jueves, 8 de diciembre de 2011

COMO UN AVE (62)

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Como un jilguero te llamo
Como una alondra te espero
Como un mirlo te imploro
Como una paloma te arrullo.

Como una gansa nado por ti
Como una golondrina  te adoro
Como un sinsonte te digo
Que si te alejas muero.

Como un alcatraz  viajo
Sobre el celeste cielo
Y entre cantos de zorzales
Te diré de nuevo: “te quiero”.

Como un cisne te amo
Y moriré si te mueres
Viajaré hasta encontrarte
Sobre las blancas nieves.

Y si al volver el rostro
Descubro que te pierdes
Te llamaré  como un águila
Te aferraré  con mis garras
Me nutriré contigo
Para tenerte por siempre.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 7/11

VOLANDO (63)


Hoy me siento en otro cuerpo
La mente vaga en otro cerebro
Mi sonrisa la descubro hueca
Sobre una tumba fría...

Aquí estoy... 
Mis sentidos viajan sin retorno
Un sentimiento ajeno a mí
Un dolor insoportable que no pido
Un vacío en mi corazón que nada llena.

Mis manos extendidas al horizonte
Mis piernas, mis ojos y mi boca
Ya no son mías,
Le pertenecen a ese algo que me toma
Que me aniquila poco a poco
Aunque lo contrario diga.

Cura mis heridas de momento
Sana mis pensamientos...
Pero ellos acechan de nuevo
Se encadenan a unos brazos ajenos
Y mi boca helada pareciera de nieve
Que poco a poco penetra en mí
Cual dura roca de mármol.

Extiendo mis alas, me elevo
Sobre una suave sábana blanca
Envuelta por un interminable azul.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 5/11

SIN SENTIDO (64)


SIN SENTIDO (64)

Traté de contemplar la cristalina fuente
Me senté de nuevo, tal vez estaba enloqueciendo
Muchas incoherencias, dolor de cabeza.

Últimamente poco había dormido
Pero ahí estaba sobre una gran roca 
Besada por una enredadera.

Tal vez los años, el cruce de la esquina que se acerca
La mirada hacia el vacío, las historias repetidas;
Aquéllas que ya cansaban,
Pero eran compañía en medio de la soledad.

Nuevas palabras, más no llegaban…
El agua caía repetidamente sobre las hojas,
Una melodía acariciaba la mente;
Un beso de rocío resbalaba sobre una flor.

La música, la fuente cambiando de lugar…
Los pensamientos de loca, sin sentido…
Aquí estaba de nuevo, no había musa
Escondida estaba entre los pedregales 
Me sentía cansada...

¿Qué sentido tienen las palabras?
¿Escribir  un poema a quién le importa?
Pueda ser que por lástima lo comenten
Y estaba aquí necia otra vez sobre la gris piedra
Repitiendo las mismas tonterías.

La misma lluvia, la hiedra con olor a bosque,
El musgo gris escondido entre las grietas
Y la mirada ausente y triste...
¿A quién importaba?

Vanas palabras repetí, vacía historia sin sentido
La cursi llenando una mortaja
Con el motivo del silencio, en el mismo dolor de cabeza
Que había quedado en el párrafo anterior.

El mismo calor que pareciera reventar cráneos 
No te deja pensar
Y el hastío, esto era lo que pasaba…
¿Por qué no me había dado cuenta?

Agaché un poco la mirada
Un cachorro me observaba en silencio
En una súplica, y comprendí entonces
Que no me había percatado de su brillo
No estaba tan sola y tampoco loca,
Sólo un poco distraída.

Las navidades suelen ponernos así.
Tomé un cigarro, hace mucho no enciendo uno.
Alcé de nuevo la botella de vino y en un brindis silencioso
Recordé que la copa que alguien levantaba
Tenía todo lo que deseaba y éste era el motivo de mi tristeza.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 5/11

ÉRASE UNA VEZ UNA POTRANCA (65)

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ERASE UNA VEZ UNA POTRANCA (65)

Había un caballo lentísimo  y una potranca veloz que se las pillaba todas en el aire… Cierto día Caballo Veloz con sus acostumbradas bromas y su aparente estado de ánimo jovial y alegre, invitó a  Potranquita a una sesión de galantería, a la que ella gustosa, pues pasaba muchos días solitaria y en completo abandono aceptó con el mayor de los agrados; hasta  creyó que se había enamorado de semejante espécimen de gran altura, un buen caballo tipo argentino, pensó ella un poco menuda, /pero lo que no tenía en estatura tal vez lo tenía en sagacidad.

