domingo, 24 de julio de 2011

SUEÑOS VANOS (271)

SUEÑOS VANOS (271)

Volaron los blancos cisnes.
de tanto que hubo ayer, se cansaron.
De tanta lluvia también, 
se han secado los huertos,
y desamor se volvió verano.

De tanto soñar estoy aún despierta.
Besos del ayer entre rosas pálidas,
los de hoy se los lleva el viento
el amor sincero..., otro sueño vano.

Tanto dejé escrito en versos
sobre tu piel canela que amaba...
Te envié el amor en un sobre cerrado
 se resecó en el  tiempo.
Miré el ayer, pero nunca estabas,
otros leyeron mis cartas
y de mí se burlaban.

Viajaron contigo los flamencos...
Nadie escuchó "por ti volaré".
Inventé un cuento sobre un pez
y un ave que se volvió poeta...

¡Tanto sembré sobre terrenos falsos!
Historias de amor que mi mente urdía,
beso abrazador convertido en llamas
más miré de nuevo...¡y tampoco estabas!...

Quise abrazar un fornido cuerpo,
una boca que invitara un trago.
Quise saborear del vino entre tus labios,
miré mi faz que también lloraba.

Me perdí queriendo ser feliz...
Sólo nube era tu cuerpo,
se esfumaba cuando te abrazaba,
y mi boca tenía olor y sabor a muerto
de nuevo sobre tristes sábanas.

Quise huir de éstos sueños vanos.
Miré de nuevo el cántaro vacío,
mis ojos destilaban fuego,
se perdían entre nubes viajeras,
se fue mi amor,
y quedé sin nido.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio  29/11

ESPERA (272)

ESPERA (272)

Espera dulce amor 
que apareces tibio y blanco,
más verdes son tus vestiduras...

Las mías desean arroparse con las tuyas.
No importa, grité un adiós al ayer,
te dejé volar tranquilo hasta tu llano.

Vino suave desde los cristales de tu boca.
Mira cariño, hoy diviso un horizonte:

Dulce calor  sobre tibio aliento,
hasta ti llegué de rapaz ave,
arañé tu corazón y me quedé contigo.

¡Cómo deseo quitar tu coraza!
Ese traje gris que me parece ausente,
si vieras un poco el alma que te ofrezco
calmarías tu sed sobre mi rica fuente.

Déjame tocar tus dorsos fuertes,
gigante soñador de versos alegres,
entre sonrisas te dibujé amor mío
y escribo poemas, 
sólo por verte.

Ven payasito tierno de mi vida...
¡Ni te creas que dejaré la flor que me ofreces!
Caballo viejo, trotón, anciano atrevido,
gracias a ti, mi jardín se volvió verde.

Miraré el llano contigo...
Trotaré sobre tu vientre,
dejaré que quites mis vestidos
sola estoy aquí...¿por qué no tenerte?

Ven mi viejito soñador...
Vea que hacemos buena pareja,
glauca es el aura de tu rincón,
mi alma blanca se tiñó de tus colores
y mi corazón se viste con tus sueños.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 29/11

LLAMA VIVA (273)


LLAMA VIVA (273)

Lo intenté,
la vida sobre mi vida verde...

Me llamaron de nuevo los rosales,
los cañaduzales mecidos por la brisa.

El amado sol me veía al rostro...
Su esplendor era divino;
 oro sobre los cerros,
único verso real
que iluminaba el cielo
para dormir en un lago.

Me posé ligera...
Busqué de nuevo el encino,
el más alto y hermoso,
desde donde mis ojos te divisaran
y tu voz escuchara.

El llamado de la brisa te atrajo.
Inicié de nuevo el errante vuelo,
mi interminable viaje por la vida.

Sol: ¡quémame!,  ¡acaricia mi piel!...
Ardo de amor sin consentir.

Eres tú mi verdad.
Sé el volcán que penetre hasta mí
que se derrita en la nieve 
y se entibie en mi corazón.

Acércame voz, 
a esa eternidad tuya
que se mueve entre la clara luna
y nuevamente me desvela...

