lunes, 10 de junio de 2013

BELLEZA (114)


BELLEZA [114]

Busca belleza en tu interior
pues la externa desaparece…

El tiempo es un implacable reloj 
que no se detiene,
y en su loca y silenciosa carrera
arruga nuestra piel
pretendiendo robar 
el brillo de los ojos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla,10 6 13 

ELISA (115)


ELISA [115]

Hoy desaparece la piel de una anciana
bajo un lecho de rosas blancas.

Siempre será recordado quien sembró tanto
y nunca esperó recompensa.

Su rostro de niña feliz
a pesar de cables y puñales,
deja en el huerto de su hogar
una fragancia añeja, vida de trabajos
calidez en el corazón,
de quienes le conocieron.

Marcha feliz, estoy segura…
Un dolor agudo será cantar de cigarras.
Sus lágrimas,
rocío sobre un huerto en el cielo.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, junio 9/13

TENGO (116)


TENGO [116]

Tengo para ti, un día lleno de verdes.
Tus carcajadas que trae el viento
donde el amor en una copa vino,
es un desperdicio en malvados labios.

Tengo mi pecho para abrigarte,
querer estar sobre los cerros;
descubrir lo enorme que es el mundo
y de nuestra vida lo pequeños.

Tengo amor mío, un corazón limpio,
temblor de mis cariños para darte,
dulzura de un grande amor de madre
y una oración a Dios para alabarle.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, junio 9/13

DISTANCIA (117)


DISTANCIA/Salomé  [117]

A ésta distancia 
estás de mi corazón
en un espejo a través del tiempo.

En una huella que nunca fue,
agua de manantial sobre las rocas.

Pero mi amor está ahí
cada vez que te recuerdo.

En ésta línea invisible 
e infinita del destino
donde pueda ser, 
que haya otro mañana,
en otro ocaso soñado, 
en otro atardecer…


Raquel Rueda Bohórquez
10 6 13 

ISABELLA 3 (118)


ISABELLA 3 [118]

Nace: Junio/13

Al abrir los ojos,
descubrí que el negro
sería mi traje en verano,
o en invierno.

Que mi rostro estaría un tanto
de cereza encendida;
pero que poco a poco,
un olor me haría descubrir el cielo
en los pechos de mi madre,
y en la dulce mirada de mi padre.

Colores todos y más,
estarían ahí, dispuestos por un Rey
para que jugara con ellos.

Raquel Rueda Bohórquez
10 6 13 


MI PINTOR (119)

MI PINTOR [119]

Domingo 9 de junio/13

Un día más de vida, una imagen tomada por alguien, quien decidió compartir y una loca describiendo una obra de mi Pintor.

Lo primero que detallé, no fue el oro derretido en el mar, parecía una sábana entre negros y dorados, ni la oscura montaña que bordea un lago, o el océano que con sus tranquilas aguas nos deja un cantar, un sueño, una ilusión.

Mi Pintor extendió la paleta para que nos conmoviéramos ante los mensajes que cada día nos regala en forma de imágenes, cambiantes y preciosas, de cada segundo de vida, con los ojos abiertos y el alma dispuesta.

¿Para qué sufres tanto, si finalmente el dolor termina?... /pareciera decir.
Disfruta de tu hoy maravilloso, de éstos segundos viendo hacia la montaña, y allá en la inmensidad de mi silencio y el tuyo, me encontrarás.

Un cúmulo de nubes entre blancas y grises, semejan niños danzando sobre la montaña, libres y felices, rodeados de enormes árboles de muchos colores.

Un tigre tras unas ramas jugando con una mariposa, un ave en medio de ellos revoloteando tranquilamente, y sobre el bosque, una mancha entre negra y gris, que semeja una niña disparando una flecha, que  pareciera venir directo a mi corazón, todo a mi derecha, de una o de otra forma, cambiando, según la manera como lo vea, pues las imágenes que pinta mi Jefe son únicas y maravillosas cada segundo.

Describo ahora lo primero que divisé, que es el centro de la imagen, un triángulo perfectamente definido, envuelto en rayos de sol abiertos, como una mano mágica que nos señala, iluminando el camino de cada uno de nosotros.

