sábado, 30 de julio de 2011

RUEDAS (153)


RUEDAS (153)
Publicado pors en abril 11, 2011 en 11:30am

Mi vida aferrada a colores grises
sin confiar en Dios
ni encontrar motivos para creer en Él.


¡Cuánto deseo correr!
 ¡Brincar, elevarme al cerro más alto,
tocar las nubes con mis manos!

 ¿Qué motivos tengo?
Sí,  me dicen:
¡Estás vivo!  
Ese es ya un motivo
pero no lo siento así.

Aprisionado vivo mil días sin el abrigo de un amor
que me permita sentir que no estoy muerto,
que sólo espero el fin de mis momentos.

¡Deseo tener un cuerpo entero de mujer abrazado al mío!
Danzar, danzar con ella estremecido de pies a cabeza.

Cómo Dios si existes
ir con ella en bicicleta,
¿tan sólo eso?

Perderme en un exquisito valle y amarla,
desaparecer entre sus besos
arropado de su piel perfumada
y envuelto en su mirada.

¿Por qué no tengo motivos para creer en Dios?
Hoy me levanté tímido,
triste, herido...

Hago mis labores por inercia
y consecuencia del destino.

Simplemente lo encendí,
estabas de nuevo ahí
viendo mis fotografías,
diste al fin el anhelado clic,
 te acepté...

Me miraste con tus ojos azules,
creí ver en ellos el cielo,
no preguntaste nada;
en silencio, sólo observabas,
cuando al fin
un tímido movimiento de tus labios
una sonrisa leve...
Vi tus ojos humedecidos,
¿cómo olvidar tus palabras?

Dios está ahí amigo, contigo...
Lo he visto en el gris de tu magnífica mirada,
lo encontré en tus labios.

¿Podrías amarme?...
Respondí, ¿tú me amarías?
Un sí como respuesta bastó...

Empecé a creer,
a sentir vértigo, a soñar...

Hoy el cielo lo vi con resplandores 
 nunca antes vistos,
el suave  canto de una tímida avecilla en mi ventana
me pareció el más bello regalo.

Sí...  ¡hoy sí!...
A partir de hoy creo
¡te lo juro amiga!

Metálicos pájaros volaron,
enardecidos mis sentidos
sólo rojos, azules, dorados
fueron los sueños que se crecieron
junto a mis alas.

¡Casi toco una estrella por ti!
¡Sentí que mi vida tenía sentido!
Ni angustia ni dolor...
La tristeza se esfumó como por arte de magia
realizada por ese mago tuyo que ahora me miraba
aunque siempre estuvo a mi lado.

Necio, no lo veía...
Ni el momento mágico en que te envió a mí.

¡Ahí estabas!
Esbelta, bella...
Tus ojos azul brillante,
tu espléndida sonrisa inimaginable para mí.

Tú perla fina, sin confusión, feliz,
colores escarlata en tu rostro,
esmeralda nacida en gigantes cerros bañados de luna,
un gran beso me perdió en tus delicias
reina de mis anhelados sueños.

Y comprendí al fin,
que Él estaba y continuaría en mi corazón.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, abril 11/11




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