MIS VUELOS (49)
¡Se mueve la vida!
Desde mi enmarañado corazón,
cristales de sueños perdidos,
toro salvaje que ya no agita el viento,
parece roca firme en charco de rosas.
Mirada ausente, lejana...
Alma perdida con el canto sonoro
de divinas aves viajeras...
¡Oh! ... rojo amanecer de fuego...
Se ha marchado llevándote contigo.
Amor... dulce amor, desde los valles te siento,
me besas desde las cascadas que rebosan
y se alejan... se funden en un beso con el mar.
Allí están todos...
Almas de viajeros desolados
danzan en caballos de espuma,
se pasean por los altos cerros,
cantan y ríen por nosotros.
Aún escucho sus bravíos gritos,
presagian guerras, tormentas,
cosechas angustiosas...
Penetran los rayos el alma de la roca.
Dolor de espinas incrustadas en sus vientres
mataron lo más amado de la vida,
sus propios hijos no nacidos...
Ven, tesoro mío...
Cabalga a la par de mis sueños,
muertos los troncos y sus ramas
sólo un gemido lastimero hacia la luna
con brazos extendidos
creyendo ser la luz del cocuyo en tu morada.
Escucho un chillido agudo y me entrego...
Entre la neblina de tus ojos lanzas rayos
y en las marañas de tus atrapa sueños
te diviso varonil sobre tu caballo pinto.
Enciendes el fuego apagado
y me acercas al cerro de tu cuerpo
donde la libertad se iza hasta el vértigo
dentro de tus dedos de valiente cazador...
La mirada está en el horizonte
al cobijo de un rojo atardecer
que finalmente me guía y transporta
hacia tu corazón ardiente
que tiene alas de alcatraz.
Levantas vuelo y somos montaña elevada,
nos entrelazamos entre las hojas
y nos perdemos en la nada.
SHEILA
Barranquilla, julio 8/11
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