miércoles, 15 de julio de 2015

DOÑA ESCOPETA [45]


DOÑA ESCOPETA [45]

Doña Escopeta cargó bien la lengua, había mucha tela por cortar, y en mi cuadra es de temor salir a la vecindad, porque si compras toallas para secar el rostro,  es que no vas para odontología, sino para un asilo donde hay muchos árboles a la entrada, luces en el techo, televisión con cine rojo y muchos espejos dorados.

-¿Cómo sabe doña Escopeta esto?, ¡eso es que ya ha ido a esos lugares!, nadie la vio jamás entrar a uno de ellos, pero el repique de lenguas es un avispero por estos lares.

-Luego de eso,  dijo misia Aristocracia  que éste angelito había dañado también el matrimonio de Doña Escopeta, pero esa vieja parecía era un cañón, y con su lengua viperina mi honra destrozó.

-¡Para que vean como son los chismes comae!, pero no contaron que ella sí que era zorra vieja y con su hermano hacía fiestas, el pobre no sabía que entre lobos andamos, y las cagadas como gato, nos tapamos...

Ahora que abrí la puerta, vi el ojo de Misia Candelaria fisgoneando por ahí, ¿será que imagina que soy como ella?, recuerdo que un chisme de barrio llegó a mis oídos, Doña Inocencia amiga y comadre, le dijo al compadre Pietro de las Mercedes que la susodicha aquí presente, también le había dañado el hogar, pero si mal no recuerdo, ese hogar estaba más puteado que las gallinas de Serbio, que ya lleva 3 días perdido en parcela trabajando como buey, para traer huevos criollos y roncar hasta el amanecer.

-Mi hermano tenía una tienda comae, y ahí llegó el militar pero le echó el ojo a mi hermana Cuchía,  pero una vez vio a la susodicha organizando drogas en un almacén y adivinó que hasta buen trasero tenía, se hizo el enojado, ¡y hasta el sol de hoy vida mía!

-¿Comadre recuerda el sillón rojo que miaron los perros? ¡jajajaja! Comadre sí que recuerda detalles pequeños, por eso es que nos amamos... había una medio puerta al patio y el viejo con calzoncillos como un colador, se las picaba de conquistador, viendo cómo gruñían los perros..

Hay tantos recuerdos que en vez de llorar, llegan carcajadas, y en el camino se ve cómo se recibe la paga.

-¡Eso sí es cierto comadre!, ¿en ésta esquina no vivía una gordita que se fue  con un muchacho como 20 años menor que ella?

-No comadre, ¡ya calle no se desboque!, mejor hablemos de don Eufrosio que no aquieta la jeta y va de parranda en parranda contando lo que no debe, porque es que comadrita, a la familia, toca dejarla quieta y guardar muy bien su honra, ¿acaso a nosotros qué nos importa la vida ajena?

Si vuelve a mi casa a traer y llevar chismes, eso sí comadrita le agradezco que se regrese por donde vino, porque si entre todos nos damos leña,
¿cuándo brindaremos con buen vino?

Verdad, ¡salud comadre!,
¡hasta el próximo chisme!


Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, julio 15/15

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