CARITAS Y OJITOS (96)
Caritas estaba a un lado del corredor, su rostro de luna morena y sus ojos negros, aún conservaban el brillo encantador de una niña de 7 años, su mamá muy joven se veía muy triste, llegó el turno para ella quien se levantó casi corriendo, pero sus fuerzas no le permitieron sino dar unos pequeños saltos pues su mamá la tomó en sus brazos y siguió el camino que ya todos sabíamos que nos esperaba.
Desnuda se posa ante la gran máquina, sólo unos minutos bastan que parecían eternos, el rayo de luz penetrando ahí con un calor que derrite los tejidos y te hacen ampollar el alma. Salió de nuevo en brazos de su joven madre quien se refugió en el mismo sitio, a la espera de que la palidez de su pequeña cambiara un poco de tono.
Así, la fila era interminable, ya casi me tocaba a mí; después, seguía la jovencita que el día anterior balbuceaba que ya Dios la había mirado y que iba a vivir muchos años más, ¡ tenía una seguridad y un brillo en sus inocentes y juveniles ojos! Hoy vino su novio parecía más pálido que ella y la llevó sostenida sobre su hombro, su color no era amarillo, era un naranja suave, sus ojos muy verdes no habían perdido el resplandor, pero su angustia se vio reflejada cuando gritaron su nombre; !Andrea, tu turno!, la chica siguió con su estómago gigante como embarazada de un bebé que nunca llegó a sus brazos, ya el tiempo era poco y las llagas eran muchas, hoy la recuerdo con un poco de nostalgia pues era quien más me miraba con angustia el primer día que llegué. Sigue usted señora..., tranquila es suave, no pasará nada , Dios está contigo... - pasó su fría mano sobre la mía y con una lágrima seguí mi angustiado camino hacia el gigante de rayos rojos...
Hoy es otro día, un nuevo y maravilloso día con un dolor enorme en mi cabeza, miré para todos lados, todos estaban ahí ocupando los mismos sitios, esperando los turnos impacientes, tenían dibujada una sonrisa melancólica, la busqué... "no estaba"; el anciano que estaba a mi lado, me tomó la mano y me dijo: - se fue... Andrea no regresa más, y quedó en silencio como si presintiera que el próximo sería él o tal vez la vecina que lo miraba enternecida, o aquélla niña de ojitos morenos que adornaba su cabecita de cabellos cuscús ya desaparecidos, con un hermoso gorro de lana rojo que nunca he olvidado.
Hoy se repite la historia, se quedaron preparados los sombreros de colores, ¡mira qué bello éste! , te ves preciosa con él, nunca los usé; pero desaparecieron como por arte de magia de mi closet, alguien los necesitó más que yo... jajaja! ni me importa...
Trataré de sonreír de nuevo, ojitos me miró y una sonrisa alentadora y nueva me dice que aún sigue en la fila y que no me llamarán por ahora, he de esperar un poco más, mañana veré, mientras sigo dejando mis cosas por aquí, la larga fila se acortará despacio, que siga primero quien llegó temprano y ceder mi espacio a quien esté más pálido que yo...
Quien llegó primero ayer, ya no está, deseo seguir siendo la última de la fila, pero también que los encuentre a todos aquí, no importa las llagas ni los cabellos sobre la almohada, ni los labios resecos, quiero verlos a todos, ya los quiero y están siguiendo la misma ruta, los mismos sueños y los mismos deseos , ¡queremos vivir un poco más!.
Quien llegó primero ayer, ya no está, deseo seguir siendo la última de la fila, pero también que los encuentre a todos aquí, no importa las llagas ni los cabellos sobre la almohada, ni los labios resecos, quiero verlos a todos, ya los quiero y están siguiendo la misma ruta, los mismos sueños y los mismos deseos , ¡queremos vivir un poco más!.
¡Su turno señora!
SHEILA
Barranquilla mayo 16/11
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