PANDEMIA 200620
En medio de la incertidumbre por un virus y la información que recibimos, ya han muerto varios conocidos, otros están enfermos y entre tanto silencio, la angustia es el grito más elevado, pareciera que todos mueren de lo mismo, y no me detengo a pensar en nada, a veces tenemos dudas, pero se disipan cuando el mal ha tocado a nuestra puerta.
Apenas se siente ardor de garganta corremos a preparar los amargos, el limón con jengibre, la aguadepanela caliente, los ajos, cebollas, orégano, sanalotodo, nombres propios o inventados que han llegado desde tiempos viejos a reemplazar muchas medicinas, ¡y funciona!, claro, si lo hacemos a tiempo y no estamos marcados por el destino, si no dejamos avanzar el ardor, pero luego cuando nos anuncian de seres queridos en la clínica y los nuestros empiezan a enfermar, un dolor de estómago nos devuelve el amargo tomado, porque la vida es así, también nos transitan escorpiones en el estómago y su veneno destila por los ojos y las lenguas. También tenemos miedo y es el mismo que nos matará, si no aceptamos que la vida es un sorbo de vino amargo.
Ayer el gobierno abrió el falso a más incertidumbre, la gente podía salir a comprar basura y y hambrientos de mugre se tiraron a las calles, se abarrotaron en los grandes almacenes y presiento que en unos días la pandemia estará en su pico más alto con deudas a tope y las neveras vacías.
La gente no aprende ni siquiera del dolor, es como si todos de una o de otra manera quisieran morir. ¿De qué manera se explica que se expongan por un descuento imaginario a poner sus vidas y las de sus familiares en peligro? ¡No lo asimilo!, es como si estuviera comiendo rocas, lo cierto es que de ésta saldremos muecos, jajaja, sin duda ya tengo un diente flojo y así estarán muchos, pero que salga desdentada, coja, flaca de ésta, pero viva, amo demasiado la vida con toda su hipocresía, con todos los falsos amigos, con toda la porquería y la maldad porque sé que puedo ver gente buena también y que al salir al patio tendré una motivación con las primeras flores abiertas o los primeros brotes de alguna semilla.
La pandemia se irá pronto, pero antes nos dejará una gran lección, sé que muchos ni siquiera se enterarán que sólo somos fichas de un juego y que nuestros huesos volarán entre el polvo de cualquier día sin que podamos reclamarle a Dios nada.
Quiero vivir muchos años, tal vez siglos, alguna vez vivía sumida en terrible depresión pero este rincón me sanó, aquí fui escuchada, entregué gota a gota mis lágrimas y lo flor sensible que soy a un desierto lleno de cardos, que algún día, estarán llenos de las más hermosas y radiantes primaveras.
Ayer murió el padre de Sandra, la amiga de mi hijo, ya traía sus malestares, pero su muerte fue por covid, algo muy triste y a la vez muy cercano, pues viven a solo 2 cuadras de nuestra casa, no quería ir al médico porque sentía miedo a las clínicas y prefirió estar ahí al lado de su esposa, cuando ella no lo sintió toser tal vez había pasado un buen rato, estaba frío, helado como la nieve y todo pasó en un parpadeo, su hermana murió hace poco, recién naciendo su bebé le hallaron una masa, sólo lloraba cuando tuvo que soltar a su bebé y aceptar que pronto se iría al balcón del amor. Cada ser tiene una historia y cada historia lleva una carga de mucho dolor, aún así, toca seguir hasta donde toque.
Hoy estoy muy sensible, una persona muy cercana a mi corazón está en la clínica y otros que veía pasar, ir y venir con los mismos afanes de sobrevivir en un mundo caótico donde prima la injusticia, la violencia, la desigualdad, pero toca madrugar, hay que levantarse y volver a rodar por éstos caminos polvorientos, hay que descargar rocas y volver a sonreír con una oración por bandera para rogar por días mejores, y ante todo, por la salud de las personas y seres queridos. Saldremos de esta Dago, Diego, Francisco, luego nos veremos y nos daremos un gran abrazo, agradeciendo al Creador por la oportunidad de volver a cantar y sentir calor en el pecho, porque la vida es lo más grande y valioso que poseemos.
