miércoles, 19 de agosto de 2015

INOCENCIA SE NOS VA 6 [35]

INOCENCIA SE NOS VA 6 [35]

6.1 CON LAS PATAS ESTIRADAS

¡No quiero  preguntas!, decía doña Clemencia abrazando una a una a sus hijas y nietos, en tanto los yernos esperaban turno un poco  perturbados, ¡mmmmm!, tan contentos que estábamos, esta vieja a veces jode mucho!, ¡pero ni modo!, ¡la casa es suya, y por ahora nos toca arrugar la jeta!, sin embargo de sus bocas salió una enorme sonrisa, mientras entregaban sendo abrazo con todo y carcajadas, igual la vieja es atenta y nos ayuda con los niños, toca ser agradecidos también, es la mae de la china, pues sí, es mejor quererla que hacerla de lado.

Aquí entre nos, ¿por qué será que las suegras se llevan mejor con los esposos de sus hijas, que con las nueras?, porque bien sabido es, que las nueras se portan algo hifueputonas con las suegras, ésta joda tiene que cambiar algún día, imagínense ellas fueron quienes parieron a los hombres, que ahora nos tienen como reinas, ¿cómo no quererlas?, ¿será que las mujeres somos peores en verdad que los hombres?

En medio de todo, Inocencia era otra mujer, parecía más cariñosa y dulce, pero un dejo de tristeza se veía en su mirada, su rostro un poco curtido, uñas cuarteadas, para nada bien cuidadas como cuando se fue, y sus hijas quedaron admiradas de sus pies, tenían callos, ¿desde cuándo mami tenía pies tan horribles?, ¡Dios!, para mí que a mami no le fue tan bien como dice!, ¡algo maluco tuvo que pasarle!, pero no debemos preguntar nada para que no se enoje, esperemos el momento, y que sea ella misma quien se desahogue, -¡es verdad!, respondía su hermana, pobre de mami, se ve un poco triste, no es la misma que se fue, llegó cambiada, pero está como mansita, porque no ha dicho nada por nada, sólo se quedó en su cama viendo al horizonte…

De repente no sabía en donde estaba, no escuchaba el canto de esos pájaros, aquí había otro huerto, un ruido conocido, unos pájaros que sabían su nombre, los mismos que jamás aparecieron a despedirla, ¡qué raro!, todo parecía un mal sueño, lo que vivió jamás fue, ¿es así todo?, ¿un día una pesadilla, al siguiente sólo resplandor?

Alguien colocó un café sobre la mesa, esas manotas eran conocidas, ¡claro!, el esposo gigante de su hija, ya estaba por salir, y una nueva historia tenía el destino programada, se va la niña de sus ojos, se van y luego la volveré a ver muy crecida, pero eso sí, prometieron que sería  invitada, conocería otras tierras, nuevas promesas, puede ser, ¿quién quita?,  un sueño real de manos tibias, de abrazos y caminatas viendo el enorme río, o adivinando alcatraces a la orilla de un barco pesquero, ¿por qué no?, mientras haya vida, una esperanza es como la bendición de una flor en la herida de una pared.

¡Día nuevo!, ¡gracias Dios mío, por permitirme éste despertar, por estar ahí siempre a mi lado, no miraré sus ojos, ahí delatan el gusto que les da cuando nada nos sale bien, no miraré sus bocas, ni esas sonrisas maliciosas, me tragaré sola éste amargo, igual ahí estás, para nada me has abandonado, y me abriste la puerta para que pudiera volar lejos del infierno que estaba viviendo.

¡De aquí me sacarán con las patas estiradas!, ¡jajajaja!, ¡qué risa!, ahora sólo puedo reír, porque se agotaron mis ojos de llorar, y se ha secado ese manantial de soledad y tristeza que las hacía brotar.

-¡Bendito mar!, creo que ésta semana besaré tus aguas y serás mi amante de nuevo, decía Inocencia, en tanto encendía el equipo a todo mecho, para escuchar su música preferida.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 19/15






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