YAYITA/La ardilla
Hablaba de Yayita, pues bien, ya ella no está con nosotros, su historia terminó. A una vecina no le gustaban, las espantaba, sólo quedaba una en la cuadra y era mi niña, cosa rara, le cayó sobre la cabeza a ella misma, dice que le arañó la cara, pero por ahí no vi nada... lo cierto es que Yayita le dio una lección: tenemos que amar a los animales, nacen, crecen y mueren, y es en la muerte donde nos igualamos, ésto es innegable.
La niña de la historia, fue lanzada al piso, y un gato la hirió, mi hermana Dora, dice que lo espantó, fui a tratar de rescatarla, pero estaba sobre una palmera, herida y triste, cuando la nombré, me reconoció, yo hablaba con ella y ésto es normal, ¿será que los animales no sienten?... pues sí, sienten dolor, rabia, celos, tristeza, pero también hay amor en sus corazoncitos, me miró directo a los ojos, como diciendo aquí estoy, aún estoy viva, pero como no pude alcanzarla, acepté que era su final.
No podemos continuar siendo soberbios, a ratos lo soy, no la vi más, no la veo más, y acepto que la niña quedó ahí en el mismo árbol de donde tantas veces la espantaron por querer arañarle a la vida un espacio...
Hoy sólo queda el recuerdo de mi niña, ella me enseñó, que con amor podemos revivir y que con una caricia la fiera se doma, que con un beso podría cerrar los ojos, pero con un desprecio Dios te enseñaría a bajar el rostro.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
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