MI ÁRBOL/Finca Virgen del Carmen
Aunque nadie lo crea yo tengo un árbol
sus gigantes ramas cobijan un lago
allí llegan las aves y aun cantan,
allí me abrazo cuando el tiempo lo permite
y lloro sobre su enorme tronco
como una enredadera que roba el amor de su alma.
Él conoce las historias del campesino...
aquí había chavarríes, chivos, vacas, conejos
había cuys de diferentes razas y colores,
los árboles caían a ratos mientras otros se elevaban...
Tengo un árbol donde me cobijo cuando hay espacio...
aquí está un lago que conoce mis pesares
allí he llorado muchas veces,
viendo nacer flores de loto violetas
escucho el canto de las ranas, me embeleso con los grillos.
Ese árbol, tan fuerte, tan airoso que hace lo que le da la gana
él es libre como el viento, aún aferrado...
él nació para el amor, aunque solitario viva
me ama y yo lo amo, bendigo cada segundo su vida
y pido a Dios que mañana que es mi cumpleaños
esté bajo su sombra, con un gran ramo de orquideas.
¡Mi árbol!... la vida, el fuego, la brisa cantora
él es la sombra después del eterno verano
es un cántaro de miel que se cosecha en sus entrañas
donde la pequeña abeja reniega, cuando a él yo me abrazo.
¡Bendiciones mi amado árbol!... aquí estarás mientras yo viva
que nadie compre la pequeña parcela donde habitas
será nuestro asilo mañana, si acaso llegamos a viejos
aunque los pasos se agigantan y nos alcanzan las quejas...
Ahí estaré como tu, sentada en la banca de cemento
de tu madera no harán leña...
de tí mi amor no harán fuego
mientras exista la sombra de mi huella te lo juro
que podrás divisar las montañas
y escucharás en las mañanas todas las carrangas
que desde nuestro pecho salen, brotando de ti ramas nuevas.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 19/12
Aunque nadie lo crea yo tengo un árbol
sus gigantes ramas cobijan un lago
allí llegan las aves y aun cantan,
allí me abrazo cuando el tiempo lo permite
y lloro sobre su enorme tronco
como una enredadera que roba el amor de su alma.
Él conoce las historias del campesino...
aquí había chavarríes, chivos, vacas, conejos
había cuys de diferentes razas y colores,
los árboles caían a ratos mientras otros se elevaban...
Tengo un árbol donde me cobijo cuando hay espacio...
aquí está un lago que conoce mis pesares
allí he llorado muchas veces,
viendo nacer flores de loto violetas
escucho el canto de las ranas, me embeleso con los grillos.
Ese árbol, tan fuerte, tan airoso que hace lo que le da la gana
él es libre como el viento, aún aferrado...
él nació para el amor, aunque solitario viva
me ama y yo lo amo, bendigo cada segundo su vida
y pido a Dios que mañana que es mi cumpleaños
esté bajo su sombra, con un gran ramo de orquideas.
¡Mi árbol!... la vida, el fuego, la brisa cantora
él es la sombra después del eterno verano
es un cántaro de miel que se cosecha en sus entrañas
donde la pequeña abeja reniega, cuando a él yo me abrazo.
¡Bendiciones mi amado árbol!... aquí estarás mientras yo viva
que nadie compre la pequeña parcela donde habitas
será nuestro asilo mañana, si acaso llegamos a viejos
aunque los pasos se agigantan y nos alcanzan las quejas...
Ahí estaré como tu, sentada en la banca de cemento
de tu madera no harán leña...
de tí mi amor no harán fuego
mientras exista la sombra de mi huella te lo juro
que podrás divisar las montañas
y escucharás en las mañanas todas las carrangas
que desde nuestro pecho salen, brotando de ti ramas nuevas.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 19/12
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