sábado, 30 de julio de 2011

LA ROSA Y LA ESPIGA (146)


LA ROSA Y LA ESPIGA (146)
Publicado pors en abril 14, 2011 en 9:30pm

Se miraba la rosa en un espejo
que dormía en el cristal de un lago.

Mi nombre es Rosa
símbolo de los enamorados
quienes dieron valor a mi nombre
y me hicieron sentir orgullosa
ante perfumada hermosura.

Aunque tenga espinas hirientes
soy digna y respetada
en jardines bien cuidados...
No acepto compañías
me gusta estar entre las mías,
Rosas bellas que encantan al colibrí
y al mirlo hace cantar sus sinfonías.

En cambio tú...
Maluca espiga respingada:
¿Tú que eres?

Te pisotean,
los pájaros vienen y te llevan en su pico,
te dejan los desechos
sobre simples hojas desgraciadas,
y mueres siendo espiga dorada
sin belleza, sin nada.

Yo siempre bella entre pétalos de seda
soy el hada entre las flores...
Me aman damas sonrojadas,
hombres exquisitos y elegantes,
adorno muranos finos
y hasta en los altares soy privilegiada.

En cambio tú...
¿Qué tienes qué contar?

Ni te siembran con amor
sólo te esparcen por el aire,
y a mí; candorosas manos me cuidan
me prodigan sus favores
y hasta bendiciones recibo 
cuando me colocan sobre tumbas frías.

La espiga aburrida de tanta vanidad le replicó:
No soy rosa, no perfumo,
no brillo con la belleza que tú,
paso casi inadvertida con mis verdes espigas
que mueren doradas con los abrazos del sol...

Más yo, sólo entrego,
bendigo al sembrador,
al hambriento, al rey,
al humilde pastor, al pordiosero.

Si  me cortan, 
mi vida sostiene a muchos,
al buey calma su hambre,
al más insignificante roedor,
al ave canora que me regala su don
le sirvo de paja para su colchón.

¿Qué más le pido a la vida? 
He sido bendecido desde que nací,
y cuando muero,
me entregan  dulces  caricias,
me expando, me hago grande
y en los hornos del infierno tú dirías,
si entrego a la voluntad del hombre lo que soy
despliego mis adorables aromas.

Dulcemente entre sus manos
alivio sus afanes
 y vivo para dar vida,
sin pedir más.

Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, abril 14/11




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