Entre los suplicios que he vivido;
el mayor fue ver partir a mi rosa galana,
la cabrita que atetó a tantos chivos
y de blanco vistió cierta mañana.
Puedo decir que nada tengo,
pues suyo era el amor que me bastaba
y entre versos dejó mudos sentimientos
como las olas que van y vienen de la nada.
A propósito del tiempo, a ti recurro
mi rosa blanca perfumada...
Tanta falta me haces, que no duermo,
y desfallezco por tu amor,
mi reina amada.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 6/13
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