EL INGENIERO 3
De nuevo, las ollas rotas,
de nuevo los pies descalzos
la vida dura retorna
como las olas a la playa
y sigo en ésta cadena
de suplicio que me toma
mientras viajo por la loma
a buscar harapos viejos.
Más el ingeniero...
el labrador de mil días
aquél que sembró en su tierra
aquél que llenó de blanca espuma una jarra
el que construyó una morada
a punta de sus quebrantos,
arriba lo veo venir
con lágrimas y calicanto
ya despojado de todo
sólo le queda un espacio hurtado
donde le roba la noche
lo que construye en el día.
¡Ah... mi pobre ingeniero si le ha ido feo!
Ahora llega la lluvia
el azote de los goleros
ahora llega la peste que trae el matadero
y desde los cerros bajan
chorros de sangre viva,
que recuerdan su ayer
sembrado de amapolas
que regresan a un pueblo
que cultivó tristezas
y hoy sólo quedan pavezas
convertidas en sus ruinas.
Más sin importar aquéllo...
lo pasado ya no es sueño...
toma de nuevo una barca
que construyó con sus manos
labra de nuevo una historia
como un verraco varón
le roba al mar todas sus sobras
para construír futuro
para llenar panzas hambrientas
llenas de nuevos verdugos
que les roban el aliento
y se comen sus mendrugos.
¡Pobre de mi labriego triste...!
pero parece que hoy
ha divisado una nueva esperanza
ha creído que tal vez,
una nueva revolución
la de las mentes nuevas
de los niños que hoy no cultivan
aquéllas flores rojas,
que a otros les robaron los sueños.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 18/12
De nuevo, las ollas rotas,
de nuevo los pies descalzos
la vida dura retorna
como las olas a la playa
y sigo en ésta cadena
de suplicio que me toma
mientras viajo por la loma
a buscar harapos viejos.
Más el ingeniero...
el labrador de mil días
aquél que sembró en su tierra
aquél que llenó de blanca espuma una jarra
el que construyó una morada
a punta de sus quebrantos,
arriba lo veo venir
con lágrimas y calicanto
ya despojado de todo
sólo le queda un espacio hurtado
donde le roba la noche
lo que construye en el día.
¡Ah... mi pobre ingeniero si le ha ido feo!
Ahora llega la lluvia
el azote de los goleros
ahora llega la peste que trae el matadero
y desde los cerros bajan
chorros de sangre viva,
que recuerdan su ayer
sembrado de amapolas
que regresan a un pueblo
que cultivó tristezas
y hoy sólo quedan pavezas
convertidas en sus ruinas.
Más sin importar aquéllo...
lo pasado ya no es sueño...
toma de nuevo una barca
que construyó con sus manos
labra de nuevo una historia
como un verraco varón
le roba al mar todas sus sobras
para construír futuro
para llenar panzas hambrientas
llenas de nuevos verdugos
que les roban el aliento
y se comen sus mendrugos.
¡Pobre de mi labriego triste...!
pero parece que hoy
ha divisado una nueva esperanza
ha creído que tal vez,
una nueva revolución
la de las mentes nuevas
de los niños que hoy no cultivan
aquéllas flores rojas,
que a otros les robaron los sueños.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 18/12
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