jueves, 3 de septiembre de 2015

MÍNIMOS RECUERDOS [59]

MÍNIMOS RECUERDOS  [59]

Señor: ¡qué hermoso has despejado mi horizonte!, ¿sabías que camino hacia un bosque donde todo es nieve y rocío, pero no se siente frío?

Retorno a casa, mi casita de tejas rojas y orquídeas que se desgajan, el sinsonte de mami, el toche, un ave inmensa muy azul con plumas blancas en su copete, y tú amor de mis amores, llevándome a correr por entre rocas y cascadas, volando, ¡sólo volando inmensidades!...

Nieve cubre lo mágico de mi tierra, aves de paso juegan a vivir felices, porque todo es alegría y oración, todo son abuelitas fabricando caramelos de colores para los niños, arrinconadas con trocitos de celofán en los dedos y una bufanda para abrigar lo frágil de la vida.

Doña Ermencia cerca de la esquina, mis amigas, recuerdo a Leonor, Martha, Josefina, se escapan nombres, es que nos estamos volviendo viejas y de ellas hace muchos años que no sé nada.

Me gustaba ayudar a desyerbar su jardín, ¡con cuidado mijita!, ¡no me arranques la matica de hierbabuena, me dejas ese que es eneldo y aquél que sirve para el dolor en el pecho!, ¡esa no!, era cilantro, pero bueno, ¡no importa!, esa parece mala hierba y crece donde menos imaginamos, ¡es tan agradecida!

Luego de un poquito de tiempo me invitaba al rincón de los caramelos, una pequeña mesita de madera, y ahí, envolviendo sus ricos dulces y pasando su mano llena como pago por mis cariños, /que pocos fueron, pero ahí estuvieron, me gustaban las abuelitas, me encantaba hablar con ellas y que me contaran su vida, pues cuando somos niños o jóvenes, creemos que jamás nos volveremos viejos. Ahora una historia repite la otra, unos dedos se mueven y otros descansan del ruido de la tarde, para esperar cuando las aves se despiden, y el cielo se llena de encaje que nos permite ver sus estrellas.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, septiembre 3/15











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