LLAMA VIVA (273)
Lo intenté,
la vida sobre mi vida verde...
Me llamaron de nuevo los rosales,
los cañaduzales mecidos por la brisa.
El amado sol me veía al rostro...
Su esplendor era divino;
oro sobre los cerros,
único verso real
que iluminaba el cielo
para dormir en un lago.
Me posé ligera...
Busqué de nuevo el encino,
el más alto y hermoso,
desde donde mis ojos te divisaran
y tu voz escuchara.
El llamado de la brisa te atrajo.
Inicié de nuevo el errante vuelo,
mi interminable viaje por la vida.
Sol: ¡quémame!, ¡acaricia mi piel!...
Ardo de amor sin consentir.
Eres tú mi verdad.
Sé el volcán que penetre hasta mí
que se derrita en la nieve
y se entibie en mi corazón.
Acércame voz,
a esa eternidad tuya
que se mueve entre la clara luna
y nuevamente me desvela...
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 29/11
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