algo formal, sin tantos invitados, y desde Colombia vendrían sólo unos cuantos familiares, pues no había cama para tanta gente, ésta vez quería todo privado, sin tanto chismoso, ni personas por ahí pendientes de si era virgen, si no, si gritaba, si no gritaba, si caminaba bien al siguiente día o no, porque esas pendejadas parecía que ahora habían pasado de moda, y bueno, la verdad 54 años y pensando todavía como una niña, pero no había tenido todavía nada en privado con el Serbio, aunque las ganas se veían saltar como las sardinas, al paso de la enorme barca que me conducía por éstos sueños tan maravillosos.

Las gaviotas estaban en alborozo buscando descansar un poco y habían encontrado en proa bocados que la gente lanzaba, como una manera de entretenerse, ya que todos estaban un poco asustados por la experiencia de la noche anterior, de la que me perdí todo, y no quería escuchar nada, pues nadie dañaría mi viaje.

A lo lejos, los alcatraces subían y bajaban y siempre en su pico algo llevaban, ¡bonita vida la de éstas aves!, parecían tan libres en medio del oleaje, abrían sus enormes alas sin que nada pareciera dolerles, pero sí les dolía, a veces no salían más, algo en ese fondo azul las hacía perderse en las profundidades, sólo un oscuro profundo, y ya no eran más.

El Serbio se había acercado, estaba un poco apenada, pero él simplemente acarició mis cabellos y pasó su brazo sobre mis hombros, y así nos quedamos largo rato, viendo hacia el infinito, en silencio, sin más ruido que el cantar de las aves marinas, y el bullicio de las olas.

El antioqueño como siempre, tan atento, llegó con unas “margaritas”, ya las conocía, no eran flores, con Sonia y David habíamos ido a tomar unas cuantas, o sea que aquí  no se reirían de mí, porque ya sabía que esas grandes copas, contenían una limonada con un poquito de trago, y una rodaja de limón o una fresa, y en el orillo untado con sal para que la gente crea que es mucha vaina, y clavarlos con un precio bien alto.

¡¡jajajaja!!... te jodiste antioqueño, le dije mientras tomaba la copa y pasaba la lengua con delicadeza por el orillo de la misma, y daba un pequeño sorbo a la tal margarita, limonada envainada con licor.

El antioqueño no dijo nada… ésta vez lo vi como raro, ya no tenía la sonrisa picarona del día anterior, ¿será que como me vio desnuda se ha enamorado de ésta princesa?... Digo, digo… porque vería mis pechos como uvas pasas al sol, o tal vez las cicatrices que mostraban que ahí había pasado algo más que un bisturí, sí… algo le pasaba, hoy no quiso sonreír ni molestarme, como en días anteriores, su seriedad me tenía un poco perturbada.

Estaba muy cansada, el Serbio me acompañó a mi camarote, nos quedamos un rato ahí, hablando de la vida, mientras le ayudaba a quitarse la chaqueta, ya le había transmitido que me gustaba cuando se quedaba con una guayabera blanca y una pantaloneta de flores bien sueltecita, y sandalias, ¿para qué se embutía en esos trapos?, relax amor… relax…  pero no comprendía nada de lo que decía, y sólo sonreía para decirme al oído:

Ерес невероватна жена, ако богота сазнао не тргују за ове века курве, волим да превише жена, не зато што су ваше груди или ваши покрети, али, зато што изгледају мале кад си са мном, а велики када водимо љубав .

La verdad el traductor era pésimo, entonces traduje a mi manera para mis amigos;  me había regalado un portátil pequeño y él mismo escribió, pero  traduje a la perfección.

“Eres una mujer increíble, si el antioqueño se enterara no cambiaría a la mujer  por esas putas de siglo XXI, me gustas demasiado mujer, no tanto por tus pechos ni tus movimientos, sino, porque pareces pequeña cuando estás conmigo, y grande cuando me haces el amor”

Me dejé besar y acariciar, ya no me importó el  mundo que me rodeaba, con todas sus mezquindades y tristezas, en éste segundo lo había olvidado todo, estaba pensando que no me casaría dos veces,¡tal vez si lo tuviera de amante y pudiera viajar con él a donde quisiéramos…!

