sábado, 30 de julio de 2011

POR MIS HERMANOS DEL JAPÓN (170)


POR MIS HERMANOS DEL JAPÓN (170)
Publicado pors en marzo 20, 2011 en 12:30pm


Rocío del alba sobre mi corazón...
Dios del cielo que me animas sobre desiertos días
que me haces sonreír a pesar de las caídas;
que me alientas, hoy que pierdo el horizonte,
en el silencio lúgubre de mis pesares,
que sangrantes mis ojos 
envían su rocío sobre muertas flores...

¡Dios de amor, tú no tienes la culpa!
La tengo yo, ¡la tienes tú!, la tenemos todos.
Tu paraíso brota fuego desde sus entrañas,
tus mares soberbios me castigan
se repliegan y aterrorizan.

¿Cómo puedo Señor de la vida rogar por mí?
Tu grandeza es absoluta,
nos muestras señales que no queremos ver,
nos conduces por senderos plácidos con tus verdes pastizales,
nos haces sonreír después de tragedias sin nombre.

Arrodillada ante el furor de la naturaleza,
encogida de dolor y humillada ante el ajeno;
ruego por mis hermanos de ojos rasgados que hoy sufren,
suplico porque suceda otro milagro.

Deseo te reconozcan,
eres el poder y la gloria y nunca castigas,
somos  nosotros quienes lo hacemos
pues no te escuchamos ni creemos.

Nos entregaste un planeta pleno de vida y lo destruimos,
nos regalaste las flores del campo que hoy lloran,
las aves del cielo que inocentemente mueren,
se riega por el cielo el furor que envenena y mata.

Calma Señor al hombre en su desvarío...
Veremos ríos vivos correr tras las catástrofes,
nuevos hombres se levantarán,
y el mundo sonreirá de nuevo.

Hoy oramos por ellos,
mañana lo harán por nosotros...
Pero tú mi Dios, nos levantas y fortaleces.
Cada lección ha de ser bien aprendida,
a la fuerza respetaremos tu legado
y renovaremos de a poco,
la estancia hermosa que nos regalaste...

Japón... Dios está contigo...
Nuevos pueblos se levantarán sobre pisos firmes
mientras el hombre aprende la lección y derriba las fronteras.
El mundo es para todos, el alimento igual
el agua es un bien universal,
nadie mirará con odio a su hermano.

Si hay desigualdad, el hombre estará inconforme,
pero la dañada naturaleza nos enseñará a respetar,
nos hará de a poco vernos a los ojos
y comprender al fin que Dios está ahí,
en la mirada de cada ser que habita con nosotros,
camina los mismos pasos con igual destino:

Un sueño pasajero que empieza con la vida
y termina con la muerte del cuerpo,
al espíritu que se eleva hasta sus brazos,
y se pierde en la eternidad de su amor y silencio.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, marzo 20/11


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