miércoles, 2 de noviembre de 2011

A UN VARÓN (56)


A UN VARÓN (56)

Quiero decirte  varón hermoso
que  tu piel dorada mis ojos engalanaron
cuando soñar suelen, las violetas de mis labios:
morir ávidas sobre la alameda de tu pecho.

Ataviada con tus brazos de ruiseñor
mirando estrellas que errantes viajan,
un pedido envié con los flamencos:
que tus ojos negros divisaran mi ocaso
aunque nunca estuviera en tus sueños.

Te diré que cuando mi piel candente
codiciaba  tus  primaverales besos,
tristes notas llenan un agradable encino,
mientras mis húmedos ojos se pierden
en la misma estrella que en el atardecer
un tenue rayo de luz regala,
mientras me imagino contigo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 31/11


EL MIRLO (57)

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EL MIRLO (57)

¿Sobre una rama se encontraba
un mirlo negro..., o sería un ruiseñor?

Entonaba versos a su amada
como el mejor declamador.

¡Serás mi reina!... /decía.
Clavada vivirás en mi corazón;
princesa hermosa, serás mis sueños,
por ti canto y suspiro, 
/mientras besaba otra flor.

El mirlo lo trinaba
con sus ojos viendo al firmamento:
¿sabes lucero encendido
que siempre serás mi tormento?

Y contemplaba a la primera estrella 
cuando en el amanecer salía
gigante globo que entre los cerros,
besaba con pasión su encino.

Pero el mirlo de relucientes alas
olvidó que en un gran cedro vivía,
aquélla, a quien tantos trinos daba
cuando le recitaba: ¡que ella sería su vida!

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, octubre 31/11



domingo, 30 de octubre de 2011

HORMIGAS CULONAS L4R (1)


HORMIGAS CULONAS L4R (1)

Cuando las lluvias terminan,
y el  sol candente, sobre los altos cerros pareciera reventar;
tus amores agitados invitan a una hermosa danza,
y allí, añorando tus manjares espero...

Pequeños espejos alientan sobre tu propia imagen
y sales con la ilusión de un gran vuelo de amor
mientras mis pequeñas manos te sorprenden,
entregándote a una paila hirviente
que reposa sobre mi calentador.

Allí, los invitados esperan ante tus olores,
se esparcen como el tinto caliente
y ese inigualable perfume invita
a crujir tu delicioso vientre
sobre bocas hambrientas que te anhelan.

¿Cuántas veces mi hormiga culona
el hambre de los pobres apaciguas?
Todos hemos brindado por ti,
tu magnífica existencia llena de prados verdes
que obreras silenciosas desgajan,
aún mis pétalos rosa cargaron...

En interminable bondad, 
sin confiar en  pesticidas
hoy revientas de nuevo con tus pequeñas alas.

¡Déjame levantar vuelo!... /parecieras anunciar
el zángano espera penetrar su semen por mi vientre
que rebosa de tibios manjares sin vivir,
entregando su existencia efímera por mi amor,
para morir después, sobre  nutridas amapolas
brindando como tumba su perfumado aliento,
no sin antes perpetuar su esencia
como premio, sobre tu cándido jardín.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, octubre 30/11