jueves, 16 de mayo de 2013

CANTAR (98)

CANTAR (98)

Cantar es mi vicio
sobre encendidas flores,

viendo pasar un día

al amor de mis amores.


Trinar de contento
abrigada en mi aposento,
armando un pequeño nido
donde me aliento.

Y en las tardes de lluvia
al abrigo de mis alas,
mis perlas vivas brotan
como preciosas hadas.

En las ramas temblorosas
les aliento a continuar,
abren sus abanicos con miedo,
pero empiezan a danzar.

Ante los rayos tibios
un bocado encuentran;
de nuevo mi felicidad
si abren el pico luego,
y de rojos encendidos
la vida, 
¡una vez más!...

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 15/13



VIDA (99)

VIDA (99)

¡Qué hermosa es la vida!...
El mar, mi gran juguete,
aquí hago lo que deseo

y busco bajo su manto

una alegría, un contento.


¡Qué mágico jugar!
Soy un niño pequeño,
una gacela al viento
sin sentir al depredador.

Y en el alivio del día
un carrusel se presenta;
juega conmigo la vida
mientras de a poco me ausenta.

¡Canta tan bello el canario
a pesar de sus barrotes!
¿Será que al cantar llora
deseando un árbol frondoso?

Con la brisa me entretengo.
Con los sones de la flauta
quiero dejar mi contento
para que no vean mis lágrimas.

¡Qué bello se presenta el día
entre azules y dorados,
entre rojos encendidos
cuando se está enamorado!

Cantar me resucita,
la música mi aliento...

Trabajar sin salario
pero encontrar alimento
sobre una lápida blanca,
donde quedan mis pensamientos. 

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 15/13

¿QUÉ TENGO? (100)

¿QUÉ TENGO? (100)


¿Qué tengo para hoy?

La sorpresa de un nuevo día,

la brillantez del sol;
angustias cada segundo, una nueva,
pero también un poco de energía
para asumir lo que toque,
con el rostro en alto.

Tengo una flor para observar,
la tarea que espera por mis manos;
una pared en blanco por llenar,
y las letras de un gran diccionario.

La oportunidad que otros no tienen,
mis piernas para caminar,
mis ojos para detallar que soy hermosa,
que mi piel parece de seda
y mi pico de oro,
y mi madre... mi divina madre,
su corazón, mi tesoro.

Tengo para hoy una esperanza,
se concreta con el aire que respiro,
se afianza con la luz de una vela encendida,
de una lámpara que renueva el aceite
sin que haya medida.

A ti amor mío,
que cada día te levantas con ánimo,
quien a pesar de mis pecados, me perdonas,
para que pueda gritar una alabanza
que se escuche, que se sienta,
como el arrullo del mar sobre las rocas.

Tengo una familia por quien luchar,
a quien entregar mi vida y mis sueños;
un cuerpo anhelante de caricias,
unos labios que esperan un beso ardiente.

Con todo lo que tengo soy rica,
no necesito de la fiebre de otros,
me alienta un libro de letras pequeñas
donde alguien escribió tus palabras.

Y así... ¡qué bello mi nuevo día!
No sé si sea el último
pero es lo que tengo.

Está el ahora... mi ya,
para vivirlo a plenitud
aliviada bajo un árbol
viendo a una gaviota volar. 

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 15/13








LLUVIA (101)

LLUVIA (101)

Al  caer la lluvia

el frescor ilumina el rostro,
los verdes se vuelven intensos,
los rojos se encienden,
y en los ocres del camino,
sólo hojas secas
se van con la corriente. 

Si cae la lluvia
se enciende el pensamiento,
ardientes pasiones llegan;
se desnudan las miradas,
se buscan las sábanas
y los pechos tiemblan.

Si cae la lluvia
un cántaro de mieles,
la humedad busca abrigo,
las aves se ocultan
y silencian las penas.

Si cae la lluvia
solemos entristecernos,
pequeñas casas de madera,
techos quebradizos,
labios temblorosos...

Sí, cuando cae la lluvia todo cambia...
Enmudecen algunos labios
mientras otros se contentan
con sus alabanzas.

Raquel Rueda Bohórquez
16 5 13 



AL MAR (102)

AL MAR (102)

¿A quién, el marinero
en ese su loco andar,
buscará, 
cuando lo incierto
le invite a navegar?