Pero lo que hay dentro del triángulo es fácil de ver, lo observo claramente, creí que era un montaje, no lo sé, tal vez, es un pequeño bosque que termina en pico, y allí en el centro, adornada de rosas blancas, la imagen de María, tantas veces vista en sueños de unos y otros y dibujada en un rincón de cualquier sombra, con sus brazos extendidos, en posición de infinito amor y ternura, descubro su velo blanco sobre la cabeza, como hecho de nubes translúcidas de la más fina seda, y una corona de oro maravillosa, su traje es azul brillante, rodeada de varios ángeles pequeños. Defino su rostro con una dulce sonrisa, como si acabara de llegar aquél hijo que marchó cualquier primavera, sin decir adiós.

Vuela hacia ella un ave, y ante el ave en posición de oración, hay un niño ángel a mi derecha, más definido y grande, pues claramente veo sus alas abiertas y sus brazos extendidos corriendo hacia ella, feliz como un cervatillo sobre la pradera.

A mi izquierda, un ave que sale de aquel jardín maravilloso, está volando mucho más alto, con sus alas de cristal muy abiertas. Primero creí que era una gaviota, pero al ver su pico, detallo a una golondrina muy niña, con una mancha negra en su cabeza, que se dirige hacia su propio norte.

Arriba, a mi izquierda, manchas negras que presagian tormentas, pero se alejan cada vez más, como pretendiendo dejar sólo amarillos y blancos, entre el oro fundido de sus maravillas.

Un inmenso árbol oscuro, una imagen de un ocaso cualquiera trata de ocultar su mirada, pero ahí está mi Pintor detallando su obra, viendo nuestros propios ojos asombrados de tan magníficas pinturas hechas con maestría de Dios, que se ensaña en regalarnos cada segundo una de sus mágicas creaciones, para que amemos lo que nos ha regalado, el planeta, y con él la vida de todos los seres que nos acompañan un rato por aquí.

Parece la mirada de un águila bajo la sombra de una enorme ceja de hombre, pero tan mansa como la de un cordero, pide a gritos que lo dejen pastar bajo el inmenso árbol de la vida, pues su destino no depende de nosotros, que nada somos, sino que pertenecemos a su creación divina.

Extrañamente, antes de terminar, observo de nuevo su obra y entre unas nubes blancas, con tonos casi celestes, detallo la mirada de una mujer y sus ojos claros como diciendo: “Aquí estoy sobre la cumbre de todo, donde también llegarás algún día, si haces el bien a los demás, como lo pide nuestro Rey”.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, junio 9/13


OJOS (120)

OJOS [120]

Al describir los ojos de Myriam, ¡qué tristes son!
Profundas aguas, donde la luz no penetra,
y el cielo se hubiese oscurecido con temor.

Sofía pinta ojos negros alcahuetes,
se conjuga el amor como un verbo
y tiene ganados a los luceros de la noche,
callan los amantes,
y suspiran entre sus broches,
tristes ojos verdes.

Los ojos de Dora son tímidos y coquetos.
Decía mi padre, que los más enamorados.
Mansos cual gorrión bajo la lluvia,
y llorones cuando se hieren.

Raquel no tiene ojos…
Se los llevó una madre para el cielo,
los suyos son cometas esmeralda que se alejan
para buscar entre la mirada de un cóndor
su consuelo.

Socorro tiene ojos café soñadores,
siempre enamorada de la vida,
deseosa de la pasión que huye en otras naves,
pero quedan prendidos de pequeños faroles
que llegaron desde un vientre a iluminar su vida.

Los rasgados ojos de Olga han llorado mucho,
sus mieles confundidas, miran de un lado a otro,
pero se quedarán entre azules
viendo a una gigante ave de metal que vaga
escondida entre las nubes.

Rosa María tenía ojos negros,
Fueron la luciérnaga de Mami
Que brilló en vida cual lucero tierno
Tintineando campanitas de navidad
En sus recuerdos.  

Los de Sonia enormes y negros,
aquí el amor se fundió en luna llena,
se copió la dulzura de un poema.
Una gaviota de grandes alas los declama
danzando sobre una roca, que a su amor evoca,
causando a quien los ve, más ardor que pena.

Pero los ojos verde esmeralda
con girasoles pequeños en su fondo,
pecas que parecían montañas
que  en lagos inmensos copiaba
la mansedumbre de la vida,

sus ojos volaron de mañana,
se quedaron en el silencio de un amanecer
y tiemblan en las noches,
cuando el cielo oscurece,
copiándose de luciérnagas que levitan
bajo la sombra de los míos,
si a recordar pretendo.

Ojos de mi madre, mis esmeraldas,
¿en dónde están?

Hace un rato me vi al espejo
y me pareció verlos pasar,
advertí que se miraban en los míos
en un lago de cristal.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 9/13