domingo, 31 de julio de 2011

MAR (97)

MAR (97)

Las nubes me impresionan

colgadas en el cielo y sostenidas mágicamente

entrelazadas con los naranjas, los violetas, los azules.


Venían grises divulgando tal belleza,

más el sol rojizo y tímido

como un gran ojo desde el cielo

entregaba rayos de luz,

que se besaban dulcemente

con los empedrados rústicos,

donde el cangrejo ermitaño jugaba

y corría con su casa, disfrazado de caracol.


Me senté de nuevo a observar,

un gran vacío sobre mi vida era constante,

no entendía la razón de mi tristeza 

aunque la brisa mecía suavemente

plateadas canas,

aunque mis ojos con gafas nuevas

vislumbraban otro atardecer,

éste lo sentía melancólico.


No me motivaron los viajeros

ni el alcatraz que en veloz carrera

dibujaba una flecha en el horizonte...

Algo decía que más allá lo encontraría

pero no en éstas olas, venían vacías,

ya no había consuelo para mí.



Repetidas una y otra vez con un azul brillante

se multiplicaban en la inmensidad.

Contemplaba el mismo vaivén,

iguales llegadas sin saber a dónde ir,

nuevamente regresaban sobre sus pasos,

el mismo sonido ensordecedor

como el respiro de un depredador sobre tu cuello.



Casi que desvanecida

una lágrima rodó, nadie la pudo ver,

el sol se ocultaba,

el rojo intenso desapareció;

se tiñó el cielo de grises,

regresó sobre sus pasos.


Ya no hay regreso

he perdido mi espacio soñador

me quedaré aquí hoy,

nadie me juzgará por amar

ni verá mi desconsuelo.


Se han marchado mis amores

y como las olas eternamente repetidas,

llegarán a un sitio sin retorno

mientras me quedo aquí nuevamente

sentada en el mismo rígido sillón

con la soledad y tristezas de siempre

y las olas que llegan a una oscura playa

sin tener más espacio,

el mismo sonajero de siempre

sobre un lecho de basura

y una lágrima de mujer.



Raquel Rueda Bohórquez 
Barranquilla, mayo 15/11

No hay comentarios:

Publicar un comentario