MI AMADA MADRE.
MUJERES (174)
Publicado pors en marzo 11, 2011 en 4:00pm
Mujeres de sencillas enaguas,
cachetes rojos, trenzas a los lados,
vencidas y de hinojos,
calladas y apagadas...
Otras de gigantes ollas
donde se cocinan los sueños del día,
llenan panzas hambrientas,
se atosigan con sus sabores,
eructan y se duermen...
Mujeres como sillones viejos
mecidas por la suave brisa de sus amaneceres.
Silenciosas viajeras moribundas
que enarbolan sueños cual banderas caídas
y mueren yertas en su inalcanzable lucha.
Aquéllas curtidas por el tiempo,
arrinconadas en castillos dorados
adormecidas en sus rígidos sillones,
encadenadas a cuerdas plásticas
que las mantienen vivas,
pues vemos que respiran...
Mujeres con la boca cerrada,
baúles viejos abandonados...
Ellas, las dulces abuelitas que se vencen
pero siguen sembrando con el rosario en mano
y se consuelan brindando amor sin memoria,
con sus oraciones aprendidas temprano.
Vírgenes que no encontraron sitio para sus calores,
tibieza de niñas viejas
que viven en oscuros rincones,
sin sueños e ilusiones.
Ellas, las del cáliz de metal
que rogaron por un abrazo cálido,
y murieron deseosas de un tibio beso,
se durmieron lentamente,
abrazadas a sus propios brazos...
Mujeres de latigazos hirientes
que yacen en olvidadas tumbas...
Aquéllas que parieron inocentes
y murieron en el olvido y la desidia,
se perdieron en el silencio de sus gritos
lloraron y gimieron... recogieron sus lágrimas
que abonaron senderos sembrados con su sangre.
¡Pobres mujeres de mi tierra!
Rústicas cual diamantes en bruto...
Tallaron el áspero peñasco con sus penas,
brillaron en talle de lucero en el inmenso cielo,
y se desvanecieron,
como se pierde en el horizonte azul
el fuego de una cometa sin asta ni bandera...
¡Mujeres que perdurarán por siempre en la sangre que hierve!
en la boca que se revela,
en los sueños que tras dura lucha hasta la muerte,
otras valientes llevan a cuestas.
Aquéllas, mancilladas,humilladas... violadas...
Deambulan en noches sin amaneceres,
tal vez se adormezcan en las sombras oscuras
de cielos que no parieron estrellas.
¡Mujer al fin!...
De la tierra eres flor y eres semilla,
sembradora por siempre en el desierto de la vida...
Hermosa princesa de corazones...
Tal vez te adoren, te amen, te respeten,
¡o te sepulten viva!
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 11/11

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