La muerte debería ser nada más para el que la desee, ¿pero quién pelea con Dios?
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 20/20
Bienvenidos a mi blog, una experiencia de sanación, proyectándonos hacia el planeta verde, y el respeto que debemos al derecho de existir de los seres que nos acompañan en éste corto viaje por la vida. Gracias por ser parte de mi pequeña historia REGISTRADO DNDA REGISTRO AUTOR COLOMBIA
sábado, 20 de junio de 2020
jueves, 18 de junio de 2020
TU AMOR
TU AMOR
Fue una brizna
una hoja suelta,
un chasquido
entre la hierba seca
que mató mi alma
y secó mi corazón.
Tu amor fue una mentira
entre todas las verdades,
un filo de acantilado
que llegó para herir
y fusilar mis sueños.
Fue una marioneta
en el momento más dulce
cuando todavía creía en todo,
y permití tu corriente en mí
pero me fulminó tu falsía.
Tu amor fue tan solo una promesa
una estrella desprendida en el firmamento
que pasó sin dejar estela
borrando mi nombre
que imaginé tallado
en cada poro de tu piel.
Raquel Rueda Bohórquez
18 06 20
viernes, 12 de junio de 2020
JUNIO 12 20
JUNIO 12 20
Es un día bello,
ahora estoy apreciando más la vida,
amo el instante de la mariposa en su capullo
y adoro el arrastrarse del gusano
hasta la hoja más verde.
Días de peste y cuarentena,
al principio no lo creía
pero acataba las órdenes:
¿qué tal sea real?...
Y fué real, hasta que tocó de cerca
y los amigos se despedían a la distancia
sin un velorio, ni un atado de flores costosas,
de lejos viendo cruzar el barco por el mar
sin tornar al abrazo entre amigos
ni al juego de los niños en el palomar.
No hubo aguardiente para reír de los chistes viejos
se fueron los velorios extensos, los rosarios...
El café se quedó servido
y los brazos extendidos...
Se van en medio de nuestro silencio
las águilas que surcaban las montañas,
se van sin avisar siquiera con un mohín
que la vida se escapa
por entre la herida de los labios.
Pero aún nos queda tiempo,
¿hasta cuándo?...
¡No lo sé!... pero es divino el que sea
un minuto más viendo tus pestañas
para saborear el mar en tus lágrimas.
La vida con sus avatares
el espejo de agua retratando el cielo,
el gorrión perdido de su árbol,
el amor, por siempre el amor
el mejor consuelo.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, 12 06 20
viernes, 5 de junio de 2020
NUBE VIAJERA
NUBE VIAJERA
Soy la partícula de ti
escondida en el filo de un pétalo
esperando me asista la lluvia
con un beso.
Quiero volver a tu corazón
más tu llama se apagó
y la mía me enciende,
me abraza en melancolía...
Una margarita habló de tus rosas
dijo que tenían gracia para ti
la ensenada en su cintura
y la danza tranquila
de la mariposa sobre las olas.
Volver al árbol amigo
ya no es posible,
no han quedado ni sus raíces
para recordarlo.
Más algo hay en mí
un poco de tu voz burlona
y un tanto de tus manos
que sonrojaban mis pómulos
hasta ser una amapola.
Hay un alboroto lejano,
una rochela de pájaros que te nombra
y en mi pensamiento te quedas
como un sueño que no fue
sino el paso de una nube viajera
suspendiendo mi sombra.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 3/20
UN DÍA 3 DE JUNIO 2020
UN DÍA 3 DE JUNIO DE 2020
Han pasado varios días y meses desde la noticia de la pandemia y el duelo por mi hermano está fresco, pienso ahora en las personas que no pudieron despedir a sus seres amados y no se les dió la oportunidad de estar ahí en ese momento, en ese final trágico que nos deja con la boca seca y el alma rota.