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio  29/11

OTOÑOS (274)

OTOÑOS (274)

Dime si te llega el amor,
si los tibios besos míos,
mis manos acariciándote;
los toques, mis mordiscos,
mis piernas cual pinzas
sobre tu envejecida espalda.

Dime: ¿mis masajes no los sientes?
Tu cuello aún fuerte, 
tu mirada aún juvenil,
brillo de hombre amado y consentido,
mi lengua sobre tus labios con sabor a vino
¿aún no la puedes sentir?

Dime si encendí tu llama nuevamente.
Brisas de un nuevo y último otoño.

Si tu hoja cansada cayó,
mis manos cual suave remolino,
¿aún no revivió?

Dime cariño mío, 
corazón de niño grande,
beso que no toca tus labios,
manos que no te acarician,
mente poderosa que viaja a tu rincón:

¿Ésto también es amor?

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio 30/11

MIS ESTACIONES (275)

MIS ESTACIONES (275)

Que mi cuerpo atrape tus otoños,
que el invierno  de tu boca
apague mi sed de verano...

Tus manos sean primaveras eternas,
y mis labios sólo miel
dorada, encantadora, suave,
para el colibrí de mi pasión
que se posó sobre mis verdes prados.

Que sean mis sueños los tuyos...
Aún si los instantes son efímeros,
sol candente sobre las nieves,
luna suave sobre mi ventana...

Que sigas siendo la motivación,
resecos veranos lo advirtieron.

¡Oh!...  ¡Boca mía sedienta de la tuya!
Apaguemos la sed entre los dos,
calma el dolor de mi locura
dentro del lago de rojo color.

Que la brisa me traiga tu agudo canto.
Mis alas esperan el vuelo eterno
abrigada con tus aceitunadas alas.

Que algún día,
no importa si es soñado,
al asomar a mi ventana
seas tú el dulce visitante
besando la orquídea que te esperaba...

Que no muera sin antes verte...
Aún así me esfumaré hasta tu lago.

Tempranera mariposa
besará suavemente 
tus dolidas llagas.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, junio 30/11

ENTRE NUBES BLANCAS (276)



ENTRE NUBES BLANCAS (276)

Qué pronto cesaron las sonrisas...
Multitudes parecían felices
instantes, ruidos perdidos;
se fueron las gaviotas nuevas,
las viejas fallecieron...

Instantes atrapados,
caminar hacia el amor
desde fuentes de azules versos...

Heme aquí  moribunda,
decidí sin alas arriesgar la vida...
Desde las alturas caí sobre tus otoños
y fueron ellos quienes me salvaron
me anunciaron que llegó la hora...

Un aura apareció en el horizonte
era la tuya, real y palpable;
lo mío era un sueño más,
y lo tuyo, tal vez una aventura
que me dejó la herida que faltaba...

Te busqué entre las espumas...
Vertiginosas corren por las laderas
se pierden en abismos
disfrazados en iris de colores...

¡Qué gran vacío! ... allí me vertí de nuevo...
Era el canto de las aves un ánimo,
una esperanza desde el mismo árbol
donde me anunciaban que mis locuras
siempre me llevarían a ese lugar
ahí las llagas se abrirían profundo,
desangrarían en la ilusión que me quedaba.

Una luna nueva aparece,
pero no es nueva es la misma,
con el frío de la tarde que cala mis huesos
divisando de nuevo la vida sin ti...

¿Quién entiende los caminos?
El delfín rosado que me ilusionó
quería mostrar ese pasaje oscuro
de vida imaginaria a donde llegaría al fin.

Ni una rosa enviaste...
Sólo besos de mentiras, pero los recibí,
los sentí a pesar de que todo era vano.
Dancé con la música contigo
mis brazos me abrazaban
y los besos se elevaban entre cometas
los ojos se llenaban de un brillo extraño
que miraba hacia el lugar del olvido.

Tristeza... ¡qué vida mía! ...
Opacada en los silencios eternos de la soledad
con la música divina llegando a mi oído,
los ojos extendidos hacia el infinito
sobre esteros pálidos que llegan al mar
y me dicen que un nuevo día llega
pero para mí... ¡ya no hay más!.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 1/11

LOS OLVIDADOS (277)


LOS OLVIDADOS (277)

Miraban a los ojos sin temor,
llevaban una tímida sonrisa,
un chiste fresco cada mañana
una voz sonora,  
alegre, de campana...