“Caballo Veloz” que en realidad era llamado así por su pereza y lentitud para comprender a  Potranquita,  un día muy enojado con ella decidió saltar la cerca donde juntos pasaban de vez en cuando momentos agradables, y se fue a la finca de un compadre donde hacía reír mucho a los caballos y yeguas de allí, con una que otra burrita que también le seguía los pasos; pero no sabían ellas lo que la yegua sí… que era malgeniado, soberbio y arrogante y que en cualquier momento daría una buena patada en el rostro a cualquiera de las que  descubriera su verdadero interior  y le dijera alguna verdad en espera de una respuesta…, pero él siempre saltaba las  cercas sin explicación, siempre era el mejor y todas las burras que lo rodeaban eran de la mejor calidad, (aquí en Colombia un cruce de caballo con yegua suele ser más valioso que cualquier caballo argentino, pues  una mula es un verdadero tesoro para cualquier campesino, es fuerte, hermosa, noble y cálida, es capaz de agacharse para que un anciano pueda subir fácil sobre su lomo, inclusive se arrodilla cuando lo cree necesario, pero una mula se hace respetar, ella no puede tener hijos, aunque en Antioquia han inseminado y han logrado sacar cría a una mula aunque digan que es imposible).

Pues bien, Potranquita había logrado parir dos mulas y un mulatico hermosos, lo más bello que poseía en su vida, su semental hizo eso, un buen semental y ella lo sabía, pero también sabía que  detrás de su semental había un  hombre que la conocía perfectamente, que ni se inmutaba si la veía hablando con caballos  de otras fincas  pues conocía del valor de su yegua, lo que “Caballo veloz” realmente no conocía de ella,  lo conocía “Semental”… pero ella quería  demostrar que  podría poner sus ojos en “Caballo Veloz”, que él sería mejor que “Semental” y se inició un romance que terminó así:

Caballo veloz, relinchando con sus burras en el potrero del compadre  y enredando de vez en cuando su vaina en cercas muy altas y alambradas  y Potranquita sonriendo de la vida, pues se dio cuenta que era mejor quedarse quieta en su establo con “Semental”, al fin y al cabo era el padre de sus mulitas y su muletico, ¿para qué buscaba enredarse más la vida?

Ésta película la vi ésta semana, parecía  de la época de las cavernas, donde cada locura con un nuevo bolillo prehistórico nos hace reír a carcajadas pues alimenta el espíritu y no nos quedamos dormidas esperando que del cielo  nos lluevan bienaventuranzas.

A lo lejos… en una noche de luna llena mirando a las estrellas… aún escucho ese relincho, me hace sonreír y un pequeño golpe siento en mi corazón, ¿será que la película es en blanco y negro y es cine mudo y comprendí mal el mensaje?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 5/11

 .Éste sin sentido... sólo lo entiendo yo. 

A César Abraham Vallejo Mendoza (66)

A Cesar  Abraham  Vallejo (66)

Vine a traer mis violetas
Esencias  de amor sobre una tumba fría,
Regalos tras la muerte, amantes soñadoras
¡Soy una de ellas quien por ti suspira!

¿En dónde estabas amante de la mirada triste,
Si  en mi espacio, errante volaba  una  golondrina?

Si  he de morir hoy  que sea recordándote
Desde  mi plácido aposento de mirada esquiva,
Sintiendo viajar mi  aura detrás de tu  gaviota.

Déjame poeta  suspirar por ti
Mis enaguas viejas están cansinas
Mis ojos como los tuyos son muy tristes
Mi  corazón vacío de amores ciertos…

Más hoy quiero dedicar mi último verso de amor
A un gran hombre; el mejor juglar  afligido,
Quien  me inspiró una última primavera
Sobre la roca dura y cruel de la existencia efímera.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla- Colombia
Septiembre 26- 2011

A César Abraham Vallejo Mendoza (67)

Un poema de Raquel Rueda a Vallejo (67)


A César Abraham Vallejo Mendoza (67)


Tu mirar oscuro, impenetrable
donde el dolor se acuna irreverente;
son las llagas de la vida que consumen,
el látigo del hambre que corrompe,
las úlceras en los pies que te aniquilan.



¡Qué impuro es el dolor! ¡Cuánto lastima!
Manos que se crispan impotentes
sobre un rostro adusto, casi triste.



Ojos de mirar impávido
ya no observan mocedades,
los indios como las hojas pisoteadas.



Ya marcharon tus vírgenes, las que te amaron,
pero también en duelo de cigarras
tu alma convirtieron.



¡Ya se fueron! ¡No retornarán sus pasos!
Quedaron tus palabras cual diamantes
hoy se pulen ante ojos que no veían,
tienen brillo de estrellas en oscuras noches.
¿A un poeta como tú, cómo le escribo?



Eres el amante de las noches frías,
sólo luz en medio del dolor y la neblina,
eres magia donde se ocultaron las tristezas.



Has vertido ante mis ojos tus bellezas,
hoy las uvas verdes se nutren con las rojas
convirtiendo tu vaso en elegía,
donde se pintan de tristeza tus poemas.



¡Qué falta hace un poeta como tú!
Hay aridez dentro del hombre,
se siembran las semillas de la guerra
donde mueren jóvenes sin balbucear palabra
ni levantar sus brazos ante el alba.



Ya murió el poeta, el que en carne propia
sentía los dolores de la tierra.
Marchó sobre las blancas nieves del silencio,
se perdió sobre su propia palidez.


Raquel Rueda Bohórquez (Colombia, septiembre de 2011)