miércoles, 9 de diciembre de 2015

HOJA SECA (41)



HOJA SECA (41)

¿Cómo decir que no te amo,
Si me sorprendes cada amanecer?

¡Cómo, mi amor encendido!,
¿Si me regalas un sol cada atardecer?

Y tú, cada vez te alejas más y más;
Pareces el humo de un cigarro:
¡Me dejas el olor y te vas!

Pero ahora,
¿A quién puedo amar?
Mi carne duele,
Pero mi corazón está a reventar.

Y me paseo, soy una hoja seca,
En tu brisa decembrina.

Enamorada vivo de tus aires
Joya preciosa que me adivinas.

Un espejo es la vida,
A donde nos asomamos con timidez;

Pero luego,
Si una hoja es mi rostro;
¡Ahí mi amor te escribiré!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 12/15



DEMONIOS EN MI CASA (42)

DEMONIOS EN MI CASA (42)

Había olvidado "cositas" que sucedían en mi casa. Escribo aquí por una razón: hace rato dejé de usar libretas, mi borrador es cada página que encuentro aquí o allá; luego recojo mis escritos, los junto, y llevo a mi blog.  No se me antoja escribir sólo para mí, por algo me decían "rabucha", entre otros venenosos apodos, porque me gusta hacer a mi antojo las cosas, y me enoja que me critiquen; por eso no importa que nadie vea mis cosas, "eso parece", pero sé que muchos entran a fisgonear en vez de ser buenos amigos, y entonces perfiles de un día serán aceptados, hace una semana un perfil de un día con más de 400 amigos, ¡esto me pareció increíble!, pero ni una fotografía.

Hay gente que entra nada más porque piensan que estamos buscando marido, o porque desean estafar a una vieja que parece hambrienta de amor, pero aquí se equivocan, porque no estoy para juegos con nadie, aunque no me cierro a la banda, ¡ni más faltaba que a mi edad me quisiera hacer la interesante! Doña Pachita tiene lo suyo también, y es que me gusta bromear y seguir la cuerda.
Pues bien, entre cosas que van y vienen, ¿recuerdan que todo se quemaba?, después me di cuenta de algo, a lo que inicié a prestar atención. Después de una mínima llama, mientras me ocupaba en otra cosa, algo inexplicable sucedía, y era que el olor a quemado me avisaba; la llama no era la que había dejado, sino que toda la válvula estaba abierta.
Cambié de estufa, porque mi casa olía siempre a gas, totalmente podrida por debajo y encima parecía perfecta, usé una sencilla hasta que se oxidó en poco tiempo, luego Serbio compró la que más le gustó y que parecía de muy buena calidad; al instalarla, todo bien, al otro día, manchas de óxido por toda la estufa, ¡y eso que era de acero inoxidable!, aquí en la costa todo se oxida, pero no con esa velocidad.

He pasado orando, haciendo lo que veo en Internet, ayudas que me llegan de gente que sabe cómo atacar energías que no comprendemos, y ahí voy, de un momento a otro, una melancolía y depresión extremas, no comprendo, cuando era una persona muy feliz, me encantaba todo, vivía enamorada del mundo.

Unas personas llegaron a derrumbar mi palacio, ¡todo se fue al piso!, pero aquí estoy todavía, recordando detalles, juntando piezas y conociendo de esa hiel terrible que llevan algunos seres humanos, que son capaces de atentar contra nuestra vida sin motivo, o el motivo mayor es la envidia, ¡eso sí que es tenaz!, también soy humana, también he sentido cosas, pero jamás hasta el extremo de querer que otra persona sufra. Siempre bendigo a las personas, que sea mejor su vida, que todo cambie, no importa cuánto daño nos hagan, saco y saco espinas, nadie en verdad sabía de mi calvario, sólo mi madre que era confidente en todo.

 Recuerdo el día que encontré ese veneno dentro de la ropa de una mujer, respiraba odio por todos sus poros, hasta el punto de sentirme extraña en mi propia casa, el demonio tenía sus ojos y su rostro, y yo vivía como una rata asustada, tenía mucho miedo y me sentía demasiado frágil.

Raquel Rueda Bohórquez

9 12 15

Y A TI (43)

Y A TI (43)

¡Pobre vanidosa
Que ríes y ríes,
Que hablas y hablas,
Pero ni una tonada regresa!

Es como si la montaña
Hubiese perdido el eco,
Porque es a ti a quien deseo
Durmiendo entre mis brazos,
Ahogando mis quejas.

A ti que te sofocas en llanto;
¡Ya ni morral hay, para cargar tanta pena!
Pero sigues riendo a orillas del Magdalena,
Ansiando en verdad el barco que se arrime
Y ancle de un marinero, su corazón al tuyo.

Cada cicatriz es una rosa en la carne.
No espina sino la hiel de tu lengua,
Y entre mentira y mentira te fuiste.
¡Nada pasa ahora!, el amor no ha muerto.

¡Pobre vieja!, ¡es una tonta!
Pero sigue creyendo en el amor
Pero él, agoniza en tus negros ojos
Que no avistan mis ansias,
Ni estos deseos,
Que ardor provocan al verles.

