FRÍO DE AUSENCIA
Por aquí la nieve de tu ausencia lo cubre todo
caminamos y seguimos a través de la niebla
nuestros ojos empapados, nuestros labios ateridos
nuestras manos juntas que nos prodigan abrigo.
Por aquí ya no huele a café...
no se escuchan los poemas de la vieja
no se ve corretear al niño de rubios cabellos...
y éste dolor que pareciera calar los huesos
se mece con la brisa, del tiempo que nos queda.
Siento tus pasos soledad...
las tablas parecieran reventar
y éste camino tan denso donde ya no puedo verte
cubre de llanto las hojas, de cristales mi desierto
y muero con la lentitud de mi reloj viejo
que a ratos tengo presente... y a ratos imagino
¿será dulce la muerte?
Pareciera que regresas... pareciera que volaras
y un manantial de abrazos de sonrisas lejanas
como cascada rebotan sobre mis párpados cansados
y tomo tu almohada pequeña vestida de azules,
donde nacaradas perlas mueren cada segundo.
Cuánto duele tu ausencia...
¿Será que es dulce la muerte?
y de nuevo lo pregunto tomando un escapulario
quedó sobre la arena con todos tus divinos sueños
y se quiebra lo poco que parece resistirme
muriendo lentamente... de a poco... parece que ya me gusta...
y tomo tus manos de brisa, y beso tu cuerpo de luz
cerrando los ojos, ya no quiero más preguntas
he de dormir un poco, tal vez así ya no sueñe
que tal vez sea dulce la muerte
aunque sólo esté durmiendo.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
Por aquí la nieve de tu ausencia lo cubre todo
caminamos y seguimos a través de la niebla
nuestros ojos empapados, nuestros labios ateridos
nuestras manos juntas que nos prodigan abrigo.
Por aquí ya no huele a café...
no se escuchan los poemas de la vieja
no se ve corretear al niño de rubios cabellos...
y éste dolor que pareciera calar los huesos
se mece con la brisa, del tiempo que nos queda.
Siento tus pasos soledad...
las tablas parecieran reventar
y éste camino tan denso donde ya no puedo verte
cubre de llanto las hojas, de cristales mi desierto
y muero con la lentitud de mi reloj viejo
que a ratos tengo presente... y a ratos imagino
¿será dulce la muerte?
Pareciera que regresas... pareciera que volaras
y un manantial de abrazos de sonrisas lejanas
como cascada rebotan sobre mis párpados cansados
y tomo tu almohada pequeña vestida de azules,
donde nacaradas perlas mueren cada segundo.
Cuánto duele tu ausencia...
¿Será que es dulce la muerte?
y de nuevo lo pregunto tomando un escapulario
quedó sobre la arena con todos tus divinos sueños
y se quiebra lo poco que parece resistirme
muriendo lentamente... de a poco... parece que ya me gusta...
y tomo tus manos de brisa, y beso tu cuerpo de luz
cerrando los ojos, ya no quiero más preguntas
he de dormir un poco, tal vez así ya no sueñe
que tal vez sea dulce la muerte
aunque sólo esté durmiendo.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 17/12
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