Mucho ha sucedido, se piensa en tantas cosas que es mejor no escribirlas, seguir viviendo el momento con iguales inquietudes y otras vasijas para sembrar esperanzas.
¿Quién puede cambiar el futuro?, tal vez no podamos unas tres águilas sueltas, pero todo tiende a verse peor después de días de angustia, trampa, mentira, desigualdad y hambre.
A pesar de todo, la naturaleza nos continúa haciendo llamados de atención, pero a los poderosos no les importa, estamos encerrados en nuestras casas y los bosques lloran por las sierras que los abrazan y los viejos árboles se van como nosotros, los sabios del mundo se aniquilan sin piedad con un algo incomprensible para nuestra escasa inteligencia, se mata un árbol para sembrar un muerto...
Sólo le pido a Dios, como la vieja canción, que pueda estar aquí muchos años, quiero ver a mis primeras orquídeas abrir sus flores, salir a caminar con mi nieta y ver prosperar a mis hijos en el lugar que les toque, pero siendo felices, la vida no ha sido fácil para ellos, pero han tenido un manto sobre sus cabezas y unos padres que han estado siempre pendientes de sus pasos.
Hoy sale mi hijo a la calle a un examen médico y siento algo de temor, no quiero que me traiga virus a la casa, nos cuidamos sin ser extremistas y tengo la convicción de que pronto pasará el ruido, nuestro cuerpo se acostumbrará a la nueva vida y los trabajos serán más virtuales que en la calle.
Tenemos que acomodarnos a lo que viene, no será fácil para los viejos, los jóvenes tienen corazas, al menos los colombianos, que hemos vivido en medio de tanta corrupción y desespero por salir adelante, pero ese paso adelante es un muro incontenible y ahora pienso que tal vez ha llegado la oportunidad de ver hacia la montaña verde, de aprender lo olvidado, de saber que una cucaracha es un ser vivo y que nosotros somos parte de la naturaleza aunque nos reservamos el derecho de ser malos, tal vez eso jamás cambie, porque cada circunstancia saca lo más fiero de las personas, es en éstos momentos de crisis donde nos damos cuenta que al alimentar a un elefante con una fruta que explotará en su vientre, el hombre ha perdido el camino.
¿Será que algún día podemos caminar tranquilos por cualquier calle?, hasta miedo da salir a la puerta y adivinar el filo de una lengua o una mirada envidiosa que nos condena al silencio, y a vivir como pequeños animales asustados en nuestras propias cuevas.
Después de todo el pesimismo anterior siempre pienso en Dios, en ese gran hombre de luz que está en todo lugar y aún más que ayer, sé que Él es la naturaleza misma, es el viento frío que me acaricia, el trino del pájaro que pasa veloz, la paz soberana que tanto buscamos lejos teniéndola a nuestro alrededor.
Vivo más tranquila los días, resuelvo todo estando ocupada, siempre haciendo algo, y cuando estoy muy cansada de no hacer nada, me reinvento con semillas nuevas, con poemas o versos que tal vez alguien leerá en algún momento.
¿Para qué el desespero?, eso digo, pero hay gente afuera sin trabajo, sin oportunidades, un mundo de personas que sueñan con días mejores, y al no hallarlos, prefieren colgar un lazo al cuello y acabar con el afán.
¿Quién soy para censurar lo que otros hacen?, puedo tener una casa, una pensión, o no puedo tener nada de eso, pero un ser con hambre, un hombre con el estómago vacío es un ser muy triste, no quiero de eso para nadie, aunque sé que muchas aves regatean un fruto pues están encerrados en bolsas para que no picoteen, los venenos acaban con las abejas y el mundo se vuelve una jungla de cemento insostenible.
