LA ROSA Y LA ESPIGA (146)
Publicado pors en
abril 14, 2011 en 9:30pm
Se miraba
la rosa en un espejo
que dormía en el cristal de un lago.
Mi nombre
es Rosa
símbolo de
los enamorados
quienes dieron valor a mi nombre
y me
hicieron sentir orgullosa
ante perfumada hermosura.
Aunque tenga
espinas hirientes
soy digna y respetada
en jardines
bien cuidados...
No acepto
compañías
me
gusta estar entre las mías,
Rosas
bellas que encantan al colibrí
y al mirlo hace cantar sus sinfonías.
En cambio
tú...
Maluca espiga
respingada:
¿Tú que
eres?
Te
pisotean,
los pájaros
vienen y te llevan en su pico,
te dejan los desechos
sobre simples hojas desgraciadas,
y mueres siendo espiga dorada
sin belleza, sin nada.
Yo siempre
bella entre pétalos de seda
soy el
hada entre las flores...
Me aman
damas sonrojadas,
hombres
exquisitos y elegantes,
adorno muranos finos
y hasta
en los altares soy privilegiada.
En cambio
tú...
¿Qué
tienes qué contar?
Ni te
siembran con amor
sólo te
esparcen por el aire,
y a mí; candorosas
manos me cuidan
me prodigan
sus favores
y hasta
bendiciones recibo
cuando me colocan sobre tumbas frías.
La espiga
aburrida de tanta vanidad le replicó:
No soy
rosa, no perfumo,
no brillo
con la belleza que tú,
paso casi
inadvertida con mis verdes espigas
que mueren
doradas con los abrazos del sol...
Más yo, sólo entrego,
bendigo al sembrador,
al hambriento, al rey,
al
humilde pastor, al pordiosero.
Si me cortan,
mi vida sostiene a muchos,
al buey calma su hambre,
al más
insignificante roedor,
al ave
canora que me regala su don
le sirvo de paja para su colchón.
¿Qué más
le pido a la vida?
He sido
bendecido desde que nací,
y cuando
muero,
me entregan
dulces caricias,
me
expando, me hago
grande
y en los hornos
del infierno tú dirías,
si entrego a la voluntad del hombre lo que soy
despliego mis
adorables aromas.
Dulcemente entre
sus manos
alivio sus afanes
y vivo
para dar vida,
sin
pedir más.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla,
abril 14/11
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