Sus brazos eran fuertes, semejaban lianas;
cargaban el machete, el azadón y la ruana,
besaban como los dioses,
adoraban a sus damas...

Despertaban con una carranguera a sus muchachos:
¡A trabajar verracos!... ¡a ordeñar huevones!
¡Se les va a meter el sol por el lado oscuro!

Con un pellizco en las nalgas de sus damas
se tomaban antes de su caldo mañanero,
un suave tinto hirviendo que regaban en sus ruanas,

Los vi mirar al horizonte cada aurora...
Al atardecer que se esfumaba entre sus manos;
se arrodillaban a orar antes de cada ración
y antes de cada salida de sol.

El grillo aún dormía, más ellos estaban despiertos,
sus cultivos éste año prometían saldar deudas,
su vaca dorada tenía grandes y promisorias tetas,
el balde de las cabras estaba rebosante y espumoso,
sus niños mamaban directo de ellas...

Regaban los verdores con cántaros al viento,
cantaban con las aves, con el tiple y la dulzaina.

Sus coplas los hacían sonreír
eran juegos de niños grandes
y sus miradas eran de estrellas,
suaves estrellas con miradas cándidas...

El canto del paujil anunciaba una tormenta,
el guacharaco espantado levantó vuelo,
el tucán no lanzó la jugosa fruta antes de devorarla,
los perros aullaron a la luna.

El gallo cantó sólo una vez,
y van dos... van tres...
Las mujeres no pudieron gemir,
los niños palidecieron sin gritar...

Los brazos divinos y jóvenes
yacían cual burdos pedazos de carne sin vida
mientras vivían su hoy 
imaginando un mañana mejor...

Me hablaron de sus sueños...
Fantasías pequeñas, como una vaca lechera,
una mulita joven que llevara sus cargas,
unas tejas para tapar sus goteras,
una ruana pa los chinos,
un vestido nuevo lleno de guirnaldas
y un carmín para su amada...

Los vi, tenían  ojos de fuego,
llevaban botas, grandes botas encauchadas,
fusiles hostiles y duras miradas,
odio encendido en diabólicas risas que estremecían...

¿Quién dijo miedo?
No existía, el terror se asiló en sus ventanas...
Hoy los vi cargados en camiones
semejaban bultos de sus cosechas de año nuevo
lanzados uno sobre otro,
arrumados y fríos con la boca abierta
y la mirada extendida...

Sus cristales no veían
se perdían en el horizonte de cara enmarañada.
Sus trapitos viejos ensangrentados,
sus brazos otrora fuertes 
quedaron suspendidos,
rígidos... fríos,
como en  oración a la Virgen María.

Los sueños ya no fueron...
Sus tierras ardían con sus cultivos prometedores,
la casa hermosa qué bien conocía,
una piscina inventada con el arroyo
cristalino que bajaba del cielo,
parecía un lago rojo de sacrificio de corderos...

Testículos mutilados...
Niños olvidados, el hombre y su maldad...
¿Quién puede olvidar los horrores cometidos?
Un fusil mirándote a la cara,
unos ojos sin profundidad y sus palabras:
"Tú no has visto nada".

Y eran todos mis amigos,
mis amados amigos campesinos
uno a uno sin escoger...

La ruta del ferrocarril era su asunto hoy.
¡Por perros!... ¡por hijueputas!...
¡Por brindar un café a quien no debían!
¡Porque sí!...

El hombre es el único ser 
que puede gozar con el dolor,
su maldad y perversidad penetran cual daga
y se queda en sus corazones indolentes...

Y se fueron todos...
Recuerdo sus miradas, idas... vacías... 

Sin pronunciar un nombre
ni sostener una mano amiga
que finalmente cerrara sus párpados,
ni un sólo beso suave antes de su viaje,
ni antes de que el grillo anunciara
que las cosechas de éste año,
serían las mejores...


Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, julio  2/11