UNA PALOMA (70)
Cual paloma adorné tu corazón de blanco,
perlas escondidas donde la sangre del poeta se vertió
y las brumas pasajeras del alma
se vistieron pálidas ante tu sonrisa
que sin decir adiós se esfumó.
He cultivado lirios blancos y preciosos...
Adornan los valles de mi hogar con la tibieza marchita
casi que olvidada de unos labios por besar.
Miré a lo alto nubes grises, que fueron pasajeras,
se elevaron sobre las torres de una nave silenciosa
llevadas en sus alas con plumas blancas
cargando con la esencia de la vida.
El dolor tocó a mi puerta,
las llagas se consumen en mi solitaria cama.
Imploré porque tus alas fueran renovadas,
expandí perfumes sobre tu almohada,
era luz que desde el cielo llegaba.
Sentí que la aurora era triste,
presagio que me arrancaba de tajo,
alguien decidió que no cantara,
pues todo lo amado lo perdí
entre risas de mariposas locas.
Flores blancas se elevaron
labios temblorosos me dicen que hoy estás aquí.
Siento tu mirada fresca, tranquila,
ideando la manera de tocar mis hombros
con un beso a nieve.
Tus pasos mundanos se acabaron
pero en mi alma murió una violeta,
la que se pintaba púrpura con tu cariño
que hoy vierte las mismas gotas de rocío
sobre un pensamiento lúgubre que te imagina
blanca aurora acariciando el tornasol del águila.
El brillo de tus ojos se esfumaron,
así el alma lleva la bandera blanca
junto a la fuerza que te dio la vida
y deja de luchar porque todo duele,
y se ha secado el mar desde su profundidad.
Siempre te recordaré mi bella paloma blanca
consentidora en efímeros instantes.
Fue tan poco el tiempo,
tan leve aleteo de mariposa.
Ni un abrazo entregué,
pero versos tristes
se estampaban sobre una blanca hoja
junto a los besos que llevaba hasta tu altar.
SHEILA
Barranquilla, junio 23/11
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