ZAPATOS ROJOS (95)
En aquélla mañana
brillaban en oscas manos conocidas.
¡Tómalos son tuyos!, decía mientras sonreía.
Poco a poco me acerqué,
el corazón en temblorosas ansias
mis ojos de niña inquieta
pronto los quería tomar...
¡Eran tan bellos, tan encantadores!
Como los de una reina de cuento de hadas
su brillo apocaba al miedo y al dolor.
Míralos son tu número,
te daré un dulce de coco si vienes pronto.
Los latidos del corazón se acrecentaron,
conocía sus ásperas manos,
esa voz, ¡una noche oscura recordé...!
¡Esos gemidos de lobo hambriento!
Recordaba el calor quemando tu cuello,
alguien toma una vieja navaja, es su lengua
que te amenaza con herir...
¡Qué bellos zapatos rojos!
No los pude alcanzar,
con rubor lo miré a los ojos
un brillo extraño, endemoniado...
¡Corre!, ¡corre!
¡Que tus pies vuelen,
que tus alas crezcan,
que tus suspiros lleguen
como llegan los besos y caricias
al calor de los brazos de mamá!
¡Ven!... ¡no tengas miedo!
¡Son los zapatos rojos que deseas!
¡Son tu número, eres una tonta!
¡Ya llegaré en la noche a tu cama
y a la fuerza te los colocaré... !
¡Corre! , ¡corre!, /no se quién me lo decía...
¡No te dejes alcanzar, es sólo un viejo,
un zorro viejo y sucio, él ya no está
creo que enfermó de la cabeza,
se internó en un asilo en silencio
y en bolsa negra lo llevaron a enterrar!
SHEILA
Barranquilla, mayo 18/11
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