domingo, 31 de julio de 2011

GRULLA EN EL ESPEJO (87)

GRULLA EN EL ESPEJO (87)

Hizo una estación,
ésta nunca la había visto
no sabía la razón,
 la observaba  de ese modo,
había espanto en su mirada...

Un gran pico sobre sí misma
grandes ojos grises,
¡un penacho negro y elegante!
un rostro tan blanco
que semejaba la palidez
 de un niño dormido en un estanque.

El penacho de oro sobre  su cabeza 
nunca antes vislumbrado
estaba caído ante  su propio reflejo,
parecía una gran cascada 
perdida y desperdiciada
sobre la larga falda de  su cuello
donde la nívea  aurora extendía sus alas
negras y preciosas.

Nunca antes había visto ese lago
tan claro,
 pero tan ajeno
  tan lejano...

Inalcanzable para su pequeñez
que no entendía el claroscuro de su vida
ni el por qué de su existencia...

Se alejó, no quiso ver más...
¡Se hastió de la grandeza ajena!
Decidió que se alejaría de ahí,
no era el espejo suyo ni de nadie...
Buscaría su eterna  y cristalina fuente
donde se reflejaba igual
al que veía en aquél raro espejo,
el más extraño lago que había visto
era de  cristal...


Estaba pensando en él,
allí lo encontraría.
Sintió que no valía nada,
que había mucha grandeza
donde la brisa esfumaba
el último deseo de su alma,
se volvió a mirar,
 ¡se reflejaba tan extraña!

Quiso darle un beso
que eternizara
 con su pico sus sentires,
pero se perdió en el mismo sueño
en su eterno lago, sin encontrarlo...

Se esfumó entre sus propias lágrimas
y no volvió a reflejar en sus ojazos grises,
la más bella y profunda mirada
que anhelaba,

la de sus negros ojos,
 sus profundos ojos
con el brillo que entregaban las estrellas
y donde se perdieron
 en su profundidad,
sus anhelos,
 tristes  ilusiones
que le confirmaban  nuevamente,
que como su reflejo:
¡ella no era nada!


SHEILA
Barranquilla, junio 1/11



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