Ésta pregunta rondaba mi cabeza, cuando el antioqueño apareció con una bandeja paisa, langosta a la termitor para mí, y para mi mor, una cazuela marinera, con guarapo y chicha de maíz, la combinación perfecta  ¡jajaja!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto/13





viernes, 18 de octubre de 2013

EL SERBIO 5 [54]




Publicado por Raquel en 18:08

Viernes, 18 de octubre de 2013

EL SERBIO 5 [54]

“El aposento”, era un sitio muy elegante; contrario a lo que yo pensaba, le encantaban los colores encendidos como a mí, era educado, solícito, atento, y me trataba como a una dama, y eso me estaba gustando mucho, abría la puerta, la cerraba, corría mi silla, siempre llegaba con una flor escondida, y para entregármela recibía un dulce beso, con un caramelo diferente cada vez.

Una mesa adornada con 3 orquídeas esperaba por nosotros, y un vino servido en dos grandes copas de cristal.

Todavía no sabía cómo tomar la copa de la mesa, y para eso el antioqueño había dado unas clases a escondidas del supuesto “glamour”, que debería adoptar de ahora en adelante, y los modales para sentarme y levantarme de la mesa, lo mismo que para tomar los cubiertos, y el orden en que debía hacerlo.

Me parecía ridículo todo eso, pero él me decía que eran reglas,  si deseaba entrar a ese mundo, debía acatarlas. De mala gana tomaba las cosas como me dijo, pero al momento lo olvidaba, cuando vi que el Serbio empezó a comer con los dedos de unas pepitas negras que estaban servidas en otra vasija de cristal.

-Es caviar, dijo el antioqueño, algo muy exquisito y solo para gente de altura.
-¡Ah noooo!... Entonces no puedo probarla, porque solo mido 1.59, y si acaso…

-Deja de ser bromista y aprende, sino te regresas a tu casa a lavar tiestos jajajaja! /dijo el antioqueño con su acostumbrado descaro.

Él tenía su mirada puesta en la mía, ¿cómo podía imaginar que el amor vendría así, con un empaque lleno de fantasías a las que nunca creí ser merecedora? Tan lejos estaba en mi humilde hogar al creer que era una basura que todos podían poner y quitar, y los ultrajes recibidos, las humillaciones, donde se me trataba como si fuese la silla vieja de una casa vieja. ¿en qué novela podría algún día imaginar, que algo había escrito para mí?, pero resultó ser en una telebobela colombiana, y que pudiese ser una realidad, es lo más loco que me ha sucedido, y lo más hermoso también, además de ser la protagonista de mi propia historia de amor, esto era realmente un sueño entre sueños, y nadie me lo robaría, porque estaría hasta dar el fin que todos esperaban y el que tanto había ansiado.

Dios mío estoy aterrada, perdóname si he desconfiado alguna vez de tu poder, ahora aquí, no sé si regresar o continuar con el siguiente capítulo, pues todo es tan irreal, todo tan deseado durante tantos poemas y versos, escritos en éstos años de soledad, que ésta realidad tan hermosa no puede terminar tan rápido.

La extenderé un poco, hasta que todo sea consumado, hasta que no asomen lágrimas a mis ojos por todo y por nada, y pueda sentarme un rato por ahí, a recordar que todo viene y pasa, mientras levanto la copa que se me ofrece, estando en éstos pensamientos, el Serbio me despertó de mis sueños viejos, para golpear la mía en el aire y decir: “aquí estoy amor, y tu sitio era aquí, junto a mi corazón, serás la reina de mi palacio, y yo seré el rey del tuyo, hasta cuando tus manos lo deseen y tu corazón lo decida”.

La traducción del antioqueño estuvo perfecta, para cuando me dijo éstas sentidas palabras, creo que no pude aguantar el llanto, y una sonrisa nueva iluminaba mi rostro.

