sábado, 29 de abril de 2017

ÁMBAR (1)

Lágrimas de un Neem

ÁMBAR (1)

El ámbar es una joya que flota en el mar,
pero también son lágrimas de árboles.
Estos lamentos son de un gran árbol a la vuelta de mi casa,
un Neem, que tiene muchas propiedades y beneficios para el hombre,
ante todo insecticida y muchos otros que no sabemos apreciar.

Es como tener a un gran hombre abrazándonos
y llenando de frescor la casa.

Pasé cierto día y vi sus heridas,
sentí que un Nazareno lloraba
y tomé sus lágrimas entre mis dedos
y ahí se volvieron de cristal.

Quise recogerlas mientras le decía:
¡Lo siento mucho!

Me sentí de brazos caídos ante lo injusto,
me creí un ave sin plumas
intentando volar en un mundo sin árboles. 

La gente ya no sabe qué otro delito inventar,
 y me fui a casa con sus penas entre mis manos.

Cada vez que voy por ese camino, observo su talle;
la corteza arrancada con el filo de un cuchillo
y sus hojas inexistentes,
que poco a poco se fueron con las brisas de abril.

Un día cualquiera no estará ni su recuerdo,
pero el ambarino de sus lágrimas,
se conservará por siempre en un rincón de mi hogar,
hasta que pueda volar como las blancas garzas,
por sobre las neblinas que se alejan sobre el ancho mar.

Raquel Rueda Bohórquez
29 04 17


viernes, 28 de abril de 2017

OJOS DE NIÑO (2) (A)


OJOS DE NIÑO (2) (A)

El color del paisaje,
La sombra del olivo;
El brillo de tus ojos,
El mar o el río.

Todo ello importa,
Mientras un niño asome
Su candor en las montañas,
Un ave cante en la más tupida rama
Y borde poemas en sus gajos.

Importa el cariño que nos rodea,
En la forma que sea
Y la envoltura que traiga.

Todo importa en la vida,
Si podemos verlo y admirarlo
Con los ojos de un niño.

Raquel Rueda Bohórquez
28 04 17

EN TUS OJOS (3) (A)

EN TUS OJOS (3) (A)

En tus ojos se recrearon los míos
Marcando el paso entre las sombras,
Con la voz que desde ayer te nombra
Y el recuerdo de un árbol sombrío.

Ahí se quedó el amor entre tus cejas
Y el encendido brillo, que de hinojos,
Me hizo cobarde ante tus labios rojos
Para entregar a Dios todas mis quejas.

Al no poderme retratar en ellos,
La vida me acorraló cierto día
Porque no pude hallar otros tan bellos.

Se fueron contigo tales ilusiones
En medio de tus pobladas cejas,
Entre toda esa luz y sus pasiones.

Raquel Rueda Bohórquez
09 03 17





jueves, 27 de abril de 2017

GARZAS BLANCAS (4)


Mis primas Dora y Josefa. Un remanso de flores blancas que vuelan con el alba y se vuelven ángeles con la luna. Un paisaje de verdes, con ellas viendo a la inmensidad, donde los pájaros se entretienen con el vaivén del día y el afán de la noche.

GARZAS BLANCAS (4)

Alguna vez marcharon,
Todo era muerte y desolación.

Un camino selló el paso del agua,
El manantial no encontró sendero
Los bosques murieron
Sólo raíces y ocres,
Como brazos abiertos al sol.

Ellas se fueron, todos murieron,
Los pequeños caparazones
En ese desierto obligado.

 Aparecieron
Grandes cabezas abiertas
Con dientes fieros…

¿Acaso llegó el olvido?
Lo recuerdo… hacia el Magdalena,
Se han secado viejas lagunas,
En donde el amor era una fortaleza
Que se engalanaba con las garzas
Ante mágica belleza.

Pero un día, de nuevo se encausó el manantial,
Se juntaron las aguas del río y del mar.

La ciénaga respiraba agónica,
Poco a poco, más de 30 años,
Y el verdor regresó,
Pero muchos no fueron
Ni siquiera historia para recordar.

Regresaron las flores blancas al juncal,
Se unieron a los remos del barquero de a pie.

La vida, cual ramo de lirios se abrió
Como bendición divina;

El iris avisó de un pequeño rocío
Y las miradas brillaron,
 Los mirlos cantaron,
Cuando al salir el Rey
Un tibio calor de nuevo las despertó.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 27/14




miércoles, 26 de abril de 2017

TE ESPERO (5) (R)

music: Love Secret - Makis Ablianitis 

TE ESPERO (5) (R)

El sol se agita, viene la tarde y no llegas;
Las nubes se dispersan o se agolpan
Y esperan el asomo de la luna en su derroche.

Tenemos el secreto de una apuesta,
El agua fría se vuelve cálida al recordarte.
Me sacudo cual ave con sus alas quebradas
Para aliviarme ante tu recuerdo.

Ese último día, tu gran humillación
Y volteé la espalda a tus desaires,
Esperé cada mañana y cada noche,
En tanto eras el caballo más fuerte
Que de mis brazos escapaba.

Bebí de tus ojos inmensidades de mares,
Y en los míos otras lagunas se formaron
Para borrar poco a poco, la incertidumbre
De amar y no ser amado.

¿Pudiste llegar a la más alta cuesta?
Todo son luces de colores y fantasías de gloria,
Que en el espejo de las mismas aguas que nos vieron,
Se desvanecerán luego.