Mariposas nacen en mi ombligo;
Han encendido una lámpara en mi boca.

Ahora, soy lengua enrojecida con tu vino,
Que bebe a sorbos de tu vid,
Que se crece entre mis dedos.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 12/15




¿Y EL ORO DEL SAN JOSÉ? (44)

¿Y EL ORO DEL SAN JOSÉ? (44)

Respondiendo inquietudes, ¡qué raro!, era una cuestión de oro, el barco San José, ¿ese sí es propiedad de quién?, el oro es nuestro. Dicen que de un Rey de no sé dónde, que virrey de Perendengue y Salsipuedes, /según Wikipedia.

Lo real, es que no veré una moneda, ¡eso ya está bien decidido!, sino que dejen esa vaina en el fondo del mar, porque ahora vendrán peleas por algo que también nos habían robado y se lo repartirán, si acaso éste gobierno se deja, ¡no sé!, ya no confío en nada, han repartido a nuestra patria como una torta; explotan nuestros minerales, se adueñan de tierras, y el pobre sigue viendo y esperando; ¿hasta cuándo?

No voy a pelear, ni a discutir con nadie por un montón de oro, aquí se necesitan pero semillas puras para los campesinos, y tierras para cultivar.

Ese oro tiene bonito color y mucha sangre ha corrido, suficiente con saber que siempre hemos sido víctima, y que estamos de brazos caídos.

Si quieren peleas y discusiones, no es conmigo, dejemos que hagan las cosas que por más que peleemos no cambiarán.

 Sus negociados serán breves: una copa de vino, una firma, y la Gran Colombia cada vez más chica.

 ¡Traguen oro si les alimenta!
¡Yo quiero paz, y que nadie me joda la vida!


Raquel Rueda Bohórquez
9 12 15

martes, 8 de diciembre de 2015

SI AL DESPERTAR (45)



SI AL DESPERTAR (45)

Si despierto a otra mañana,
Y el mismo sol me acompaña;
Y las mariposas rondan mi jardín.

Si de la miel
Continúan nutriéndose las abejas
Y puedo correr desde mi rincón;
¡Escribir y escribir!…

Si no se acaban los sueños;
Si enredan las orugas sus casitas abrigadas
Y pueden las hojas reverdecer...

Si cae y cae la nieve
Y entre maracas
Llega otra navidad.

¿Qué tanto me afano?
¿Qué tanto me puede entristecer;
Si te vas, y no te vuelvo a ver?

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 8/15



lunes, 7 de diciembre de 2015

ESCUCHANDO A SCHUBERT/Serenade (46)



ESCUCHANDO A SCHUBERT/Serenade (46)

Así pasó el amor:
Fue rumor de brisa,
Canto de pájaro
Viendo que el río se crecía
Y todo se inundaba.

Escuchaba al toche de la esquina
Con su mujer de guitarra,
Y acariciaba sus pechos
Entre hilos duros
Que sus dedos cortaban.

Se pintó, fue dorado el mundo al verte;
Fue pasión de mar en su orilla
Ardiendo de besos entre las arenas,
Tocando nada prohibido;
Subiendo y bajando por entre tus lomas.

Al cerrar los ojos,
Sentí que volaba...
¡Me emborraché de tanto amor!
Y creída de la vida te esperaba…

Día a día, año a tras año,
Hasta que la montaña se volvió nieve
Y se quedó durmiendo en mi cabeza.

Más como el río,
Que no retorna a su fuente;
Te fuiste un día,
Sin jamás volver.

Pero me quedé
Con el sabor de tu boca
Y un tanto de pena,
¡Que me sabe a hiel!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 7/15


ESCUCHANDO A FRANZ/Sueño de amor (47)



ESCUCHANDO A FRANZ/Sueño de amor (47)

El músico estaba triste,
Buscaba en su teclado un sueño,
Y era entre notas y acordes
Que lo hallaría.

¡Me cansé!, /pensaba.
¡Me aburrió ese amor falso;
Los chillidos sobre la almohada
Y ese irme tan pronto
Hacia un mismo camino,
Para encontrarme conmigo;
Pálido y cansado!

Estoy aquí, eres tú mi amor;
/acariciaba el piano,
Imaginaba que esas teclas
Eran endurecidos pezones,
Que era blanca o morena, / ¡igual da!

Y cerraba los ojos,
Su cabellera dorada ondulaba noches,
En tanto le imaginaba
Conmigo ahí, enredando mis dedos,
Tocando su fuerte diapasón
Y haciendo sonar mi corazón
Al sentirle como ahora,
Tan mío y lejano.

Todo era paz; /veía desde su ventana al bosque:
¿Qué paisaje puede haber más perfecto?
Avecillas cantando, grillos sonando,
Ranas amando, verdes fluyendo…

Y al fin una sonrisa hallé…
Nos estrellamos en éste infinito raro;
Su alma tocó la mía y nos elevamos
Como dos cometas buscando amor.

Pero el amor no era asunto de dos,
¡Es que la música nos había ablandado
Y el sol nos había curtido!

El amor inició a cantar
Entre ramitos de olivo
Y flores del campo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, diciembre 7/15