lunes, 29 de septiembre de 2014

YO, MARIPOSA



YO, MARIPOSA

Deja que tu ángel se pose sobre tu corazón, no decidas la vida de otro, siembra donde hayan derribado un árbol, denuncia a quien maltrata, defiende al oprimido no seas cómplice del ladrón, paga lo justo a quien lo merece, la vida no sé si la repetiremos o si tendremos memoria de que alguna vez existimos.

Si vives sobre cadáveres, sus propias almas te cobijarán, pero si anidas junto a las víboras, cuídate de no pisarlas para que no se defiendan, y después las trates como si ellas fueran las malvadas.
El mal más grande lo causamos con la lengua, así que no ataques a quien no conoces y respeta al viejo como al niño, pues son quienes más sabiduría tienen.

No desprecies el alimento, da gracias al Creador por el plato que esté a tu mesa y por las manos que lo prepararon, mañana lo tendrás que hacer tú mismo, lava tu ropa y tu mugre, no esperes que otro haga tu trabajo, ¿a razón de qué?, todos somos hombres libres, así que no sometas ni te dejes someter de otros.

Sé comedido pero no servil, muchos han pisoteado en el camino a otros seres talentosos que podrían estar en el lugar de privilegio que ocupas ahora, sólo por su servilismo y lambonería, así que sé justo y honesto con quien tiende su mano cuando estás caído, y cuida cada céntimo, cada gramo de trigo, cada mercancía de quien te dio la oportunidad de un trabajo digno, como si fueran tus propias cosas, pero no te avances el puesto de tu hermano de viaje, porque la vida ajusta cada roca en el sendero.

Respeta a quien estuvo primero que tú, a quien se ha quemado las pestañas, y no pretendas llegar como una tromba a causar daño a las personas que sólo merecen tu silencio y cortesía, sé buena persona, porque tu desprecio se volverá contra ti cuando menos lo imagines.

No odies, alguna vez casi muero llena de resentimiento  con quienes me hicieron daño, no lo comprendía, no sabía la razón de mi abatimiento, y cuando inicié a escribir poesía fui sanando de todas las heridas, hasta que las cicatrices son ahora senderos en donde se extienden hermosas flores llamadas esperanza, y se abrazan del   árbol que me dio la vida.

El don más hermoso es el perdón, lo repito una y otra vez, es el abono hacia todos los dones que nos harán florecer, y que finalmente bendecirán cada una de nuestras palabras, y como soy alterada para responder a ratos, practico apartarme de las personas que me provocan,  gritonas, de quienes todo lo critican y censuran, y me acerco a las perdices de monte, a los gorriones, a las palomitas grises del camino, para untarme de su humildad y poder crecer cada día como ser humano.

Si te llenas de arrogancia y soberbia, serás despreciado, aunque parezca que todos ríen de tus palabras, por eso, no mires nunca  hacia arriba deseando estar por encima de lo que sea en ese lugar, sino hacia los vencidos y apagados que pasan por tu lado, ellos necesitan de tu abrazo y consuelo, como alguna vez  estuviste necesitado, buscar mucha altura nos vuelve cojos, sólo llega alto un águila y baja veloz  por su alimento.

Ten cuidado con burlarte de las personas que caen en desgracia,  de los seres especiales, los niños muecos y cojos, y más si estás en embarazo, porque el camino es largo, y debemos tener  temor a las palabras pronunciadas con ira, y a reír con descaro de la desgracia de otros creyéndonos superiores,  porque el camino está lleno de sorpresas.

Ora por quien hoy lo necesita, por mi prima Nelly y su recuperación, por sus hijos y familia y canta, danza, baila, pero también vuélvete  grande doblando las rodillas y limpiando tus propias lágrimas, para que tus ojos se vean más luminosos, recibiendo el resplandor de todos los que pasan por tu lado.
Admiro la paciencia de la hormiga y su laboriosidad, del gusano que se arrastra y busca una hoja resguardada en el camino para ella, y ante todo, valoro lo inmenso de la creación cuando un arrastrado gusano imita una cárcel para ser feliz tan solo un día. Y la mariposa es tan ángel como la luciérnaga y tan divina como las hojas secas que caen, para abonar el camino de su árbol y permitir otros verdes intensos en el bosque.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 29/14


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