Pero te sigo esperando en el mismo rincón del tiempo
Añorando tu negro cabello y tus ojos
Esculpidos en el ámbar de todos mis recuerdos.

El traje de la juventud se fue como tu amor,
Que tal vez fue la ilusión que en mi se alojó.

Soñé tu regreso, me abracé a la neblina del tiempo
Que se ajustó severamente en mi cabello,
Mientras tú me besabas en sueños
Y te quedabas por siempre en ellos.

Te sigo pensando y llega la noche…
Tiemblan las estrellas y se encoge el corazón;
La vida continúa y tú tan lejos, que no se si fue una pesadilla
Y en ella desapareciste como mi juventud.

El camino es un desierto, por donde veo la sombra
De las arenas que parecen oro pegado del sol
En medio de tanta ilusión y tu pálido amor.

Raquel Rueda Bohórquez
26 04 17


martes, 25 de abril de 2017

DESDE LA VENTANA (6)

DESDE LA VENTANA (6)

Ahí estaba de nuevo, encogida sobre sí misma
Como un niño pequeño esperando un tibio pezón.

El frío de la tarde y la fiebre quemando su interior
Conmovida mirando la luz que entraba por la ventana.

Un níspero gigante arrullaba con sus hojas, parecían manos abiertas al cielo
Mientras una fuerza interior la llenaba, la poesía susurraba con su poco aliento
Y una tímida sonrisa, casi sonrisa se dibujaba en su amado rostro.

¡Ya no sé qué hacer…! me quiebro ante su febril dolor.
Y pienso, ¡qué raro!... ¡qué extraño!, pero los santos siempre sufren,
Y la tomo de la mano, cálida y suave… sus manos, únicas para mí;
Mi gran amiga y confidente, amado roble tan sufrido y a veces tan olvidado.

Le increpo al Jefe, tengo la osadía; quisiera cambiar mi aliento por el de ella,
Que sus fuerzas se renovaran y yo volara muy lejos, donde no la vea más sufrir,
Y se enlagunan mis ojos a escondidas, el pecho convierto en piedra para no sentir;
Bajo el rostro ocultando una sonrisa falsa, mientras enciendo su telenovela…

Los cables parecieran suspirar, las agujas de nuevo y los moretones en sus manos.
Sus gemidos ante las caricias, los labios resecos y su triste mirada,
Y admiro una cometa que pasa ante mis ojos; ¡más ni un ave se posó sobre el árbol!
Extrañé sus cánticos, silencio, soledad… y en medio de todo éste tormento
Una extraña sensación de impotencia, mi corazón se humilla y mis rodillas se doblan.

Entre sueños de tiempos idos, nombra un trapiche, la finca, los obreros;
Vasijas de agua cristalina tomadas desde la fuente…
Ella sube aprisa por la ladera, ¡corretea, juega, salta, canta!
Baja de nuevo a llenar el cántaro que la espera junto a los besos de mi abuela
Donde la pobreza de su rancho y la miseria se llenaba de brotes de palmera,
Cálidos abrazos y sonrisas lisonjeras.

Torna la mirada al cristal de la ventana…
¡Cosa extraña…! un mirlo de patitas amarillas picoteando un níspero,
De nuevo un murmullo de besos sobre las hojas verdes; los edificios muertos,
La palmera solitaria sobre una terraza muy alta, muriendo a solas con sus resecas ramas
Mientras mi dulce bebé gigante sólo suspiraba, su mirada triste me observó en detalle,
Y extendió de nuevo su suave y cansada mano.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 25/12





lunes, 24 de abril de 2017

LA VOZ DEL DOLOR/A Omran Daqneesh (7)

Miró sus manos y vio que el mundo era gris,
Pero negros los corazones y las gentes
Que parecían muertos vivos sin alma.


LA VOZ DEL DOLOR/A Omran Daqneesh (7)

Hay una voz que nos grita: ¡basta!...
Sacude el polvo de tus manos y pies, y anda;
Limpia la sangre de tus dedos y ven,
Que hay una tarea más grande que matar la vida.

 Debemos reconstruir y limpiar el dolor que ha tocado fondo,
Secar de los ojos, esos ríos y mares que inundan los trajecitos pintados,
Y sopesar qué tan responsables somos ante el Dios de nuestra fe,
De la crucifixión nueva y fresca de los niños de Siria.

Hoy se llama Omran Daqneesh,
Mañana puede ser mi hijo, o el tuyo.
Nadie puede estar dividido en estos segundos
Cuando una guerra nueva se pinta de colores
Y se disfraza de favor y de honores.

¡Suficiente!, que los dragones tuerzan el cuello,
Que no se crean las aves más poderosas, ni los lagartos más veloces,
Porque la existencia es un tanto demasiado pequeño,
Para destrozarla de manera tan salvaje e indolente.

¡Levántate!, limpia tu corazón y sé oruga en una rama verde,
Aprende a meditar en tu propia cárcel y luego abre tus alas
Al jardín inmenso que se nos ofrece.

Si has llegado a este mundo de sombra oscura
En la vida de los inocentes,
¡Qué desaparezcas con ella al instante!

Porque la vida es obra sagrada y no ha de ser tocada
Ni siquiera, por el aire que te ha besado.


Raquel Rueda Bohórquez
Colombia
23 04 17


RNDA 260417