domingo, 31 de julio de 2011

¿POR QUÉ NO? (78)

¿POR QUÉ NO? (78)


Tan cerca de mí pero tan distante...
Había posado su fría mirada,
sus garras fuertes parecían amenazadoras,
más lo había visto elevarse por el cielo
había escuchado su hermoso canto de amor
y me dije: ¿por qué no?

Hice que no veía sus pies adornados de filos,
no me distraje en la fuerza de su pico
ni en la arrogancia de su mirada.

Nada me asustó, tenía la confianza de mis alas,
no sabía de tamaños ni medidas, 
ahí estaba la grandeza, atesorando esperanzas
que sólo el viento traía, 
podría pasar desapercibida, me podría escabullir
y así lo liberaría del mal.

Me gusta tu canto agudo, 
el adorno no son plumas ni colores,
has estado guardado por tiempo sin fin,
para un amor simple que nada exige.

Los guijarros más pulidos del camino,
las olas generosas hicieron la tarea,
¡qué brillo tan fantástico, ¡si las vieras!
Pero mi mundo estaba delante de mí, 
tenía alas de cóndor y ojos de sol.

Convertí la montaña en senderos llanos, 
suave palpitar con alma de alondra envejecida
plumas nuevas y dóciles para acompañar tu vuelo.
¿Por qué no?... ¿conoces tu destino ave viajera?
¿Sabes de los dones implícitos en el más humilde ser?
¿Por qué no habrías de fijarte en mi figura?
¿Quién eres tú para creerte mejor?

Se afanaron por criticar el brillo tenue de mis plumas,
la mirada de otros sobre tristes notas,
alguien se empalaga con el amor de otros
lo hace saber y muestra la dureza de su alma...

Por qué tú, con tus ojos de sol abierto entre las montañas,
entiendes mi dolor y has visto las huellas de las heridas,
los sangrantes instantes de mi vida al filo de la muerte,
has permitido que el azar me tocara con tu mirar
y la fortuna llegara entre tus garras.

Cerca a donde el sol naciente izó bandera,
los relojes del hombre marcaron el tiempo
y los grandes aleros adornaron cabezas de fuego,
los quetzales se vistieron de mujer
y mostraron la soberbia de su corazón
oculto en ropajes de vana belleza...

¿Por qué no?... el pensamiento todo lo puede.
He decidido mi majestuoso amigo, estar contigo.

El oro de tus plantas me aprisionará, 
llegarán a mi garganta tus navajas,
sentiré el peso de la muerte y finalmente,
estaré dentro de ti, volando hacia el lugar
donde el astro nace y el viento sacude las olas
que altaneras bailan por el ancho mar.


SHEILA
Barranquilla, junio 14/11

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