miércoles, 28 de agosto de 2013

AHORA [10]

AHORA [10]

Ahora, en que  las luces de la noche son niñas coquetas en el cielo, enmudecida una vez más con ésta tristeza que me vuelve vieja, que se pega a la piel como una garrapata para chupar de a poco mis alegrías pasajeras...

Me ahogo por estar siempre encerrada, parezco ir y venir de  león en su jaula, soy  lora pegada de su oxidada casa, en círculos interminables que no la llevan a ningún sitio, tal congoja me hace gritar, así recuerdo tus labios violeta, y en medio del silencio escucho un grito que se ahogó en tu mirada.

Quisiera que no salieran más lágrimas, pero viene una tras de otra, quisiera siempre reír para olvidar las penas, ¡más no sucede  nada!, soy un foco encendido, una llamarada que de a poco me deslíe, deseando marchar lejos de éste infierno, donde ahora me queman los pies esos pequeños dragones casi invisibles, que desean devorarme viva y acabar con mis penas.

¿Para qué llorar?... Todas las enciclopedias han estado ahí, alguien pretende enseñar sobre el dolor, pero se queda también con sus palabras mezcladas. Es un vino barato sobre mi mesa del que todos tendremos que probar en algún momento.

Un tanto de alcohol quisiera, pero hasta eso se llevan las manos locas, hasta mis borracheras deseadas las toman.

Los sueños parecen de abeja sobre una flor de plástico, entonces de nuevo deseo gritar, me levanto de la silla y sacudo toda la peste que me sigue. ¡Pobres llagas encendidas!, en tanto, los hambrientos se llenan con mi sangre de a poco, inyectan su veneno y me consumen…

¿Ahora qué hago?... No sé hacia donde ir desde que no estás...
Pareciera que la única puerta sin cerrojo fuera la tuya, que el único amor sincero se fue mientras dormía.

Mi niña mariposa ¿qué hago?...

Entre mis letras de cada día busco un consuelo. El asilo de siempre para mí, es a donde pueda estar contigo, pero mi ánimo retorna al ver un ave, tan solo por eso regresa mi deseo de vivir y apago la cerilla, para encender de nuevo mi corazón que empieza a palpitar cual vagón, y arranca sobre una invisible carrilera, en búsqueda de ese nicho tuyo, abrigado y tierno.

Un elíxir para sanar heridas son éstas letras, alivio a tanta huella tuya, a tanto poema que palpita por salir con las mismas palabras retorcidas, parezco enredadera sobre un roble, esperando del sol divino una caricia.

 Elevo al fin la mirada, así lo hacías, para buscar en lo invisible una razón.
Agacho el rostro con pena, al recordar la espada traicionera sobre tus llagas... 

Recuerdo que un crucifijo herido fue tu vida, que tu cuerpo fue una llaga donde se ensañaron muchos, más siempre, de Nazareno tenías brillo en los ojos, y tu dolor fue donado en oración para borrar los pecados de otros.

¡Qué rica!, ¡qué valiosa joya eres madre!

Desde ahora mi Santa preferida, mi ángel que duerme conmigo cada noche y me despierta, con un susurro de brisa, al creer que duermo, más solo ensayo a cerrar los ojos para siempre.

Espérame un poco...¡tan solo un cuarto menguante!...  ¿O será que  en luna llena, si mi ermitaño cambia de casa, estaré contigo por una eternidad en tu palacio grande?


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, agosto 28/13

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