ROSAS PARA FACUNDO (47)
Mis rosas pálidas adornan un ataúd
desapareces con el verdor que me anima,
las aves prosiguen su canto alegre desde su encino
y las alondras viajeras entonan himnos al amor,
así carroñeros tristes divisan de nuevo desde el aire
con la certeza de que allí hay más de una flor.
Cayeron las dagas del odio
veneno maldito que apoca la belleza de la vida,
mutila brazos y piernas y sella labios...
Niños y viejos cantores, bocas que hablan de Dios,
que levantan la voz de los niños que van tristes
bajo cartones en cualquier esquina...
Soñando con un día mejor
llegará el que también silencie mi voz
que los espinos del camino ni me rocen,
aunque el dolor no me arde tanto,
pues me he acostumbrado.
Sangre esparcida consecuencia de la ambición,
de la ira que no mide consecuencias.
Continuarán los buitres de dos patas
que van con los fusiles del hambre no saciada
y sin pudor ni temor a Dios
asesinan la vida del honrado y matan las palabras,
las santas y fuertes palabras de alguien que no tiene temor
porque él siempre estaba sobre su espalda,
como hiena hambrienta rugía sobre su débil cuello,
pues tenía miedo de su soberbia voz.
Música: ¡te han callado!
Te volvieron ave peregrina,
los buitres se hartaron de inocencia
están de luto y miran desde el cielo
temerosos de otros olores
no de muertos,
sino de los vivos muertos
que asesinan la vida.
Hacen cola por la paga, ¡qué triste suerte...!
No llenarán sus estómagos
pues siempre estarán vacíos,
sus almas no encontrarán reposo
pues nacieron para el mal
de ello se nutren y alimentan...
Sus corazones dejarán de latir pronto,
Dios llegará finalmente,
tomará entre sus brazos a los inocentes,
cambiará el destino de los buenos que llevará consigo.
Nadie corromperá su obra hermosa,
las flores del campo seguirán perfumando
y llegarán al camposanto mis rosas.
Tu suerte es hoy, la mía es la lluvia
que al son de los rayos besa la tierra
para bendecir tanto a los muertos como a los vivos.
SHEILA
Barranquilla, julio 10/11
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