EL INGENIERO (189)
Publicado pors en enero 25, 2011 en 10:00pm
Allí, donde brama cual toro herido el mar
y se agiganta amenazador en la oscuridad temprana
con sus endemoniadas olas en mis noches de terror,
y el corazón palpitante de continuo
cual duelo de novia abandonada...
cual duelo de novia abandonada...
Me oculto a escuchar la caracola
arrumada junto a los escombros que rozan mi pequeño hogar
batido por huracanes recios, arrancado una y mil veces,
sembrado nuevamente sin cansancio
con las basuras venidas del mar
y las palmeras que se posan altaneras
cerca al perdido paraíso de mi vida,
donde los arenales bañados de blanca espuma
me susurran al oído muy quedo,
que hoy estará tranquilo y apacible
y podré recostarme sobre mi lecho humedecido,
adornado con los regalos que me envía día a día...
Podré seguir soñando
con los ocelos casi por salir de sus órbitas,
mi gran estómago henchido de parásitos
que engendran vida dentro de mí
con el rostro cada vez más oscuro por el sol radiante,
que besa ardoroso mi tierna piel color a tierra...
¡Allí está!...con el rostro curtido de arrugas,
con sus brazos de gigante enamorado de la luna,
de nuevo levantó mi ánimo caído,
hoy comeremos sin mirarnos a la cara
de lo que el gran pesquero ha desechado...
Devoraremos cada pez extraño y menudo,
como si fuera el último, y de nuevo
plácidamente, creo que hoy también podré dormir
aunque la brisa levante mis livianas tejas por otros abandonadas,
y la lluvia penetre hasta mi almohada suave y verde de palmera
dormiré con otras oraciones aprendidas, junto al beso de mi madre
buena,
que no se cansa de mirar el horizonte, tomada de la mano de mi padre,
con lágrimas en sus ojos, sin saber por qué...
¡Allí está!... el hombre que me llena de alegría,
el ingeniero silencioso
constructor de sueños y moradas bajo el inmenso cielo
traedor de caricias y alimentos.
El gran hombre, curtido de pesares con su alma buena en deterioro
junto al solitario lecho sembrado de escombros,
con sus ojos llenos de amor, en espera de que hoy el mar se porte bien,
y ésta noche también sea placentera
junto al cobijo de los morenos brazos de mi madre,
con sus sonrisas muecas disfrazando alegrías,
y sus grandes ojos negros llenando el mar
con sus angustias pasajeras.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, enero 25/11
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