LOS OLVIDADOS (56)
Veían a los ojos sin temor,
tenían una tímida sonrisa,
un chiste fresco cada mañana
voz sonora de alegre campana.
Sus brazos eran fuertes,parecían lianas,
cargaban la macheta, el azadón y la ruana;
besaban como los dioses,
adoraban a sus damas...
Levantaban con una carranga a sus muchachos:
¡a trabajar verracos!...
¡a ordeñar, bolsones,
¡a ordeñar, bolsones,
¡se les va a meter el sol!
Tomaban antes de su caldo mañanero,
un suave tinto hirviendo
que regaban en sus ruanas.
Los vi contemplar el horizonte cada mañana,
el atardecer se esfumaba entre sus manos,
se arrodillaban a orar antes de cada ración
y cada salida de sol.
El grillo aún dormía, más ellos estaban despiertos.
Sus cultivos éste año prometían saldar deudas,
su vaquita dorada tenía grandes y promisorias tetas,
el balde de las cabras estaba rebosante y espumoso,
sus niños mamaban directo de ellas.
Regaban los verdores con cántaros al viento,
cantaban con las aves,
con el tiple, la flauta,
la hoja de café y la dulzaina.
la hoja de café y la dulzaina.
Sus coplas los hacían sonreír,
eran juegos de niños grandes
y sus miradas eran de estrellas,
suaves luceros con miradas cándidas.
El canto del paujil anunciaba una tormenta,
el guacharaco espantado levantó vuelo,
el tucán no lanzó la jugosa fruta antes de devorarla,
los perros aullaron con gemidos de dolor hacia la luna.
El gallo cantó sólo una vez,
y van dos... y van tres...
Las mujeres no pudieron ni llorar,
los niños palidecieron y no pudieron gritar...
Los brazos divinos y consentidores
yacían como burdos pedazos de tronco yerto,
sólo vivían su hoy por un mañana mejor.
Me hablaron de cada sueño,
sus fantasías pequeñas eran una vaca lechera,
una mulita joven que llevara sus cargas nuevas;
unas tejas para tapar sus goteras,
una ruana pa los chinos,
vestido lleno de guirnaldas
y un carmín para su amada...
Los ví con mis ojos de fuego...
Llevaban botas, grandes botas encauchadas,
enormes fusiles, hostiles miradas.
El odio apocaba y las risas diabólicas estremecían...
¿Quién dijo miedo?
No existía, sólo el terror se asiló en sus ventanas.
Hoy los vi cargados en camiones
eran los bultos de sus cosechas de año nuevo
lanzados casi que uno sobre otro,
una gran fila...
Sus cristales no veían,
se fueron con el horizonte con su cara enmarañada,
sus trapitos viejos ensangrentados,
sus brazos otrora fuertes quedaron suspendidos,
rígidos, congelados en una oración a María.
Los sueños no fueron...
¿Quién dijo miedo?
Sus tierras ardían con sus cultivos prometedores,
la casa hermosa qué bien conocía,
una piscina inventada con el arroyo
cristalino que bajaba del cielo
parecía un lago rojo de sacrificio de corderos...
Testículos mutilados,
niños olvidados, el hombre y su maldad.
¿Quién puede olvidar los horrores cometidos?
Un fusil mirándote a la cara,
esos ojos sin profundidad,
"tú no has visto nada".
Y eran todos mis amigos,
los amados amigos campesinos
uno a uno sin escoger,
la ruta del ferrocarril era su asunto hoy:
¡por perros!... ¡por hijueputas!...
por brindar un café a quien no sabían,
¡porque sí!...
El hombre goza con el dolor,
su maldad y perversidad penetran cual daga
y se quedan en sus corazones indolentes.
Y se fueron todos,
recuerdo sus miradas
idas... vacías...,
sin pronunciar un nombre
ni sostener una mano amiga
que finalmente cerrara sus párpados,
ni un sólo beso antes de su viaje
ni antes de que el grillo anunciara
que las cosechas de éste año,
serían las mejores...
SHEILA
Barranquilla, julio 2/11
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