-¿Te das cuenta?, tienes que aprender el idioma, porque cuando  tengas que cumplir con lo que sabemos, no voy a estar ahí para traducir lo que el Serbio diga…
Siempre salía con una de sus bromas y se alejaba, para llegar al rato con frutas y más comida, no tenía el estómago tan gigante para estar metiéndole cuanta vaina, y al oído le dije: ¡por favor no traigas más comida, que me va a dar dolor de estómago!
¡¡Métaleee!!... Dijo, mientras salía con una carcajada que se le atoraba, y la cara roja como un tomate.

En un descuido, decidí escribir algo y se me antojó un poema, ¡cosa rara!, pero había tiempo para todo, y en una pequeña hoja escribí algo para mi amor y lo coloqué bajo la servilleta que estaba acomodada a su lado, se había levantado un momento, ¡era tan brillante!, su cabellera blanca igual que la mía, tenía un brillo especial,  se acomodaba a todo lo que él era, combinaba con sus labios, con su boca, con sus manos, esperaba que mi sueño no terminara, y de sorbo en sorbo, terminé con mi vaso de vino, él regresaba, con sus ojos puestos en la mesa y una enorme sonrisa…
Se acomodó en la silla, y enseguida vio el poema y llamó al antioqueño para que lo tradujera. Yo sonreía esperando su reacción final.


EL SERBIO

Amado mío, aquí te encontré al fin,
ayer era frío todo,
todo parecía escarcha sobre la piel.

Los días quietos y sin luz, hasta que te vine a ver
escondido entre las redes, a un toque tuyo, alegría…
A esa palabra de amor soñada, un consuelo.

Luces de colores que parecieran inquietarnos
aquí estaría todo lo que anhelamos,
pero se van las ilusiones con las espumas de las olas
para regresar a la misma playa solitaria.

Ya no importa si te vas, y me quedo de nuevo.
Si tu barca toma un rumbo donde no esté mi vida
¿Acaso de tus prendas quedé amañada?
Vana cosa creer en fantasías,
si al despertar caen los sueños
como castillos de arena
y nos queda sólo reír
por lo que falta todavía.

Qué te amé, ¡no es mentira!…
Que te quise ver como la ilusión perdida cierta primavera,
que me desnudé contigo, nos amamos hasta dormir de nuevo
y desperté, sabiendo que sería interminable la noche
para prometernos tantos besos,
como abrazos pendientes,
desde aquella vez primera.

Ahora, cuando ya todo se acerca al fin,
cuando tres letras definirán nuestra historia de amor;
quiero decirte que no fue vano mi tiempo contigo,
una mariposa brilló en tu espacio, por efímeros momentos,
y soñó ser feliz en la última estación,
para morir al rato.

Todo parecía una promesa de colores
sin despertar más, sin tener de nuevo en qué creer,
ni en una estrella pude tocar,
parecía que ninguna pertenecía.

Acércame un ramo de rosas que me voy ahora,
dame un beso en los ojos para verte,
cubre mi piel con seda escarlata y arrópame.
Mi barca es de cristal, ya nada duele…
Sólo el tiempo, que dejamos de amarnos.

Dile al antioqueño que aquí estoy,
que agarre su morral y coja juicio,
que lo esperan sus amarres y sus zapatos viejos
para continuar el camino propuesto, sin mentiras.

Si es que desea tomar el atajo viejo,
o continuar por el mismo sendero trazado,
donde las manos se juntaron para crecer los sueños
junto a los lirios que nos fueron concedidos.

El antioqueño no tradujo la última parte, se quedó viéndome a los ojos, no pudo evitar ponerse colorado, y salió aprisa por otra copa de vino seco.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre/15




jueves, 17 de octubre de 2013

EL SERBIO 4 [55]



Jueves, 17 de octubre de 2013

EL SERBIO 4 [55]

El antioqueño estaba más emocionado que yo, estaba empezando a molestar un poco y con sus bromas, no podía disimular la risa, parece que era empleado personal del Serbio y que dominaba bien su idioma, porque se reían mucho, y a la vez me miraban, a lo que el antioqueño todo aprobaba, lo cierto es que terminé en el salón de belleza, cortaron mis greñas y las pusieron al estilo de mi juventud, cuadrado y casi me dejan sin capul, pero me veía más joven y radiante, me embutieron en un corsé negro y aprisionaron todos mis gorditos para hacer una cintura como la que tenía antes de tener a mis hijos, y un vestido de seda rojo muy bello, milagrosamente ahí estaba, con unas zapatillas de charol negras, un hermoso collar de muchas piedras, aretes, y lista para la fiesta que se realizaba debido a nuestro compromiso.

