MUCHACHOS
Estaba ahí, asustado de sí mismo
tenía miedo del odio, de la peste
pero ante todo... lo apenaba el dolor.
Poco a poco los cables se llenaban de su vida
su mirada atónita, angustiada,
quería robarle al tiempo sus negadas sonrisas
su cabellera al viento igual que el resto
su poesía fascinante para que todos vieran,
pero el chico hoy estaba triste...
Cerré los ojos y lo vislumbré... pálido...
el temblor de sus labios me pareció el llanto de un bebé
aterido el frío tomaba sus prendas delicadas
cansado por un destino cruel que parecía tomarlo...
Pero el muchacho... era un valiente...
lo sabía, ahora, mañana, tal vez otro día...
ahí sobre los cerros tibios de su madre recostado
creando un nuevo escrito... no permitía nada...
sus sueños sobre una enredadera de miles de colores
como un arco iris que renovaba su fuerza
y de su interior brotaban día a día todas las flores.
Ya no estaría triste... algún día... tú, yo, ella... -pensó-
algún día cuando ya éste mundo corrupto se pierda de mis ojos
me dolerá sólo no haber dejado un madrigal nuevo,
pero creo que en poco tiempo lo logré todo,
mi corazón observa en detalle el cielo azul...
me desvanecen los rayos del sol y los sigo...
y cada día... mientras me toque estar aquí,
haré de la vida un canto sobre los trigales...
¡Qué hermosa es la esencia de la vida!
Estar aquí, sobre éstos pechos abrigados
cerrando los ojos a lo que viene y soñando...
Creando poemas que vienen y van sin prisa
que caen como pequeñas gotas de rocío sobre la ventana
mientras los cables se sueltan... las agujas van y vienen,
pero ya no me importa;
tengo brillo en mis ojos como una estrella de luz
y estoy seguro que lo notarán mañana
sobre pálidas hojas, sobre pergaminos que me visitarán a diario
cuando ya extienda mis enormes alas a un mundo justo,
será ahí, cuando pueda observar tranquilo
desde el verdor de nuevos sueños,
el renacimiento de una nueva historia para mi país,
y será desde aquí cuando ya no piense más en la muerte.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
Estaba ahí, asustado de sí mismo
tenía miedo del odio, de la peste
pero ante todo... lo apenaba el dolor.
Poco a poco los cables se llenaban de su vida
su mirada atónita, angustiada,
quería robarle al tiempo sus negadas sonrisas
su cabellera al viento igual que el resto
su poesía fascinante para que todos vieran,
pero el chico hoy estaba triste...
Cerré los ojos y lo vislumbré... pálido...
el temblor de sus labios me pareció el llanto de un bebé
aterido el frío tomaba sus prendas delicadas
cansado por un destino cruel que parecía tomarlo...
Pero el muchacho... era un valiente...
lo sabía, ahora, mañana, tal vez otro día...
ahí sobre los cerros tibios de su madre recostado
creando un nuevo escrito... no permitía nada...
sus sueños sobre una enredadera de miles de colores
como un arco iris que renovaba su fuerza
y de su interior brotaban día a día todas las flores.
Ya no estaría triste... algún día... tú, yo, ella... -pensó-
algún día cuando ya éste mundo corrupto se pierda de mis ojos
me dolerá sólo no haber dejado un madrigal nuevo,
pero creo que en poco tiempo lo logré todo,
mi corazón observa en detalle el cielo azul...
me desvanecen los rayos del sol y los sigo...
y cada día... mientras me toque estar aquí,
haré de la vida un canto sobre los trigales...
¡Qué hermosa es la esencia de la vida!
Estar aquí, sobre éstos pechos abrigados
cerrando los ojos a lo que viene y soñando...
Creando poemas que vienen y van sin prisa
que caen como pequeñas gotas de rocío sobre la ventana
mientras los cables se sueltan... las agujas van y vienen,
pero ya no me importa;
tengo brillo en mis ojos como una estrella de luz
y estoy seguro que lo notarán mañana
sobre pálidas hojas, sobre pergaminos que me visitarán a diario
cuando ya extienda mis enormes alas a un mundo justo,
será ahí, cuando pueda observar tranquilo
desde el verdor de nuevos sueños,
el renacimiento de una nueva historia para mi país,
y será desde aquí cuando ya no piense más en la muerte.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
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