miércoles, 17 de abril de 2013

ROSAS [88]


ROSAS [88]

Ante tu belleza 

doblo el cuello.

Niñas felices, 

perfumadoras del huerto,
engalanan a los novios de placeres
para robarte las espinas
y convertirlas en sueños.

Rosas son el arte del amor,
beso a verso son tus pétalos,
y en un escondido rincón
dorada miel 

para los piratas del cielo.

Que lleguen a tus manos las de hoy;
siempre para ti Princesa mía.
No tengo más, 
sino pensar en ti,
dormida y blanca entre celestes nubes.

Apacible doncella de ojos verdes
tranquila y sosegada en tu balar,
quedando el perfume 
de tu aliento a flores,
que vaga silencioso por mi hogar. 

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 17/13

NO SOY LO QUE ERES/A un ratón [89]



NO SOY LO QUE ERES/A un ratón [89]

Soy una pequeña vida deambulando por ahí,
robando al silencio una nota, 
a la lluvia su transparencia,
al mundo un poco de amor. 

Ratas hay que dañan mi estancia
más no soy yo... sólo un nombre fui,
un niño con alma que no sabe a dónde ir,
pero tu sombra es mi dolor 
y el hierro que me aniquila.

Déjame tomar de tus frutos...
No son tuyos realmente, 
son de mi madre.

Deseo ser cualquier niño feliz para corretear,
que no te asusten mis ojos ni mis manos.
Culpa mía no fue mi traje, 
fue del mismo Pintor que donó el tuyo. 

Y corro feliz, nada sé...
Sólo que me asustan tus miradas,
unos ojos que me odian sin razón,
una espada de doble filo que me hiere
y de a poco me desvanece 
en el espacio.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 16/13

ROSAS BLANCAS [90]

ROSAS BLANCAS [90]

Estaba con esa sensación de palidez que a ratos me toma, pero mi hija dice que es culpa del Internet, reviso los poemas en los que trabajamos, deseo quede perfecto, pero no pude continuar, empiezo a sentir hambre, esa es la sensación, un hambre atrasada, como si faltara una parte de mí, con esa angustia de todos los días y de cada segundo, y en un instante ya no estaba aquí.

Era otra casa, una enorme casa de campo, recuerdo que todo estaba empedrado como si viviera en ese sitio con mi familia, pero no estábamos todos, recuerdo a Socorro y a Pablo, el resto de gente no sé quiénes eran.

Y la veo a ella por ahí como siempre, caminando, riendo, hablando cosas bellas, enseguida me levanto y la abrazo, ¡me siento tan feliz de tenerla!, de sentir su tibieza, de estar de nuevo entre sus brazos que empecé a reír y a conversar de cosas que no recuerdo, pero otras se quedaron en mi pensamiento.

¿De dónde vienes madre? –le pregunté-

-Estaba por ahí buscando flores, y mira la que te traje, vamos a sembrarla.

Fuimos todos y ella se arrodilló con una begonia, ahora recuerdo que era esa flor de las que ella tanto cultivó, parecían grandes campanas de hojas gruesas y  era feliz cuando veía sus brotes, estaba marchita y Socorro le dice: ¿Mami, para qué va a sembrar esa flor marchita ahí? , no luce con el jardín, y ella, así como siempre, pero ésta vez  un poco enojada le responde: ¡Déjeme sembrarla, todas las flores son hermosas en el jardín, cada una de ellas tiene la misión de adornar y hacernos sonreír, ninguna es más bella que otra por más pequeña e insignificante que parezca!

Mi hermana no respondió nada, ella continuó ahí en ese pequeño jardín donde solo veía tierra revuelta y de pronto dice feliz: ¡Miren!... ¡Un ramo de rosas blancas!, ¡qué hermosas son!...

En ésta parte del sueño empecé a llorar mucho, me pregunté si estaba soñando o era verdad, pues sus palabras habían sido escuchadas en otro sitio. Ella me dijo que deseaba cuando muriera que la vistiéramos de blanco, y que en sus manos llevara un crucifijo, un rosario y muchas rosas blancas.

Miré a mi hermano, nos abrazamos y empezamos a llorar …

Estoy despierta, pero sentí que mi madre estuvo conmigo, me abrazó y hablamos, su tibieza está aquí, siento que ella puede venir cuando desee y me puede consolar. 

Es triste despertar con mi realidad de nuevo y saber que sólo la veré en sueños.

No hay olor a rosas… sólo su esencia de ángel brilla por aquí.

Casualmente el día de su muerte mi primo Jairo llegó con un ramo de rosas, a visitarla, él siempre le había llevado muchas flores de todos los colores, pero ese día, no comprendo la razón, escogió blancas, y esas eran las que ella me pidió que le colocáramos, no lo olvidé.

Todas las rosas blancas se fueron con ella. 

Se veía linda, parecía una doncella rejuvenecida, su piel era la de una niña, fresca y lozana.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 1/13


SOÑAR [91]


SOÑAR [91]

Cielo mío, 
pedazo de cariño de otra;
embrujo negro que me roba el corazón:
deja una nota de tu pluma, sólo una
para saber que estás 
y no has marchado.

Dulce amor, que de la tarde mis quebrantos,
¿en dónde estás, que no reparas en mi llanto?

Si te contara que a ella vi ésta tarde,
se abrazó conmigo, 
sembró una flor en mi jardín
y nos dijimos lo tanto que nos amamos.

Pero desperté otra vez...
Mis delirios me están volviendo loca,
no estaba aquí ni allí.
De nuevo estoy sola en mi sillón
con tantas palabras en la boca.

No respondas, no digas nada...
Alguna vez un poema nos confesamos,
al hablar con los ojos nos sentimos solas
y al tomarnos de las manos, 
nos separamos.

Linda soledad me acompaña,
es bello saber que no tengo a nadie,
nada vuela por mi casa... nada pasa...

Todo se fue y pronto marcharé del nido
sin ver tus ojos negros de azabache
que a veces me desvelan, 
y otras, cierro los ojos para divagar lejos
tan lejos de mi propio yo, 
que voy contigo.

Y en éste blanco aposento,
en éste cuadro de blancas amapolas
la vida como un sepulcro se presenta,
nos muestra la radiante luna de un momento,
y al segundo, sólo lluvia tempranera al paso de un alma sola;
de la novia blanquecina que al sol siempre espera.

Escucha amor mío, pero no digas nada,
no es necesaria una respuesta.
Vano es pensar que ella regresa, 
inútil es llorar y reír.

Pero al despertar 
no sabemos si estamos aquí
o vamos a otro sitio si dormimos,
o si la muerte es un despertar lejano
en otro hogar, en otro jardín 
al cual pertenecemos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 16/13