La gente iba y venía, estaba muy nerviosa, pero tenía a ese tipo fresco ahí que me apoyaba en todo y me animaba: ¡eh ave maría pues hombe!, ¿acaso es que te crees menos que todas esas señoras de copete?, don Serbio está interesado en vos mujer, ¡ehhhh!, deja la vaina y siéntete linda que el viejo es buena gente.

-Está bien, trataré de no estar nerviosa, gracias… El antioqueño tomó mis manos heladas y me animó a salir al estrado, en donde me esperaba el amor, vestido de blanco, corbata roja y zapatos del mismo color, con una sonrisa que no la opacaba ni la música que sonaba en el momento.
Cuando subí y estuve allá en ese sitio de honor, no me sentí tan pequeña, parecía que una lluvia de estrellas había llegado por mí,  todo eran luces de muchos colores, tantos, que nunca creí que existieran, y de la intensidad de los que ahora veía. Me había olvidado del ayer,  estaba viviendo los momentos más felices de mi vida, creo que había olvidado sonreír, pero ahora esa cortina de humo había despejado a un hombre que me amaba por lo que era, y que estaba dispuesto a poner un arco iris al revés en mi boca.

Sólo veía al antioqueño, el resto eran rostros que aparecían de un lado y otro, desconocidos para mí, que deseaban escudriñar mi alma, pero me antojé en ser valiente ésta vez, y la cobardía que me acompañaba la dejé en un baúl de madera que había quedado en mi casa, junto a mis hijos, que cada día esperaban les contara cada detalle de mi vida nueva.

Las palabras fueron dichas, los aplausos recibidos, un poema salió de mi corazón, y para mi sorpresa, la voz no me temblaba ni se hizo de niña, y al tomar la mano de quien sería mi nuevo esposo, sentí mucha tibieza,  comprendí que la vida te ofrece muchas oportunidades en el camino, y ésta parecía ser la que tanto había soñado.

Ha llegado el amor a mi vida
y de la manera como vino la tomo.

¡Brindo por éste mágico momento!,
por las sonrisas que sueñan a la par conmigo
y me hacen bendecir el tiempo.

Nunca creí que todo fuera tan azul.
Azules ojos son ahora mi adviento,
azules aguas bañadas de cielo
azul la vida, y azul mi aliento.

Y entre todas las cosas que hoy vivo
a morir en tu corazón presiento.
Soy una gaviota que tu alar previno,
un águila posada en tus montañas
para volar contigo,
en contra de la mar y el viento.

Al terminar mi poema,
el Serbio se quedó en silencio…
Tomó mi mano, y me vistió de seda,
para llevarme a su aposento.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre/13







miércoles, 16 de octubre de 2013

EL SERBIO 3 [56]

Publicado por Raquel en 09:00

Miércoles, 16 de octubre de 2013


EL SERBIO 3 [56]

Sin muchos detalles, después del primer día, han pasado 7 en el crucero con el Serbio, no quise traductor, y el mesero resultó para sorpresa mía, un antioqueño más vivo que el carajo, quien seguía de soslayo nuestra historia de amor, y  reía a carcajadas cuando me veía tomada de la mano de un hombre tan alto, y en un momento pasó y me dijo al oído: cuidado con el viejito porque ya se ha despachado como a 20.

¡Claro que comprendí sus palabras!, pero me hice la loca, hasta ahora no había pasado nada de nada, sólo miradas, pequeños roces, y caminar de la mano, para darme cuenta que no era viejo, es que la ropa tan apretada que me habían puesto, lo hacía ver así, era más joven que yo, pero le gustaban las señoras como yo, ¡qué le vamos a hacer!, por allá la gente no piensa como la de aquí, que sólo quieren muñecas de silicona para pasar el rato, él me quería por lo que era, y eso lo demostraba con sus detalles y miradas.

