DESCUBRIENDO
Descubrí, que aprisa como el ave que busca su nido
el que protege y se torna slencioso ante el peligro,
cambiando de posición cada segundo para despistar
a ese azor que desea robarte la felicidad.
A lo lejos, aprisa te robé cada secreto
lo resguardabas en ese cofre bajo la tierra
las ostras habían abierto,
dentro de ellas estaban sus lágrimas.
No había detallado que sin quererlo hurgué en tu alegría
dejé al descubierto todo lo que amabas...
y como un ave rapaz llegaste a ocupar mi nido
como una fiera, recuperé lo que habías hurtado.
Aquí voy, mi paso es de madre protectora
nadie robará los diamantes de mi alma
ni perforará sobre la roca de nuevo...
Mis pasos son de pequeña ave protectora
que construye su nido sobre la tierra, para confundir
para ahuyentar a ese azor ladrón de sueños
que toma como suyo, lo prohibido...
Pareciera no haber quedado nada...
pero la sombra oscura se diluye con el sol
y aparece de nuevo aquéllo que es nuestro,
lo que los ojos divisan sólo un instante sobre un gran cerro
y desaparece luego, con los besos de la tarde.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 21/12
Descubrí, que aprisa como el ave que busca su nido
el que protege y se torna slencioso ante el peligro,
cambiando de posición cada segundo para despistar
a ese azor que desea robarte la felicidad.
A lo lejos, aprisa te robé cada secreto
lo resguardabas en ese cofre bajo la tierra
las ostras habían abierto,
dentro de ellas estaban sus lágrimas.
No había detallado que sin quererlo hurgué en tu alegría
dejé al descubierto todo lo que amabas...
y como un ave rapaz llegaste a ocupar mi nido
como una fiera, recuperé lo que habías hurtado.
Aquí voy, mi paso es de madre protectora
nadie robará los diamantes de mi alma
ni perforará sobre la roca de nuevo...
Mis pasos son de pequeña ave protectora
que construye su nido sobre la tierra, para confundir
para ahuyentar a ese azor ladrón de sueños
que toma como suyo, lo prohibido...
Pareciera no haber quedado nada...
pero la sombra oscura se diluye con el sol
y aparece de nuevo aquéllo que es nuestro,
lo que los ojos divisan sólo un instante sobre un gran cerro
y desaparece luego, con los besos de la tarde.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, julio 21/12
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