sábado, 30 de julio de 2011

AMOR PLATÓNICO (133)


AMOR PLATÓNICO (133)
Publicado pors en abril 20, 2011 en 5:30pm


Busqué el más gigante y frondoso árbol,
viajé al Chicamocha y desde allí
quise encontrarte en la brisa fresca,
junto al río Suárez que rebosaba de fuerza y poder.

Después anhelé abarcar un poco más,
casi hasta tocar las nubes te busqué.
El horizonte estaba gris y nostálgico,
quise huir aprisa pues no quería estar así,
pero una ráfaga fría me ahuyentó 
hacia el espejo que formaba una gota de rocío
en el corazón de una hoja.

Seguí elevándome... 
Me dejé llevar ésta vez,
era pluma mecida por el destino,
caí cerca de una selva sembrada de cardos,
pero no me lastimé ni siquiera el pico.

Me levanté de nuevo,
me acarició el perfume de las flores,
¡era tan grato! , tan dulce,
tan franco el sentimiento
que me abandoné y no quise volar más...

Creo que el cansancio
permitió al fin que durmiera.

Al despertar, 
entristecida de nuevo
abrí los ojos,
¡Increíble!
estabas ahí,
sobre la misma rama en donde decidí al fin
abandonarme a la luz divina.

Te miré por primera vez,
tus ojos negros
estaban llenos de espejos y sueños.

Batí mis alas como en un arrebatador impulso,
realicé pequeños saltos
torpemente y temblorosa,
casi caigo nuevamente
tú sonreíste,
tu canto melodioso,
me llenó de vida.

Ni en mis sueños
había escuchado un trino más  bello
todo era divinidad.

Te acercaste a mí con tus alas extendidas,
eras el iris ante mis ojos,
envuelto en cristales de colores

Danzabas aprisa... 
tus alas parecían de colibrí besando flores,
pero eras tú.

Mientras tu aleteo besaba mis humildes plumas
me abandoné de nuevo a la luz que se colaba entre mis ojos
y dormí esta vez para siempre.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, abril 20/11

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