LAS CABRITAS DE VIRGINIA (188)
Publicado pors en febrero 10, 2011 en 2:00am
¡Allá viene Virginia con sus cabritas saltarinas!
Corren veloces por la plaza,
¡alegres brincan rebosantes de alegría!.
Saltan cabritos de a pares
con sus hermosas y gigantes madres,
chorreando leche de sus largas tetas...
Espumas blancas y olorosas
babean cabritos entre sonrisas y quejas,
balan alegres aligerando el paso,
felices sin reparar en su destino.
Virginia tiene grandes brazos rosados
y fuertes piernas,
corre más veloz que sus gacelas...
Las regaña como a sus hijas,
las besa como a sus nietas,
mientras las lleva amorosa
a pastear por la plazuela.
¡Viene Virginia!...
Gritan los niños al salir de los colegios...
Hoy las llevó cerquita al río, el gran Suárez
escondido entre los enormes pliegues
del imponente Chicamocha,
adornado de espinos y enormes cactus...
¡Suenan los cascos sobre gigantes piedras!
¡Beben el alma de la tarde!
¡Besan el sol con sus balidos!
Lamen espinos con sus lenguas
mientras los machos jóvenes
tratan de brincar a las pequeñas...
Bajan veloces,
pues Virginia corre cuesta abajo
como veloz gacela.
¡Ahí viene Virginia! ...
Sola recorre la plazuela,
un edicto estúpido robó su alma
entre quejas y reclamos inhumanos...
¡Suenan los tiples y guitarras por una gran fiesta!
¡Hierven sus niños en el asadero!
Tañen campanas en la tarde...
La muertica dicen que lloraba día y noche...
Largos quejidos en su rancho,
casi cerca de la montaña,
molestaba a los caciques de corbata
que odiaban el olor de su pesebrera
pues se creían mejores que la dama...
¡Dicen que balaba cual sus cabras,
que arrullaba a sus niñas consentidas
mientras soñaba que se perdía con ellas,
entre el gran verdor de su infancia montaraz
sobre las grandes peñas del Chicamocha,
correteándolas y cantando,
al compás del chirlovirlo y el sinsonte.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranuilla, febrero 10/11
Hoy mi primo Raúl que vive en Zapatoca me contó que la
señora Virginia aún vive, está muy anciana y está en la misma casa dónde
vivía con sus cabritas. Me recordó que era descendiente de Antonio Galán, un
líder Colombiano, que cuando la querían sacar de su casa, colocó un aviso
grande que decía: "SE VENDE ÉSTA CASA", y cuando fueron a comprarla
dijo que valía 500 millones de pesos, pero que sólo se la vendía al señor
Alcalde de Zapatoca, pues él era el único que la quería sacar de ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario