martes, 11 de abril de 2017

JL ANZOLA (106)

JL ANZOLA (106)

Casi todo lo registramos, ¿de qué servirá si de igual manera moriremos?
Dejo registro de mis penas y poco he contado de mis alegrías;
Queda registro de los afanes, de las manos abusivas,
De la historia que jamás culminó, y del amor
Que insiste cada mañana ante lo soberbio del sol.

Acabo de registrar Mis fotografías, que en realidad es otro blog con mis tonterías,
¿A quién le importará mañana, si hoy a pocos les interesa?

Escribí a una editorial, concursé en uno que otro evento,
Me escondí en el rincón de los poetas
Y oculté entre mis brazos mis memorias.

Casi todo lo he registrado, han sido días y horas de agotamiento,
De día, de noche, sin hacer ruido, con las posaderas dormidas y los ojos encendidos,
Y el café caliente me bendice con el trasnocho que alarga mis días.

¿Pero hasta cuándo será la dicha de un despertar?,
¿Quién conoce el segundo de la oruga y el instante de la mariposa?
Todo es tan efímero, que me siento triste por el camino andado y la montaña no alcanzada;
Pero así es todo, luces y colores, plumas y arreboles, nieve y lluvia,
Sol y sueños que al final no son nada.

Aquí estoy, escribiendo para el poeta que se fue
Y que nadie ovacionó, porque él no estaba para hacer piruetas,
Simplemente cantó en su momento y su voz se perdió
Por el camino viejo y desconocido
Al que todos tenemos prevención.

¿Qué hago aquí?, aún después de tanto agotamiento,
No quiero frenar, pero me entretengo entre las hojas que caen
Cual pájaro de nieve que se vuelve blanco, y entre ellas tiembla de amor.

Y se fue, ¿quién cantará en la próxima primavera?,
Seré el Señor de los vientos, llegando a ver sin que me adivinen siquiera,
Y recitaré, ¡sí señores!,
Mis mejores versos, serán para el árbol enorme que nadie conoce,
Y de dónde ha sido desprendida mi vida.

Ahora mis poemas transitan de rama en rama
Y nada me importa si el mundo los conoce,
Porque hubo tiempo, ¡demasiado!, pero la melancolía mató al bardo,
La ausencia fue esa amiga, que algún día estará en el mismo árbol que recupera sus hojas
Y nos revuelca en el vendaval que fabrica las memorias.

¡Qué rara es la vida!, ¡qué bendición es la muerte!...
¡Qué buenas y amables compañeras son!
Jamás podrán vivir separadas, porque al nacer se dan la mano,
Y luego así continuarán hasta ese después de todo...

¡Gracias poeta por tu maravillosa existencia!
Me la perdí por andar de loca en mis propias demencias.

Raquel Rueda Bohórquez

11 04 17

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