Nos queda el verso de la tarde, el aroma a boñiga húmeda, nos queda llegar a la orilla del mar y advertir que dentro de él la vida bulle y toda esa vida está acosada por la basura que nosotros les dejamos.
Nos queda cambiar nuestro entorno y transformarnos en seres más humanos porque hasta ahora somos cuencos vacíos, nos queda esperar otra tormenta, si no volvemos el rostro a la naturaleza y respetamos a cada ser que nos acompaña vendrá un karma poderoso, que tal vez no deje ni la sombra de nuestra presencia en el planeta.
La cantaleta pasó, ahora escucho una melodía, me resucito, me transformo, me convierto en el ser que amo y regreso a la cima de la montaña con las alas abiertas y las garras llenas de ilusiones.
Mi hijo al fin conseguirá un trabajo... rememoro en todo lo que lo ha luchado y en sus amigos que andan igual que él, con los bolsillos rotos y el corazón lleno de bondad y ansío un cambio real para todos, pues el hecho de vivir con el azote que la sociedad nos ha impuesto ya es una carga demasiado pesada.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 3/20
Han pasado varios días y meses desde la noticia de la pandemia y el duelo por mi hermano está fresco, pienso ahora en las personas que no pudieron despedir a sus seres amados y no se les dió la oportunidad de estar ahí en ese momento, en ese final trágico que nos deja con la boca seca y el alma rota.
Mucho ha sucedido, se piensa en tantas cosas que es mejor no escribirlas, seguir viviendo el momento con iguales inquietudes y otras vasijas para sembrar esperanzas.
¿Quién puede cambiar el futuro?, tal vez no podamos unas tres águilas sueltas, pero todo tiende a verse peor después de días de angustia, trampa, mentira, desigualdad y hambre.
A pesar de todo, la naturaleza nos continúa haciendo llamados de atención, pero a los poderosos no les importa, estamos encerrados en nuestras casas y los bosques lloran por las sierras que los abrazan y los viejos árboles se van como nosotros, los sabios del mundo se aniquilan sin piedad con un algo incomprensible para nuestra escasa inteligencia, se mata un árbol para sembrar un muerto...
Sólo le pido a Dios, como la vieja canción, que pueda estar aquí muchos años, quiero ver a mis primeras orquídeas abrir sus flores, salir a caminar con mi nieta y ver prosperar a mis hijos en el lugar que les toque, pero siendo felices, la vida no ha sido fácil para ellos, pero han tenido un manto sobre sus cabezas y unos padres que han estado siempre pendientes de sus pasos.
Hoy sale mi hijo a la calle a un examen médico y siento algo de temor, no quiero que me traiga virus a la casa, nos cuidamos sin ser extremistas y tengo la convicción de que pronto pasará el ruido, nuestro cuerpo se acostumbrará a la nueva vida y los trabajos serán más virtuales que en la calle.
Tenemos que acomodarnos a lo que viene, no será fácil para los viejos, los jóvenes tienen corazas, al menos los colombianos, que hemos vivido en medio de tanta corrupción y desespero por salir adelante, pero ese paso adelante es un muro incontenible y ahora pienso que tal vez ha llegado la oportunidad de ver hacia la montaña verde, de aprender lo olvidado, de saber que una cucaracha es un ser vivo y que nosotros somos parte de la naturaleza aunque nos reservamos el derecho de ser malos, tal vez eso jamás cambie, porque cada circunstancia saca lo más fiero de las personas, es en éstos momentos de crisis donde nos damos cuenta que al alimentar a un elefante con una fruta que explotará en su vientre, el hombre ha perdido el camino.
¿Será que algún día podemos caminar tranquilos por cualquier calle?, hasta miedo da salir a la puerta y adivinar el filo de una lengua o una mirada envidiosa que nos condena al silencio, y a vivir como pequeños animales asustados en nuestras propias cuevas.