Si las gaviotas en vuelo 
con el cielo se contemplen,
y busquen allí consuelo:
¿las habrás de consolar?

Y de las nubes su brillo,
del sol su vientre altanero;
de los azules su olas,
de los amantes sus besos.
En tus aguas tranquilas,
¿los reflejarás?

Los acantilados
ahí se ocultan caracolas
y en silencio se juntan
para viajar a solas:
¿las dejarás pasar?

De mis versos tristes
en horas de silencio,
mis lágrimas de sal
las absorbes y te alejas;
¿o regresarás?

En la playa ardiente
de nuevo tus suspiros.
¡Oh mar, amado mío!
Me alivio con tus aguas
y en tus azules hallo un nido.

Y al querer estar contigo,
despacio quiero perderme;
me atrae tu índigo vestido
para ser tu amante por siempre.

Al final de todo
espero  me recibas,
con gigantes olas blanquecinas
de adorables espumas,
para verter por siempre
lo que soy, 
más de nuevo te pregunto:

¿serías un bálsamo
para curar mis penas?

Al decidir mi destino
ya no sé ni lo que anhelo,
pues entre más te miro,
divino amor azul:

¡Más te quiero!…


Raquel Rueda Bohórquez
16 5 13 


miércoles, 15 de mayo de 2013

BRILLOS (103)

BRILLOS (103)


Recibo la energía de los triángulos, 

de las estrellas, de la luna...

Quiero estar adornada de azules intensos
de plateados que deslumbren ante todo,
y me muestren así como soy: desnuda.

Aplaudo el brillo de otros, 
y a esa luminosidad me sumo;
muestro de sus ojos diamantinas olas,
plácidos destellos para que se conmuevan
y vean en los demás, las caricias del cielo.

Me atengo a la voluntad divina
a ella me acojo, me doblego, me arrodillo,
doblando algo más que mi ser 
donde la humillación no sea castigo,
si no voluntad de ver más allá del alma
que Dios está vivo en cada ser que ven mis ojos
y en cada hoja, que se mueve por voluntad desconocida
como el aliento que penetra por la boca 
y por ella misma expira... 

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, mayo 15/13


EL GALLO DE PEDRO (104)

EL GALLO DE PEDRO (104)

El gallo de Pedro era de plumaje rojo,
Su larga cola mostraba dominancia
Pero un pollo con cara de faisán,
Quiso mostrarle su arrogancia.

Lo primero que hizo fue cantar.
Estiró sus alas y el cuello esponjado
Para dar al entrometido
Su primer estofado.

Dijeron que el  pollo faisán, 
Venía de tierras lejanas.
Acostumbrado a comer ranas
Pensó que aquí, haría lo que le daba la gana,
Pero no contaba con el gallo de Pedro.

Empieza la función, 
Viendo quién cantaba más alto,
Y entre el canto del gallo rojo y el faisán
El rojo llevaba las de ganar.

¡Ven acá pollo insolente!
¿Eres el de la pluma cagada?
Y en medio de otra tonada
Atacó al gallo sobrado y grosero,
Con una leve estocada. 

Se fueron de lengua primero
Hasta que la gallina intervino.
La fiera se hartó de vino,
Borracha y pendenciera
Lo lanzó cual zorra mañosa
De su propio gallinero.

El gallo de Pedro tomó su puesto
Y en el más alto tronco cantó de nuevo
A lo que el  pollo faisán, creyéndose más bueno,
Sólo un rasgado canto, y cayó al suelo.

Ya las espuelas estaban en el pecho.
De sangrante herida buscó un consuelo
Donde una gallina de dorado copete
Que lo arropó con sus mañas
Cambiando sin pena las espuelas.

Viene soberbio de nuevo...
¡Lanza su primera estocada!
El gallo de Pedro salió lastimado
Pero ganó su gallardía
Y el pollo faisán se fue en cagada. 

Las espuelas falsas fueron sostenidas
Y en lo alto lo veo cantar con más fuerza:
¿¡Quién será el verraco que venga a retarme!?
¡Qué se atenga a mis dagas consentidas
Que no tienen mañas para atravesar 
A otro pollo atrevido!

Ahora retoza feliz  en su gallinero,
Pisa y pisa a sus gallinas.
No habrá pollo tuerto que le gane 
Ni gallina que no se arrodille ante su valentía. 

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 15/13