LA LOCA [10] L4R (82)
La loca decidió
que se vestiría de gris,
un gris que
no la delatara.
Allí en
medio del verdor del bosque,
con el
beso del azul del cielo
lo
esperaría...
Se preparó
para su último canto,
el más
melodioso que llegara a su oído,
que le
mostrara que Él era un sueño vívido;
el encanto
en el anochecer de sus días.
Agitó sus
alas, vio al
horizonte,
y con su
pensamiento,
que la
adormecía con dulzura
y la
dejaba perderse en sueños
en su
eterna soledad,
inició su
melodía...
Era tan
bella y tan simple a la vez
que otras
aves se acercaron;
quisieron
danzar con ella,
pero la
mirla no quería otra compañía,
deseaba la
soledad de su tiempo,
el que la
mantenía asida fuertemente
aferrada con
sus dedos,
al verdor de
su olivo.
Descansó un
momento...
Limpió sus plumas
nuevamente,
quería verse
hermosa para Él.
Sus cetrinos ojos nunca lo divisarían,
estaba
perdido en su mundo de papel,
y el amor
del ave en su lánguido canto
finalmente
agotada, descansó y durmió...
Una avecilla
de colores que pasaba
solo dijo:
¡pobre ave loca!
¿Cree que
alguien escuchará sus cánticos de amor?
¡Tal vez la
luna escondida en
sus eclipses,
o tal vez el
sol que con sus rayos la ilumina!
Mientras
decía esto…
Alguien la elevó sutilmente,
estampó un
beso en su pico
y voló... voló... y voló…
Raquel Rueda
Bohórquez
Barranquilla,
Junio 11/11
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