Después de todo el pesimismo anterior siempre pienso en Dios, en ese gran hombre de luz que está en todo lugar y aún más que ayer, sé que Él es la naturaleza misma, es el viento frío que me acaricia, el trino del pájaro que pasa veloz, la paz soberana que tanto buscamos lejos teniéndola a nuestro alrededor.
Vivo más tranquila los días, resuelvo todo estando ocupada, siempre haciendo algo, y cuando estoy muy cansada de no hacer nada, me reinvento con semillas nuevas, con poemas o versos que tal vez alguien leerá en algún momento.
¿Para qué el desespero?, eso digo, pero hay gente afuera sin trabajo, sin oportunidades, un mundo de personas que sueñan con días mejores, y al no hallarlos, prefieren colgar un lazo al cuello y acabar con el afán.
¿Quién soy para censurar lo que otros hacen?, puedo tener una casa, una pensión, o no puedo tener nada de eso, pero un ser con hambre, un hombre con el estómago vacío es un ser muy triste, no quiero de eso para nadie, aunque sé que muchas aves regatean un fruto pues están encerrados en bolsas para que no picoteen, los venenos acaban con las abejas y el mundo se vuelve una jungla de cemento insostenible.
Nos queda el verso de la tarde, el aroma a boñiga húmeda, nos queda llegar a la orilla del mar y advertir que dentro de él la vida bulle y toda esa vida está acosada por la basura que nosotros les dejamos.
Nos queda cambiar nuestro entorno y transformarnos en seres más humanos porque hasta ahora somos cuencos vacíos, nos queda esperar otra tormenta, si no volvemos el rostro a la naturaleza y respetamos a cada ser que nos acompaña vendrá un karma poderoso, que tal vez no deje ni la sombra de nuestra presencia en el planeta.
La cantaleta pasó, ahora escucho una melodía, me resucito, me transformo, me convierto en el ser que amo y regreso a la cima de la montaña con las alas abiertas y las garras llenas de ilusiones.
Mi hijo al fin conseguirá un trabajo... rememoro en todo lo que lo ha luchado y en sus amigos que andan igual que él, con los bolsillos rotos y el corazón lleno de bondad y ansío un cambio real para todos, pues el hecho de vivir con el azote que la sociedad nos ha impuesto ya es una carga demasiado pesada.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, junio 3/20
domingo, 31 de mayo de 2020
AL VIEJO
AL VIEJO
Al campo verde y al estero
llega un te quiero soberano
bajando de la cuesta inmensa,
acariciando el musgo verde
que al sinsonte incita a un verso
y al viejo, una mueca alegre,
que forja nubes en su boca
y lágrimas en sus manos.
Un preludio de pájaros asoma
y él, imita el canto del llano
esperando una respuesta alegre
con el fusil cargado y una nota lejana
donde el amor era un ramo de orquídeas
y el espejo donde nos miramos.
Dulce amor: fue tu existencia
alfajor en miel, dulce de leche,
abrigador remanso en largos días
en donde el bullicio de tus aves,
regalaba a tu esperanza una melodía.
El ayer pasó, ahora somos las viejas...
Tus flores viejas adornando otras esquinas
con sendas heridas que cicatrizan
y recuerdos de hormigas tostadas,
risas locas y niñas dulces,
a tus manos aferradas...
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, mayo 31/20
martes, 26 de mayo de 2020
HACE TIEMPO
HACE TIEMPO
Hay un rollo en mi cabeza
sin números para contar
y el mar ausente
olvidado y tranquilo
arrastrando perlas
en su dulce andar.
Abajo he visto una turba
que aprovecha la cárcel de unos
para llevarse lo poco
que presta el viento al olivo
y al jacarandal.
Hace tiempo que te olvidé
porque tu desamor
fue una herida profunda
que hizo morir en mí
esa vieja pasión.
Ahora vivo el instante
entre flores pequeñas
y garzas ausentes
que se fueron a buscar
una patria blanca
en medio de un rosal.
Raquel Rueda Bohórquez
26 05 20
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