AMOR PLATÓNICO (133)
Publicado pors en
abril 20, 2011 en 5:30pm
Busqué el
más gigante y frondoso árbol,
viajé al Chicamocha y desde allí
quise encontrarte en la brisa fresca,
junto al río Suárez que rebosaba de fuerza y poder.
Después anhelé abarcar un poco más,
casi hasta
tocar las nubes te busqué.
El horizonte estaba gris y nostálgico,
quise
huir aprisa pues no quería estar así,
pero una
ráfaga fría me ahuyentó
hacia el espejo que formaba una gota de rocío
en el corazón de una hoja.
hacia el espejo que formaba una gota de rocío
en el corazón de una hoja.
Seguí elevándome...
Me dejé
llevar ésta vez,
era pluma
mecida por el destino,
caí cerca
de una selva sembrada de cardos,
pero no me lastimé ni siquiera el pico.
Me levanté
de nuevo,
me acarició el perfume de las flores,
¡era tan
grato! , tan dulce,
tan franco
el sentimiento
que me
abandoné y no quise volar más...
Creo que
el cansancio
permitió al
fin que durmiera.
Al
despertar,
entristecida
de nuevo
abrí los
ojos,
¡Increíble!
estabas
ahí,
sobre la misma rama en donde decidí al fin
abandonarme a la luz divina.
Te miré
por primera vez,
tus ojos
negros
estaban llenos de espejos y sueños.
Batí mis
alas como en un arrebatador impulso,
realicé
pequeños saltos
torpemente
y temblorosa,
casi
caigo nuevamente
tú sonreíste,
tu canto
melodioso,
me llenó
de vida.
Ni en mis
sueños
había escuchado
un trino más bello
todo era divinidad.
todo era divinidad.
Te
acercaste a mí con tus alas extendidas,
eras el
iris ante mis ojos,
envuelto
en cristales de colores
Danzabas aprisa...
tus alas
parecían de colibrí besando flores,
pero eras tú.
Mientras tu
aleteo besaba mis humildes plumas
me
abandoné de nuevo a la luz que se colaba entre mis ojos
y dormí esta vez para siempre.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla,
abril 20/11
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