En regular español me dijo: ¿te casarías conmigo?... Mientras veíamos los dos hacia el infinito, cuando las gaviotas en pleno vuelo se abrazaron y sus picos se unieron en un extraño rito que nunca había visto.

Su pregunta no me sorprendió, pues a eso había viajado, por eso me arriesgué tanto a dejar una vida, una familia, abandonar los sueños de otros por correr tras los míos, que estaban atorados en letras, y fantasiosas carreras del día a día.

Aguanté 5 segundos para hacerme la interesante y rogada ante él, y con mi rostro encendido como una amapola le dije: ¡siiiiiiiiiii!... -parece que grité muy fuerte, pues la gente alrededor se quedó viéndonos con extrañeza.

En un instante se quedó viéndome a los ojos, y sin pensarlo dos veces, ya estaba pegado de mi boca, y yo de la de él…

No me desvanecí como el primer beso, sentí una lengua que se movía como buscando algo dentro de la mía y un sabor a vino, cosecha Chateau lafite rothchild, no sabía qué carajos era, porque para mí estaba mejor el guarapo de mi tierra, pero parecía que era muy fino y costoso, algo dijo el mesero antioqueño cuando trajo el vino con su elegancia y risa burlona: /éste vino viene referido de los vinos de burdeos, y se produce en Médoc, para que la dama se ilustre un poco, una botella de éstas alcanzó récord de subasta en la casa Christis, y costó más de 166.000 euros.

¿Y a mí qué carajos me importa?, no se hubieran gastado tanto dinero en éste pinche guarapo, ¿por qué no me trajiste un sabajón bien helado?, del que fabrican en El Poblado?.  El antioqueño ésta vez no pudo aguantar la carcajada y el Serbio se pegó a nuestra risa, sin saber de qué hablábamos. Estaba feliz con que lo hubiera aceptado como esposo.

Le pidió al antioqueño que se quedara un momento para que tomara unas fotografías, y del bolsillo de su chaqueta sacó una pequeña caja dorada, me pidió que cerrara los ojos, /traducido todo por el antioqueño, y cuando el mesero me dijo: ¡ya, abra los ojos!, ¡no joda usted sí que es de buenas con éste man, cipote de anillo la mondá!

Y al abrir los ojos ahí estaba, un anillo blanco, parecía de plata, y una piedra de esas que venden en San Andresito que brillan mucho,/ le sonreí, dije que estaba hermosa, y él mismo la colocó tembloroso, en mi pecosa mano izquierda, no lucía mucho en mi mano un poco arrugada, de uñas cortas y sin esa lozanía de la juventud, pero él tomó mi mano como si fuera una joya. y la apretó contra su pecho.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 16/13





EL COLMENAR [57]

Publicado por Raquel en 11:46

EL COLMENAR [57]

¡Qué recuerdos!
Cuando el gladiador salía
con ese enmallado fabricado por mi madre,
todos esperando con sonrisas frescas,
con el corazón prendido de un chorro dorado,
y él, con sus ojos negros tratando de no herirlas,
sacaba del cajón, ricos panales.

Zumbaban tranquilas, no había que temer,
ellas bien lo conocían, sabían de su olor.

Muchas veces con sus manos,
al depredador sapo ahuyentó;
a las cucarachas
que se escondían bajo la caja de madera;
al aguilero de doradas plumas
que robaba sus vidas
para llevar a sus polluelos...

¡Qué bello recuerdo llegó hoy!
En el patio, con los limoneros en flor,
en brote las orquídeas y el olor a hierbabuena:

¡¡Shhhhhhhhh!!... no griten...
no estén sucios,
a ellas les gusta el perfume
y la dulce voz.

Exprimían nuestras manos los panales,
chorreaban por los dedos tibiamente,
nos lamíamos sin hartarnos.

De miel se llenaban nuestras panzas,
con el gladiador pendiente y comedido,
volviendo cirios, lo que fue manantial dorado,
y encendiendo sueños del color del trigo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 16/13