MATANDO FANTASMAS (54)
Contemplaba el lago de cristal,
se llamaba la Gómez.
Nos encantaba ir hasta allí,
los besos, los arrumacos,
el agua helada, los pecesitos
que llegaban a mis manos
y se alimentaban de mi boca...
Sentí tu mirada negra y brillante,
tus manos, dedos largos y suaves
que tocaban donde quisieran.
Estaba enamorada,
nadie podía ser mejor que tú,
eras joven y hermoso,
y teníamos libertad y sueños.
Un tibio beso se alargaba
mientras nuestros brazos,
en una caricia se entregaban...
No hacía falta más...
Me gustaban más las caricias,
era un todo, el roce de nuestras intimidades,
el mordisco a fruta tierna y delicada,
la lengua que buscaba el néctar,
la cruz de los brazos y tu espada.
Te entregué más que mi vida...
El tiempo era para ti
las sonrisas y miradas,
mis sueños, mis alegrías ...
Nunca aprendí a mirar hacia otro lado,
mi fidelidad era total junto a mi entrega,
como se abandona el sol a las mañanas
y la brisa a nuestra vida.
Desaproveché oportunidades por ti,
no quise ser alguien importante,
lo único que valía era estar a tu lado.
Más tú, a la primera oportunidad
volaste sin importar mis heridas,
el llanto constante y el sentimiento de abandono
creía ser un ave desnuda en el camino.
Me perdí con la noche y la noche era yo misma,
la soledad era el cántaro vacío en mi existencia
¡mi vida eras tú, y te habías ido con ella!...
Tu regreso fue más cruel;
¡ya no me reconocías!, el dinero te llamó,
la ambición fue más importante
que la claridad de nuestro lago compartido...
Hoy eres un doctor, tienes todo lo soñado
un médico viajero con los bolsillos llenos,
yo una pobre imbécil soñadora
que abandonó todos sus ideales por nada
y aún hoy, cree que tu amor fue sincero.
Vuela, vuela alto corazón de fuego...
Cometa que derrites mi alma,
sólo cenizas quedaron,
más se perdieron en el mar azul
y en el lago eterno de mis quimeras.
SHEILA
Barranquilla, julio 12/11
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