LA BANCA 2
El camino extenso sembrado de rocas
los pasos del caminante sin huella,
las hojas caídas que cumplieron su ciclo
la vida, el eterno paso por el terreno árido.
Ella conocía cada paso...
sabía que todas las esencias habían quedado
que sobre ella los amantes se entregaban
que los niños saltaban, y los ancianos descansaban.
La banca, conocía su destino...
desde antes... cuando era un inmenso árbol
cuando sus ramas abrigaron y sus brazos se extendieron
cobijando a todo aquél que buscaba un alivio
todo soñador viajero que dejaba un nido,
toda novia que se entregó
con el silencio de su voz como testigo.
Por aquí pasaron reyes, reinas, méndigos...
aquí soñó la novia abandonada...
un poeta de harapos que lo mecía la brisa estuvo aquí
y lo tomaba en las noches como su cama...
Qué no sabe ella... fue testigo de cosas atroces...
allí cuando un niño buscaba una flor de lavanda...
conoció del silencio de la noche y de la luz de las estrellas
del búho que lloraba día y noche,
de la paloma que se arrulló en un nido y de aquélla que voló
antes de que sus pichones abrieran el pico.
Hoy la banca se antojó de silencios...
ese fue su destino... admiró el camino de otros...
dibujó una estrella dorada, vio pasar veloz un nuevo sueño
cuando observaba los surcos de unos labios
y detallaba el iris de unos ojos...
y se embelesaba en las pieles canelas de los amantes...
Era una banca corrupta... pensaba en muchas cosas
aunque pareciera muerta... aunque pareciera nada...
aunque de la indiferencia se hizo presa
siempre reclamaba... siempre lloraba
cuando el sauce dejaba sobre ella sus pétalos
y la lluvia fría la empapaba...
Hoy, sólo quise descansar un rato...
ella estuvo conmigo, casi en silencio
se parecía a mí, tenía mis rasgos
tenía el olor a lavanda que tanto deseaba
y a lo lejos... escuché el canto de una cascada
y el vuelo de un ave... que rompió el encanto.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
El camino extenso sembrado de rocas
los pasos del caminante sin huella,
las hojas caídas que cumplieron su ciclo
la vida, el eterno paso por el terreno árido.
Ella conocía cada paso...
sabía que todas las esencias habían quedado
que sobre ella los amantes se entregaban
que los niños saltaban, y los ancianos descansaban.
La banca, conocía su destino...
desde antes... cuando era un inmenso árbol
cuando sus ramas abrigaron y sus brazos se extendieron
cobijando a todo aquél que buscaba un alivio
todo soñador viajero que dejaba un nido,
toda novia que se entregó
con el silencio de su voz como testigo.
Por aquí pasaron reyes, reinas, méndigos...
aquí soñó la novia abandonada...
un poeta de harapos que lo mecía la brisa estuvo aquí
y lo tomaba en las noches como su cama...
Qué no sabe ella... fue testigo de cosas atroces...
allí cuando un niño buscaba una flor de lavanda...
conoció del silencio de la noche y de la luz de las estrellas
del búho que lloraba día y noche,
de la paloma que se arrulló en un nido y de aquélla que voló
antes de que sus pichones abrieran el pico.
Hoy la banca se antojó de silencios...
ese fue su destino... admiró el camino de otros...
dibujó una estrella dorada, vio pasar veloz un nuevo sueño
cuando observaba los surcos de unos labios
y detallaba el iris de unos ojos...
y se embelesaba en las pieles canelas de los amantes...
Era una banca corrupta... pensaba en muchas cosas
aunque pareciera muerta... aunque pareciera nada...
aunque de la indiferencia se hizo presa
siempre reclamaba... siempre lloraba
cuando el sauce dejaba sobre ella sus pétalos
y la lluvia fría la empapaba...
Hoy, sólo quise descansar un rato...
ella estuvo conmigo, casi en silencio
se parecía a mí, tenía mis rasgos
tenía el olor a lavanda que tanto deseaba
y a lo lejos... escuché el canto de una cascada
y el vuelo de un ave... que rompió el encanto.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
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