miércoles, 9 de septiembre de 2015

OTRO AMANECER [50]

OTRO AMANECER [50]

Otro día, ayer pensaba en todos los que huyen, y también pedí a Dios que no seamos ajenos a sus prisas, un descanso para una oración, que sigan abriendo puertas y oportunidades a quienes no las tienen.

Se nos envían mensajes cada día, por aquí nadie pasa por santo, porque todos somos seres humanos, ni siquiera la Vieja Pacha que es una sinvergüenza amangualada con ella misma. Palabras viejas se han quedado en presente, distancias que se acortan con un: te quiero, y la dicha de estar en este segundo, ojalá por mucho tiempo, en ésta historia maravillosa de vivir, bordeados por dos mares y un cielo maravillosamente azul.

A veces estoy deprimida, ¿acaso no sucede a todos?, nos creemos fracasados, pero somos realmente bendecidos porque no tenemos esos afanes que a otros motivan, cuando se dan cuenta ya están viejos, con las rinconeras llenas de un mundo de obligaciones impuestas, nos enteramos tarde que con poco o casi nada podemos vivir, decido matar a depresión y enviarla lejos de mi existencia, porque de nada me sirve si no puedo sonreír, así no deseamos vivir, y estar aquí ahora, es la fortuna más grande que poseo.

Mi viejo tenía mucha razón, vivimos preocupados por cosas, por un piso nuevo, por lujos y vanidades que jamás nos harán mejores que el campesino que se levanta desde el alba a bendecir el huerto, y a cantar con los pájaros.

Importante este ahora, ¿sabemos acaso nuestro próximo paso hacia donde nos llevará?, es importante que no mostremos tanta vanidad ante la gente pobre, debemos vestirnos sencillos cuando visitamos a un enfermo, o cuando vamos a un velorio, porque no está bien visto andar aparentando, cuando otros lloran sus angustias y sus necesidades, en tanto vamos como a fiesta, con tanta arandela colgada de un cuello vanidoso, y de unas manos demasiado engatusadas.

No gastemos dinero en tantas flores, eso es un negocio, mejor reunamos éste dinero para ayudar a la familia, o a la persona que pasa por nuestro lado y que con vergüenza nos mira, con temor cierra la boca, sabiendo que está con hambre y por pena no se atreve a decir a nadie que está con el estómago vacío y las tripas pegadas al corazón.

¡Sean humildes siempre hijas mías!, la soberbia y la vanidad los harán odiosos ante otros, siempre sean ustedes mismas sin importar lo que otros piensen, jamás alardeen ante los pobres,  sólo lleguen con las manos llenas si pueden, y lo poco o mucho que den, jamás lo divulguen, porque será obra perdida, esto nos decía mi viejo, y es hermoso recordar sus  palabras para poner en práctica, pues a veces olvidamos que para vivir no necesitamos tanta basura.

En esto y más, agradezco por la oportunidad de éste día tan hermoso, hoy no me duele nada, dormí en el piso varios días, y me di cuenta que ahí también duermen muchos que no tienen cama mullida, es bueno saber lo que otros sienten, pero si agregamos el frío de la noche, seguro que veremos con más respeto a quien duerme en un parque o en un rincón, a escondidas de tu mirada, el dolor de cabeza cesó, bien estirada en un piso frío, sin pensar en nada, imaginando bosques, praderas, cantares, ¿para qué más?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 9/15



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